HARRY HARRRISON
BILL, HÉROE GALÁCTICO

¡Calen las bayonetas de los fusiles atómicos!
¡Preparen los trabucos de rayos! ¡Muerte a los chíngers!

Cuitas y tribulaciones de un mostrenco interplanetario

Bill, un chicarrón de campo tan imponente como inofensivo, contemplaba embobado un desfile militar... sin saber que se había puesto en el punto de mira del Sargento Reclutador Escalofrío, que sentía ya el peso de la prima de reclutamiento en el bolsillo. No fue un principio muy halagüeño, pero Bill se hizo a la vida castrense, medró en el ejército y llegó a ser un héroe. Esta es su historia.

Bill, héroe galáctico es una novela mítica en la historia de la ciencia ficción. Publicada originalmente por entregas en las revistas New Worlds y Galaxy en 1965 como parodia de las novelas de legiones y tropas espaciales, del Trántor asimoviano y de todos los tópicos del género que se le pusieron por delante, marcó un punto de inflexión en la carrera de Harry Harrison y acabó convertida en referente de la ciencia ficción humorística. Medio siglo después sigue siendo pura dinamita.

«Simplemente, el libro de ciencia ficción más divertido que se haya escrito jamás.»

Terry Pratchett


EL AUTOR

Harry Harrison nació en Stamford (Connecticut, EE. UU.) en 1925 y se crio en Nueva York; a los 18 años fue reclutado para la Segunda Guerra Mundial. Viajero impenitente, vivió en México, Dinamarca, Inglaterra y California, hasta que en 1975 estableció su residencia en Irlanda. Se casó en 1954 y tiene dos hijos. Fue un fan muy activo desde la adolescencia y entró en el mundo editorial como dibujante, colaborando con Wallace Wood para EC Comics e ilustrando relatos para Galaxy y otras revistas de la época.

Publicó su primer relato de la mano de Damon Knight en 1951, y ya desde México, en 1957, estableció contacto con John W. Campbell. Pasó a convertirse en uno de sus colaboradores habituales y, pese a evidentes discrepancias ideológicas, su defensor más acérrimo. El mundo de la muerte (1960), y muy en particular la serie humorística ‘La rata de acero inoxidable’, cuyo primer volumen se recopiló en 1961, lo consagraron rápidamente como uno de los autores más queridos del momento. Bill, héroe galáctico (1965), ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! (1966), The Technicolor Time Machine (1967), A Transatlantic Tunnel, Hurrah! (1972) y Star Smashers of the Galaxy Rangers (1973) son algunos puntales de un obra tan polifacética como seductora.

¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! fue llevada al cine en 1973 con el título de Cuando el destino nos alcance (Soylent Green) y, junto con Bill, héroe galáctico, considerada una obra maestra de la ciencia ficción humorística, es su novela más conocida.

Desde finales de la década de 1960 emprendió también una fecunda labor como antologista para el mercado británico. Se convirtió, con Brian W. Aldiss, en una de las voces críticas más activas del Reino Unido, y elaboraron conjuntamente una de las primeras recopilaciones de lo mejor del año: ‘Best SF’. Asimismo, su serie Nova, de relatos originales, fue una de las grandes precursoras de ese formato.

Más información sobre el autor


PRESENTACIÓN

«¡El soylent green esta hecho con...!»

Cualquier aficionado a la ciencia ficción (e incluso muchos que no tanto) será capaz de completar la frase anterior. Un grupo algo más reducido conocerá la novela de la que surge y no la identificará sólo por la película. Y unos cuantos lectores estarán familiarizados con una parte más extensa de la obra de Harry Harrison, el autor de cuya pluma salió ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, una de las visiones del futuro más escalofriantes y posiblemente certeras (tiempo al tiempo) que ha dado el género.

«¡Muerte a los chíngers!»

¿Cómo? ¿Que no te suena esta frase? Entonces, amable lector, perteneces a una de las dos primeras categorías antes mencionadas y te estás perdiendo algo importante. Arreglémoslo.

