Paso de fanzine a antología

Antología Artifex número 1. Luis Prado y Julián Díez, rec.

Clausurada la fecunda andadura del fanzine Artifex, Luis G. Prado realiza una nueva pirueta con esta «segunda época», ahora coeditada con Julián Díez, y de la que este Volumen 1 es toda una declaración de principios. Ya no nos encontramos ante un fanzine o una revista, sino ante una «Antología de literatura fantástica». Ahora bien, ¿se corresponden con la realidad unos planteamientos tan ambiciosos? Artifex intentará ofrecernos diez relatos cada seis meses, con un formato nunca visto entre las publicaciones especializadas, portada y maquetación deliberadamente austeras y ausencia total de ilustraciones; justo lo contrario de lo que se estila en estos tiempos de din A4. Sin dejar de ser un fanzine, Artifex intenta ser también un libro, y está por ver si una apuesta de tal naturaleza obtiene el beneplácito del público lector.

En cuanto a los contenidos, este Artifex da un nivel más que digno aunque inevitablemente irregular. Hallamos una adecuada proporción entre autores nuevos y veteranos, entre relatos impecables y mejorables. Tenemos experimentos literarios, como el homenaje a Borges del malogrado Alfredo Benítez (“Soy el que seré” es de lo mejor del jerezano) y la un tanto ardua incursión de Elia Barceló (“La trama”) en su recurrente preocupación por el punto de vista narrativo. Tenemos fantasía «cotidiana», bien con elementos del género de terror (“En territorio ajeno”, de Rodolfo Martínez, ilustra el choque entre dos fuerzas de la naturaleza, con la Semana Negra gijonesa como telón de fondo), bien creando el terror a partir de uno mismo ("Encuentro en el fondo de un estanque", de Félix Palma, relato que hay que releer para disfrutar en su integridad), bien tomando préstamos de la mitología clásica (“Ragnarok en las playas de Ítaca”, de Rafael Marín, tan bien escrito como es habitual en el gaditano pero algo limitado por un desenlace previsible). Existe también un espacio para los jóvenes nuevos valores, tanto desde la temática clásica (“Palabras de silencio”, de Alejandro Vidal, relato de cf pseudomedieval que podría haber aparecido en Nueva Dimensión y que, pese a las carencias propias de un primer relato, demuestra que el autor merece seguir publicando) como desde la cf más actual (“La espera”, de Carlos Pavón, es un híbrido entre el ciberpunk y la disquisición metafísica a lo Egan). Hallamos también dos valores ya establecidos, Daniel Mares (con su reescritura de “Los herederos”, space opera bélico con humanos genéticamente modificados y válido acercamiento a una mentalidad diferente, algo por desgracia poco frecuente en la cf de los noventa) y Eduardo Vaquerizo, con “Una esfera perfecta”, excelente y muy visual relato que se cuenta entre los más originales —y difíciles— de este volumen. Dejo para el final “En las fraguas marcianas”, donde León Arsenal juega con un Marte burroughsiano deliberadamente irreal y construye un relato de corte clásico pero innovador que es desde ya uno de los space opera más satisfactorios y entrañables de la moderna cf española.

Aun hallándose por encima de la media, este nuevo Artifex refleja las contradicciones y tensiones que, tanto para bien como para mal, existen en la actual cf española. Es, pues, un buen resumen, lo consideremos antología o fanzine, del actual estado creativo de un género que, dentro de sus limitaciones, pugna por trascenderse a sí mismo en el campo de las ideas y en el de lo literario, en el de la introspección y el entretenimiento. Buena suerte, pues.

Juanma Santiago