[24], acumulando notas en viajes dilatados a lo largo de los años, sin que entonces importe si las escenas calzan entre sí o se consigue un cuerpo narrativo sin fisuras. Las obsesiones enfermizas de Stoker, su gusto por las situaciones morbosas o puramente absurdas, sus tabúes personales y sus filias ideológicas e incluso sexuales, sus envidias, encuentran eco en el desorden aparentemente estilizado de sus páginas, porque también el novelista se desdobla, psicoanalizándose sin saberlo o sin proponérselo, preludiando a autores posteriores del fantástico como Lovecraft, Ballard, Moorcock o Dick.
Si Bram Stoker es Jonathan Harker, sin duda también es Drácula, y a través de la sublimación sus represiones liberadas, de sus anhelos catarsizados quizá encontremos una figura en segundo plano, la del mal exterior o interno al ser humano, la criatura escapada del espejo que acecha en la sombra.
RAFAEL MARIN
Notas
[1] Esa es la amenaza que Drácula hace a sus cazadores: "El tiempo está de mi parte"
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[2] Si Lucy y Mina son incapaces de recordar lo que sucede en sus encuentros nocturnos con Dracula, ¿por qué Jonathan, primera víctima, sí deja constancia de ello en su diario taquigráfico? En su sometimiento al vampiro que rompe sus leyes físicas, ¿no estará también él creando una ilusión, igual que Mina cree ver el mar o Lucy camina sonámbula por el acantilado?
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[3] En Londres, es Jonathan quien nuevamente identifica al Conde como un paseante que observa libidinosamente a una muchacha, a la que luego sigue en un carruaje. Es su percepción la que influye a Mina para que lo identifique con el vampiro, aunque él mismo no está seguro:
"Creo que es el Conde, pero se ha vuelto joven. ¡Dios mío, si así fuera! ¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío! ¡Si lo supiera con certeza! ¡Si lo supiera!"
Después de veinte minutos de sueño, el propio Jonathan olvida el suceso.
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[4] Recuérdese el comentario con que Van Helsing cierra la persecución contra Dracula en la película de Francis Ford Coppola: "Nos hemos convertido en los locos de Dios"
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[5] El crítico y especialista Leonard Wolf especula que Mina está embarazada del vampiro y que el periodo de gestación de la criatura híbrida sería entonces de trece meses. Puestos a elucubrar, cuando los personajes cierran la obra con el aparente final feliz, se descubre que el hijo de Mina y Jonathan nació el mismo día en que Quincey Morris murió, un año más tarde: "Su madre alberga, lo sé, la secreta creencia de que parte del espíritu de nuestro valiente amigo ha pasado a él. Sus distintos nombres recuerdan la unión de nuestra pequeña banda, pero en casa lo llamamos Quincey". Harker elude reconocer que su hijo también nació justo un año después de la muerte de Dracula. ¿No podría entonces también haber heredado parte de su espíritu?
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[6] No es difícil imaginar a Bram Stoker como escandalizado contrario de Emmeline Pankhurst y su movimiento sufragista, casi coetáneo con la publicación de su libro.
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[7] Pero Quincey no es un hombre de orden como Seward, Holmwood, Harker o Van Helsing, todos pertenecientes al Viejo Mundo. Quincey, el amigo americano, es quizás demasiado opuesto al conservadurismo victoriano, demasiado moderno. Situado en el polo exactamente contrario de Drácula, es también un extranjero.
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[8] Causa extrañeza que, una vez resuelto el conflicto y eliminado el vampiro, la pareja de recién casados decida regresar a Transylvania seis años más tarde... ¿llevando a su hijito consigo?
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[9] Drácula revela a Harker su deseo de perfeccionarse en el idioma inglés para pasar desapercibido. No quiere que por su acento se le reconozca como extranjero.
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[10] Aunque en las versiones cinematográficas el empalamiento se produce ipso facto, el libro desconcierta cuando Van Helsing propone, una vez descubierta y aparentemente anulada la vampira, ¡regresar al día siguiente!
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[11] Pues, de otro modo, la madre acusaría a Dracula de haber secuestrado al recién nacido, y no al desconocido recién llegado, pues se trataría de un hecho ocurrido varias veces en el pasado.
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[12] Drácula encarnaría entonces al mayor de los extraños, el que hay dentro de uno mismo, el que es capaz de sustituir una personalidad sin que los demás lo adviertan.
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[13] Recuérdese que Stoker se casó con la ex-novia de Oscar Wilde, que cultivó una buena amistad con el polémico genio, y que éste se deshizo en elogios sobre Drácula. Sin embargo, tras el escándalo de la caída de Wilde, Stoker ni siquiera lo menciona en sus memorias.
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[14] Cuando Drácula se emparenta con los voivodas, en ningún momento asume la personalidad de ninguno de ellos. Sí afirma compartir la misma sangre, y habla de que un Drácula se enfrentó a los turcos. A menos que interpretemos que, como Julio César, habla de sí mismo en tercera persona (y lo hace en primera de plural, diciendo siempre "nosotros"), no hay en el texto de Stoker ningún indicativo de que el vampiro sea Vlad el Empalador: podría ser cualquiera de esa estirpe por cuyas venas corre "la sangre de Atila".
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[15] La mezcla de diarios escritos y hablados, notas taquigráficas, recortes de prensa y demás podría hacer pensar que el libro no está escrito por nadie. Sin embargo, es la propia Mina quien parece estar detrás de la configuración definitiva: es ella quien ordena los papeles, quien los trasncribe, quien les da "forma literaria".
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[16] Es sintomático que el episodio de Transylvania sobreviva aislado de su continuación en muchas de las adaptaciones del libro al cine, y todavía más que la versión de John Badham (1979) prescinda de ella, iniciando el relato con el naufragio del Demeter. La magnífica adaptación al comic del genio italiano Guido Crepax inicia también ahí su versión, colocando el diario de Jonathan en el momento adecuado: cuando Lucy y Van Helsing lo leen y, a partir de ahí, aclaran (o creen aclarar) a qué monstruo se enfrentan.
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[17] Bram Stoker, como es sabido, era secretario y representante (¿y lacayo?) del gran actor de su época Henry Irving, y trabajó durante mucho tiempo como administrador del londinense teatro del Liceo.
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[18] No es extraño que la moderna versión de El fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd-Webber termine de forma semejante.
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[19] Resulta cuanto menos chocante, dado el carácter abiertamente transgresor de buena parte del libro, que el final feliz y el estado de beatitud alcanzado por los personajes una vez culminada la historia sea el matrimonio. No sólo Jonathan y Mina viven felices para siempre jamás: también el doctor Seward y Lord Goldaming llegarán a encontrar esposa, poniéndose así a salvo de los peligros de la concupiscencia.
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[20] Stoker, como es sabido, pasó los siete primeros años de su vida postrado en cama.
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[21] Florence Balcombe, considerada una de las mujeres más bellas de su época.
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[22] Es sabido que el matrimonio de Stoker con la ex-novia de Oscar Wilde languideció ostensiblemente.
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[23] Van Helsing habla en acertijos cuando se refiere a sí mismo: la sangre compartida que cimentó su amistad con Seward, la muerte de un hijo que ahora tendría la edad de Arthur y en quien quiere ver un parecido, la sorprendente revelación de que está casado con una mujer loca e inaccesible que le obliga a mantener ante Dios un matrimonio roto.
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[24] Recuérdese el primer capítulo anulado, El invitado de Drácula, escrito también por Jonathan Harker en primera persona pero sin la estructura de diario.
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