Harrison destaca principalmente por sus obras de ciencia ficción satírica, y dentro de ellas, es probable que la más afamada sea la del galácticamente heroico Bill, que tienes en tus manos. Desde su primera edición en 1965 (precisamente el año en que los Estados Unidos entraron en guerra con Vietnam) se convirtió en una novela de lectura obligada del subgénero de la ciencia ficción bélica, y quizá la más importante hasta la llegada de Haldeman y La guerra interminable. Sí, claro, se podría hablar de Heinlein y su Tropas del espacio, pero Bill, héroe galáctico tiene algo que no tiene la otra; algo que la hace terriblemente lúcida.

El humor.

Desde luego, no se trata de humor blanco, facilón ni de escatología infantiloide. Hablamos del humor que lleva cargas de profundidad; el que, en cuanto se rasca el barniz, revela una realidad seria, incluso trágica, y por ello resulta mucho más eficaz; el que presenta situaciones absurdas que, en cuanto miramos alrededor, vemos que no son sino las que suceden en el mundo real, de las que tenemos que reírnos porque la alternativa es coger un trabuco de rayos y organizar una masacre; el humor de los Monty Python en La vida de Brian o el de Gila cuando lo fusilaban pero lo fusilaban mal...

El propio Harrison relataba que en una ocasión se le acercó un veterano de Vietnam y le preguntó si era el autor de este libro. Un poco alarmado y sin tenerlas todas consigo, Harrison le confesó que sí. La respuesta del veterano fue: «Es la única novela que retrata el ejército tal como es».

A ese humor nos referimos.

«Bueno, vale ya de cháchara —pensará el impaciente lector—. ¿Es que no vais a espoilear nada?»

La historia es de corte clásico. Bill (el aspirante a Técnico Operario de Fertilizantes llamado Bill) es reclutado en su planeta natal para servir en las tropas del espacio para mayor gloria del Emperador de toda la Galaxia, sistema arriba o abajo. Se nos narra propiamente el periodo de instrucción de Bill (el Recluta llamado Bill) en el campamento León Trotsky, hasta que un buen día lo envían a la acción. Bill (el Operario de Fusibles de Sexta Categoría llamado Bill) emprende numerosas peripecias por toda la Galaxia, en las que Harrison da un repaso a todos los tópicos que en el género han sido, desde las ciudades planeta (esos que gritan «¡Trántor!» ahí al fondo, un mes de servicio de cocinas por listillos; y el que ha dicho «¡Coruscant!», dos meses) hasta las procelosas selvas caliginosas de planetas indómitos al más puro estilo clásico, pasando por batallas espaciales y todo lo demás, sin olvidar el enemigo alienígena perfecto, que Harrison introduce con maestría y dominio del género en los momentos justos. Bill (el..., oh, Un Montón de Cosas con Muchas Mayúsculas llamado Bill) se mete en líos, sale de ellos, se mete en otros mayores y, en general, la fode (no; no es una errata) una y otra vez, pero así es la vida castrense.

Hay muchas anécdotas sobre las que nos podríamos extender: naves que cambian de nombre según la edición para no asustar al público británico; planetas que también, y por el mismo motivo; tacos cuarteleros inventados por Harrison para esquivar la censura y que han acabado formando parte del argot inglés; o que Harrison fue reclutado forzosamente durante la Segunda Guerra Mundial, fue instructor de artillería y recibió una condecoración por su puntería (cualquier parecido de esta etapa de su vida con las aventuras de Bill es simple coinci... Oh; vaya). Son detalles todos ellos interesantes per se, pero en otro contexto. En el que nos ocupa, baste saber que en esta edición se han considerado y resuelto con orden, con sistema, a la manera del Ejército. Al fin y al cabo, no hay tiempo que perder; los chíngers chingean. ¿A qué esperas para reunirte con Bill? ¿O es que estamos en la semana de «Fode a tu Compañero»?

¡Fuego!

Antonio Rivas y Natalia Cervera


Ficha técnica:
Harry Harrison, Bill, héroe galáctico (Bill, the Galactic Hero, 1965)
Gigamesh Breve, núm. 1
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Antonio Rivas
Nihil obstat de Natalia Cervera
Presentación de Antonio Rivas
Ilustración de portada de Estudio Fénix
ISBN 978–84–96208–86–5
P.V.P.: 12,00 €
176 págs.