La literatura fantástica es un mundo en el que caben todos nuestros sueños. Unos son placenteros; otros, inquietantes. Todos nacen en nuestra mente y responden al deseo de explicar la realidad. Gracias a la fantasía podemos buscarnos y encontrarnos en nuestra propia sombra, viajar a mundos en los que la sexualidad no es tal como la conocemos, morar en utopías igualitarias, viajar de universo en universo a través de las salas de espera de los aeropuertos, inventar países que nunca existieron, ser felices a costa del sufrimiento de una sola persona, y ejercer el poder omnímodo sobre la realidad y los sueños ajenos. Algunos de estos sueños pueden cumplirse, y ese es el sentido último de la fabulación literaria y la creatividad humana: advertirnos de que tenemos el potencial para llevar a cabo cualquier empresa.

La obra de Ursula K. Le Guin (1929) obedece a esta premisa. Las diversas herramientas de análisis de que ha dispuesto a lo largo de su dilatada carrera literaria (psicoanálisis junguiano, taoísmo, anarquismo, antropología) tienen una misma finalidad: definirnos como personas, enfrentarnos a nuestros miedos y formar una humanidad mejor. Para ello, Le Guin ha recurrido al género fantástico, al que defiende del desdén de la crítica tradicional con un arma más que poderosa: su inmenso talento. Ursula es uno de los puntos de referencia del género, al nivel de otros grandes como J. G. Ballard, Philip K. Dick y Stanislaw Lem.

Por ello le dedicamos este número especial y lo centramos en su faceta ensayística, tal vez la más desconocida para el lector de CF en castellano. Es el mejor homenaje a la autora de Los desposeídos, La mano izquierda de la oscuridad y la serie de Terramar, libros que debería conocer todo lector que se precie de serlo.

Juanma Santiago