La sección de críticas de este número se abre con un título que ha supuesto un auténtico revulsivo en el género: Futureland. En esta estupenda antología vemos cómo Walter Mosley insufla un soplo de aire fresco al subgénero de las distopías, que parecía un tanto olvidado en los últimos años. Gran parte de la obra de Mosley se adscribe al género policíaco. También podemos encuadrar dentro de ese género la presente entrega de la sección El Desenterrador, con un relato limítrofe con lo fantástico y no obstante reputado como el mejor cuento de misterio de todos los tiempos, y el ensayo de David G. Panadero, que aborda una temática cinematográfica a medio camino entre lo fantástico y lo negro.

Ambos géneros crecieron juntos durante los años de entreguerras y algunos de sus autores los simultanearon. El caso de Fredric Brown es muy sintomático: cuenta en su haber con unos cuarenta títulos de policíaco, pero muy pocos de ellos son conocidos por los aficionados españoles al fantástico. El desconocimiento mutuo ha dado paso a un acercamiento, propiciado por eventos como la Semana Negra de Gijón, gracias a la cual constatamos que los aficionados de ambos géneros compartimos problemas, inquietudes, objetivos y reivindicaciones comunes.

Nuestra lucha es la misma: buscamos el reconocimiento de los géneros como literatura de calidad. ¿Por qué parapetarse, pues, en las fronteras de un ghetto que no lleva a ninguna parte?

Juanma Santiago