Alternando aciertos y tópicos

Babylon Babies, de Maurice G. Dantec

Mercenarios excombatientes en Bosnia, mafiosos rusos, bandas de motoristas, sectas milenaristas, ingeniería genética, terrorismo internacional... ¿Las noticias de las nueve? No, Babylon babies, la tercera novela de Maurice Dantec. Este escritor francés, antiguo componente de grupos musicales underground, nos presenta un futuro inmediato reconocible en el que las nuevas tecnologías han dado un paso más en su implantación a la vida cotidiana... y quieren dar otro.

El personaje principal es Toorop, un mercenario veterano de todas las guerras del final del siglo que combate ahora para una de las facciones rebeldes de una república ex soviética. Tras la derrota parcial de ésta, recibe un encargo de un jefe mafioso: llevar a Montreal a Marie Zorn, portadora de un nuevo virus creado por ingeniería genética, y vigilarla hasta nueva orden. Una especie de contrabando de armamento moderno, vamos. Ni que decir tiene que nada resulta ser lo que parece, que el arma no es tal, sino algo mucho más complejo (que no revelaré ya que es parte crucial de la trama), y que nuestro héroe (por llamarlo de alguna manera; si en algo resulta efectiva la novela es en mostrarnos a Toorop como un ser contradictorio y, por ello, creíble) se las verá y se las deseará para salir con vida de la situación.

Con todos estos mimbres (y muchos más que dejo para que sean descubiertos por el posible lector), Dantec construye una novela que se lee con interés decreciente y que combina imágenes de mucha fuerza con los peores tópicos de las novelas ciberpunk de encargo. Tras un inicio interesante que recuerda al Reverte de Territorio Comanche, la novela baja de intensidad al trasladar la acción a Montreal y a medida que se acerca el final. Los aires de superioridad con que está escrito el libro y su esfuerzo en mostrar que el escritor forma parte de una élite contracultural formada por gente como Rushkoff, Spinrad o Gibson resultan un lastre excesivo.

Los personajes también muestran una gran disparidad. Como ya he dicho, el principal es el que está mejor construido, posiblemente debido a que ya protagonizó la primera novela de Dantec, La sirène rouge. También el otro personaje central, Marie Zorn, se nos muestra como un personaje trabajado y su esquizofrenia da lugar a algunas de las mejores imágenes del libro. Los secundarios, sin embargo, caen en los tópicos más manidos: el jefe mafioso megalómano y de gustos excéntricos (colecciona misiles), el oficial ruso corrupto, los mercenarios con sus tics y manías, el científico (¿me atreveré a decirlo?) despistado... Comentario aparte merece la traducción, muy efectiva en la mayor parte del texto pero que no resulta creíble en los registros más coloquiales.

Concluyendo, lo que podría haber sido una muestra refrescante de cf no anglosajona acaba siendo poco más que un catálogo de las obsesiones de la contracultura cibernética. Como tal puede resultar interesante, pero su valor como novela es menor.

Óscar Buenafuente