|
Éste no es un editorial, sino una carta de despedida. Todo tiene un ciclo; dicen que siete años es una cifra habitual para terminar con una tarea. Yo llevo ya siete años al frente de la revista. Llego hasta aquí con veintiocho números a mis espaldas, el premio Ignotus a la mejor publicación en las últimas tres ediciones, el fandom bastante tranquilo, un apasionante momento editorial con tres revistas profesionales más y rumores de otras... Y éste es el décimo aniversario de la revista, que conmemoramos con un número repleto de buenos relatos. Un momento muy tentador para dejarlo, cuando las obligaciones profesionales se multiplican y quizá se apagó algo el entusiasmo. Por supuesto, antes de tomar la decisión me he asegurado de que la revista quede en buenas manos. Y lo estará: Juanma Santiago, colaborador de Gigamesh desde antes que yo mismo, se pone a los mandos. En cuanto a mí, ya liberado de esta carga de trabajo, espero contribuir ahora más continuadamente con críticas y artículos. Estoy seguro de que el proyecto de una revista de cf y demás géneros fantásticos con la calidad como criterio, se mantendrá más allá de las personas. Y quién sabe, no descarto recuperar fuerzas y, en unos pocos años, volver a la carga. Inevitablemente, me permitiréis que haga un poco de balance. Y es satisfactorio. En especial, estoy muy orgulloso de haber trabajado con el mejor bloque de ensayistas y escritores que haya tenido jamás la ciencia ficción española. Antes de la actual generación ha habido figuras brillantísimas; pienso, como narrador, en Gabriel Bermúdez y, como ensayista, en Emilio Serra, por citar a dos personas que jamás publicaron conmigo en Gigamesh. Pero nunca ha existido, a mi parecer, un grupo compacto de creadores de tanta enjundia y con tanta preparación literaria como los que llenaron la revista en los últimos años. Sois fenomenales, chicos: sois el motor de lo que ha de venir. También quiero agradecer especialmente a Alejo un montón de pequeñas cosas. Es un hecho: hemos tenido fuertes disensiones, y recuerdo haberle presentado mi dimisión al menos en tres oportunidades. Sin embargo, por encima de «sus cosas», las famosas cosas de Alejo, estoy hablando de la persona que está financiando una buena revista por capricho, cuando podría dedicar su dinero a las pequeñas cosas en las que invertimos todos. A su lado he aprendido mucho y he elevado mi propio nivel de exigencia. El balance de trabajar con él es... bueno, simplemente, que estoy seguro de que volveremos a trabajar juntos (ni caso a los rumores de que me marcho por algún conflicto; hay gente que no acepta algo tan simple como que uno no pueda con todo el trabajo que tiene y deje alguno). También me he creado enemigos, como esos que se sorprenden de que ganemos un premio cuando no salimos desde marzo, obviando que se premiaba a las revistas por su trabajo el pasado año, o aquel otro que utiliza los prólogos de libros que no paga él para darnos palos en vez de presentar las novelas. Lo único que puedo decir es que siempre he actuado, bajo mi criterio, buscando lo que me parecía mejor para la cf española: una mayor seriedad literaria y una expansión a un nuevo público lector culto. Inevitablemente, quienes creen que lo mejor sería que ellos mangoneen un grupo pequeñito se han sentido agredidos. Lo lamento, pero aunque me arrepiento de algunas acciones y comportamientos, no tengo nada que reprocharme en el contenido de fondo. El futuro confirmará que el ghetto sirve sólo para que los mediocres se sientan reyes. Porque saldremos del ghetto, amigos. Creo que estamos en el buen camino. Voy a seguir trabajando para ello, ahora quizá un poco más profesionalmente. Y no os preocupéis por los retrasos: están en el camino de solucionarse. Álex Vidal se hace cargo de la producción de las revistas y los libros, lo que garantiza la recuperación del buen ritmo. Julián Díez |