La polémica sobre el canon que mantuvieron Alberto Cairo y Rodolfo Martínez en estas mismas páginas se enriquece con la aportación de César Mallorquí en el artículo que abre este número. Esta polémica pone de manifiesto la necesidad de reflexionar acerca del género fantástico, máxime en unos momentos como los presentes. Vivimos en el siglo XXI, en el mítico futuro de la ciencia ficción que todos hemos leído, un futuro que poco o nada tiene que ver con el descrito por los Asimov, Heinlein o Bradbury y, sin embargo, ya está aquí, nos ha sobrepasado y, de camino, nos ha conducido irremediablemente a una pregunta: ¿por qué la ciencia ficción ha fracasado como herramienta predictiva del futuro? Más aún: ¿era ésa su finalidad? La literatura fantástica (al menos, la publicada en colecciones especializadas) vive un momento interesante en el que sólo le cabe la posibilidad de reformularse o morir, víctima del futuro que no acertó a vislumbrar. Desde su aparición, bajo las direcciones de Alejo y Julián, Gigamesh no ha hecho sino adelantar al lector castellanoparlante las pautas de esa reformulación, los relatos y ensayos que lo ayuden a entender cuáles son las vías por las que el género se adaptará a los nuevos tiempos y continuará siendo una herramienta para conocer el presente e intentar mejorar el futuro.

¿Qué podemos aportar desde Gigamesh a este estado de cosas? Los contenidos de este número os pueden dar una serie de pistas. El ensayo de César Mallorquí recapitula acerca de los títulos necesarios para entender el género, del mismo modo que la sección de Víctor Jiménez incide en la necesidad de reivindicar ciertos clásicos hasta ahora invisibles para el lector medio. El relato de Víctor Conde nos muestra a uno de los jóvenes aspirantes a encabezar un recambio generacional en la cf española que ya está haciéndose esperar desde hace mucho tiempo. Por último, la historia de Neil Gaiman nos habla de las crecientes sinergias entre la narrativa y el mundo del cómic, acaso uno de los filones sin explotar por el género. Son sólo cuatro pistas. En los próximos números os daremos más.

Juanma Santiago