El próximo referente de la fantasía contemporánea

Choque de reyes, de George R.R. Martin

Choque de reyes es la esperada segunda parte de Canción de Hielo y Fuego, serie que está llamada a ser un referente de la literatura de fantasía. En este volumen, George R.R. Martin narra las sangrientas batallas que enfrentan a los pretendientes al trono del finado rey Robert. Nos embarcamos en una descomunal espiral de muerte, orgullo y ansias de poder que no debería defraudar a ningún lector.

Como en cualquier continuación que se precie, Martin utiliza todos los recursos que desplegara en el primer tomo, pero llevados al límite. Amplía el abanico de tramas y la obra adquiere una dimensión más monumental, si cabe.

Uno de los signos distintivos de la saga (y al mismo tiempo uno de sus principales valores) es el multiperspectivismo. Como en Juego de tronos, el narrador nos cuenta los hechos desde la óptica de distintos personajes que se erigen en protagonistas absolutos de cada capítulo. Esta técnica nos lleva a empatizar con todos ellos y nos hace hablar de la existencia de varias novelas cortas dentro de Choque de reyes. Así, Martin presenta personajes y lugares sólo esbozados en Juego de tronos, caso de Stannis, o introduce puntos de vista nuevos, como los de Davos y Theon.

Sin embargo, el ritmo intermitente de los acontecimientos induce a crear la falsa sensación de que apenas ocurren cosas. Nada más lejos de la realidad. En el libro se desarrolla, con gran profundidad y riqueza de matices, una colosal lucha que se extiende más allá de Poniente. En esta lucha resulta fundamental la información, que nos llega en abundancia gracias a la alternancia de puntos de vista, pero también provoca una desfocalización continua: nos enteramos de sucesos trascendentales a través de los comentarios casuales de otros personajes. Como ya hemos apuntado, todo ello nos remite a la misma realidad: una terrible guerra por el poder, que también se refleja en el plano espiritual. Las viejas supersticiones y los antiguos dioses conviven con los nuevos para desplazar las religiones establecidas. El enfrentamiento se traslada a todos los aspectos de la vida.

Martin nos atrapa desde el principio. Hábil conocedor de los mecanismos de tensión, es capaz de dejarnos colgados al final de cada capítulo y pendientes de todos los personajes e hilos narrativos. Introduce, además, continuos giros en la historia. La guerra tiene tantos frentes y combatientes que los explota al máximo para dejar al lector desbordado y descolocado.

Una de las aportaciones más valiosas es su rico mosaico de tipos humanos. De reyes a campesinos, de mercenarios a nobles de baja alcurnia, pasando por prostitutas, siervos o salvajes, Martin pinta un lienzo complejo y completo en el que la arrogancia, la hipocresía y la crueldad son los colores dominantes. Al respecto, en Juego de tronos eran muy significativos los niños príncipes (que ahora ostentan cargos mucho más relevantes) y su peculiar y soberbia interpretación de la vida. El papel de Arya se reduce a proporcionar información sobre el mundo de los vasallos, oprimidos y menospreciados por los poderosos. Sansa despierta a golpes de su mundo ideal de princesas y caballeros. Bran actúa como un vínculo básico con el mundo de las supersticiones. También destacan Theon y su lucha por el reconocimiento, o Catelyn, cuyas acciones se rigen por el amor y una capacidad de sacrificio considerables. Daenerys pierde relevancia, aunque conserva un tremendo potencial.

Por otro lado, el enigmático Muro, con la Guardia de la Noche al frente, es una de las creaciones más notables de la serie. Continúa regalándonos inquietantes sucesos y sigue los patrones más tradicionales de la novela de aventuras. Jon Nieve, en ese sentido, es el único personaje encuadrable en el estereotipo de joven héroe.

Quizá quepa reprocharle a Choque de reyes que, a diferencia del primer tomo, los personajes pierden parte de su personalidad original para caer en una ambigüedad moral común a todos ellos. Todos son devorados paulatinamente por la soberbia y el ansia de poder. La ética se subordina a los intereses personales. Los personajes «positivos» adquieren connotaciones negativas (el caso de Catelyn es muy esclarecedor), mientras que los «negativos» desarrollan características positivas, como Tyrion (quizá el personaje más carismático y elaborado) y Sandor Clegane (que tiene todos los elementos, cara repugnante y malos modales incluidos, para ser un malo prototípico). Empero, todos los personajes resultan fácilmente reconocibles.

Cabe destacar otro aspecto: la existencia de un miedo constante, una sensación continua de peligro que planea sobre todos los personajes, atemorizados por sus enemigos o sus conflictos interiores. Este mecanismo produce una desasosegante sensación de precariedad y angustia, que aumenta la intriga y, por tanto, nuestro interés. Parece que nadie está seguro en la guerra, que todos son poderosos y, al mismo tiempo, llevan las de perder.

La novela brilla con luz propia en el panorama de la fantasía actual. No es una historia de fantasía épica ni heroica, pues no tiene héroes tradicionales ni antihéroes, algo ya manido, sino personajes complejos. Se trata, pues, de una fantasía medieval con reminiscencias históricas, con ambición narrativa y líneas de folletín.

Para proseguir con los hechos en el futuro, Martin deja a unos cuantos personajes en crisis por haber perdido sus orígenes, además de grandes sucesos sin resolver. Se produce una situación de continuidad que, a pesar de todo, entorpece la trama. La novela no está bien rematada, pues parece, sencillamente, que la historia ha sido amputada. A esto contribuye, sin duda, los finales en suspenso de cada capítulo, que podrían cerrar el libro por sí solos.

Choque de reyes es, pues, una novela apasionante y ambiciosa que reproduce con gran fidelidad un mundo terriblemente complejo en el que el orgullo arruina a los hombres y los poderosos protegen sus intereses mientras los pobres malviven. Un mundo, en esencia, muy parecido al nuestro.

Alberto García-Teresa