Ediciones Gigamesh apuesta por el género de terror. A la próxima publicación de la serie de Anita Blake, cazavampiros, de Laurell K. Hamilton, cabe añadir la de Sueño del Fevre, de George R. R. Martin. Ambas tienen en común la temática vampírica. El vampiro es el icono sexual más poderoso del género fantástico, por lo que decidimos dedicarle el presente número. No obstante, a medida que avanzábamos en su elaboración, se nos hizo evidente que este Gigamesh requería un enfoque más amplio.

La teoría queer nos proporcionó la perspectiva que necesitábamos. Su aplicación al género fantástico va más allá del mero análisis de obras literarias de temática LGTB (lesbiana, gay, transexual y bisexual): su verdadero objetivo es trascender la dicotomía entre homosexualidad y heterosexualidad y construir un futuro mejor en el que la sexualidad sea un elemento esencial para la construcción de la nueva sociedad futura. Desde esta perspectiva, novelas como Forastero en tierra extraña, de Robert A. Heinlein, pueden considerarse queer.

La adopción de la teoría queer por parte de la CF ha revolucionado el género. Un buen ejemplo de su pujanza es el premio James Tiptree, Jr., que premia obras de fantasía y ciencia ficción que propicien el entendimiento entre los sexos. El excelente relato de Raphael Carter que abre este número fue el ganador en 1998, y es sólo el primero de los contenidos de un número que podemos considerar el dossier sobre sexualidad y género fantástico más serio y riguroso que ha aparecido en revistas especializadas españolas.

En otro orden de cosas, los últimos meses han visto cómo se iban algunos de los nombres importantes del género: Robert Sheckley, Octavia Butler, Stanislaw Lem y Pascual Enguídanos. Pero ninguna de estas pérdidas nos ha afectado tanto como la de Justo Vasco, amigo y colaborador esta casa, y a quien queremos dedicarle el presente número.

Juanma Santiago