La sombra de Philip K. Dick es alargada.

Veintitrés años después de su muerte es uno de los autores más influyentes del ocaso del siglo XX, tanto en el aspecto literario como en los ámbitos cinematográfico y el cotidiano. Todos sabemos a qué nos referimos al tildar algo de dickiano, igual que hay situaciones kafkianas o dantescas. En este mundo inestable y cambiante, las dudas que planteó Dick acerca de la naturaleza de la realidad siguen más vigentes que nunca.

Sin embargo, su peso en colecciones especializadas no parece mayor que hace unos años: es el mundo del mainstream el que ha adoptado y hecho grande a Dick, cuya obra ha ganado predicamento a medida que se populariza el culto a su persona y a su técnica narrativa, mucho más innovadora de lo que se suele creer.

En este Gigamesh seguimos el juego transrealista del último Dick de la manera más consecuente: haciéndolo protagonista de dos relatos y una obra de teatro. También hemos zanjado para siempre la cuestión de cuál es la mejor novela de Dick (si este tipo de afirmaciones tiene algún sentido): os remitimos al hit-parade especial de la página 122.

Juan Carlos Planells es el único de los participantes en este número que colaboró en otro especial Dick: el aparecido en Nueva Dimensión #145 en 1982. Desde entonces, la crítica y la edición especializadas han cambiado mucho, creemos que para mejor. No tiene sentido idealizar un pasado sin el que, cierto es, no estaríamos donde estamos, pero que lleva mucho tiempo superado, tanto por calidad como por actitudes. Lo cual invita al optimismo.

Juanma Santiago