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¡FIAWOL!
Confirmado: el fandom español es muy pero que muy europeo, y de un culto que no veas. Sólo así se explica que las tres publicaciones señeras en cuanto a ventas, las únicas que según se mire merecen el calificativo de «revistas», deban sus nombres a esos gigantes de la cf continental que fueron y/o son Stanislaw Lem, los hermanos Strugatski y Andrei Tarkovski. Al primero debemos el feliz hallazgo de Gigamesh, ese espurio Finnegan´s Wake del megalómano irlandés Patrick Hannahan. Mérito de la conjunción de los talentos de los segundos y el tercero es el título Stalker, película difícil y elitista donde las haya y que da título a una de las publicaciones más serias y coherentes con que contamos en la actualidad. Y, en fin, Lem y Tarkovski nos ofrecieron las mejores novela y película —respectivamente— de la historia de la cf europea —no anglosajona— de postguerra, esos pedazos de Solaris que, desde ya, prestan su título a la única revista de cf española cuya distribución alcanza los kioscos (en teoría) y cuya tirada se mueve dentro del campo de los cuatro ceros. Un invento que, auspiciado por La Factoría de Ideas de Juan Carlos Poujade y dirigido por León Arsenal, intentará servirnos cada dos meses de «Guía bimestral de literatura fantástica». Muchas reseñas y críticas, artículos introductorios destinados al «gran público», una maquetación correcta, las típicas noticias de literatura y cómic, relatos rigurosamente «de encargo» —“Luz para polillas” de Daniel Mares y “Recursos humanos” de Eduardo Vaquerizo, son muuuy menores— y —el mercado manda— un anticipo bastante infecto de la «precuela» —¡y dale! ¿por qué nadie dice «prólogo» o «preludio»?— de la serie Dune, a cargo del inevitable Kevin J. Anderson y del nene de Frank Herbert... Sin sorprender, Solaris pretende consolidarse como producto destinado a los miles de lectores interesados por el género pero totalmente ajenos al fandom. Desde estas páginas no puedo sino desearles suerte: la van a necesitar. Esto en cuanto a los fanzines y revistas. Con respecto a los libros y similares, empezaremos con la AEFCF. En 1999 editaron dos novedades. La primera, la antología Fabricantes de sueños. Selección 1999, una especie de «Lo mejor de 1998». Sin incluir todos los relatos destacados, se trata un resumen bastante sensato de lo que fue aquel año en cuanto a la producción cienciaficionera patria, a la par que escaparate más o menos fiable de lo (¿mejor?) que editaron las publicaciones colaboradoras. En resumen, una antología «política» en la que aparece “El decimoquinto movimiento” de César Mallorquí (premio Ignotus) junto con otros relatos valiosos (de Armando Boix, Elia Barceló, Félix Palma y Daniel Mares) y cuentos más primerizos como los de M. J. Garrido, David Soriano y Luna García. El resultado, aunque no sea nada del otro jueves, es, en todo caso, digno. Continuamos con el Visiones 1999, de Juan José Aroz, a quien felicito por haber sabido seleccionar relatos muy variados tanto en lo formal como en lo temático. Sin ánimo de retomar viejas polémicas, constataré que: 1) este Visiones resulta mucho menos satisfactorio que los anteriores; 2) para tratarse de autores noveles, el nivel es digno y los resultados, casi esperanzadores; y 3) las nuevas generaciones de autores de cf se fijan unos objetivos realmente ambiciosos, lo cual es sin duda positivo. Destacaré “Apuntes para un experimento” de Alberto Castellón (¿el Martin Gardner patrio?), “Viajero de Ibiris” de Christian Comes (una historia sencilla y emocionante), “El ornitomurio” de David Soriano (inquietante parábola que te deja pensando... y eso ya es bastante) y “Templanza” de Josep Carles Laínez (con un aceptable uso de los diálogos). Lo cual no supone un cheque en blanco: van a tener que dar el callo, porque todos los relatos son mejorables. Por lo menos hay gente nueva y con ganas, algo de lo cual ya empezaba a dudar... ¿El recambio generacional que necesitaba la siempre endogámica cf española? El tiempo dirá. Sin abandonar a Juan José Aroz, reseñaremos la antología Impactos en el Tercer Milenio, nº16 de Espiral CF. Nos hallamos ante un variopinto conjunto de relatos cuyo denominador común es la incidencia del cambio de milenio en nuestra sociedad. Los resultados son bastante irregulares y adolecen de «síndrome del encargo». Puestas así las cosas, destacan las aportaciones de la gente con más oficio, como Daniel Mares (“Pubiscidad”, un cuento con una notable mala leche), Rodolfo Martínez (“El fin del mundo no es un mal lugar para tomar decisiones”, que no cuenta nada pero tiene su aquél), José Miguel Pallarés y Faustino Lobo (“Año Mil 3.0”, curiosa meditación, aunque bastante desaprovechada) y Carlos Castrosín (“Mañana en el próximo milenio no pienses en mí”, que intenta hermanar a Javier Marías con la cf), sin olvidarnos de Juan Antonio Fernández (quien se mueve siempre dentro de lo correcto). El resto, por debajo de lo deseable. Lo mejor de Impactos no es la calidad media, claramente decepcionante, sino la idea de que en España se pueden realizar iniciativas novedosas como esta antología temática. Artifex Serie Minor cerró oficialmente tiempo ha, pero reaparece esporádicamente con títulos como estos Nuevos cuentos de la Nueva Tierra Vaga de Enrique Lázaro, con la intención de completar los cuatro volúmenes de que constará el ciclo. Los relatos aquí ofrecidos no alcanzan el nivel de Cuentos de la Tierra Vaga (número 4 de la colección), excepto tal vez “Buenaventuras y malaventuras de Bihegel, dialéctico ambulante”, el único al que podemos considerar propiamente de Tierra Vaga. El resto inciden en el humor del absurdo propio de Lázaro, en una cierta melancolía al evocar amores perdidos o imposibles y en ciertos homenajes literarios más que esclarecedores (Jarry, Cyrano de Bergerac, Milton, las Mil y Una Noches...). Leemos buenos momentos aislados en “El libro donde las palabras se disuelven” y “Cuando Mambrú se fue a la guerra”. En fin, otra decepción. Aunque ojalá todas las decepciones resultaran así de originales... Entrando en el terreno de la autoedición, nos ha llegado la llamémosle novela Madriz hacia el 2022 de Francisco Bonal García. Publicada por entregas en diversos diarios madrileños de corta tirada, intenta sin éxito recuperar la tradición del folletín, un tanto en la línea cachonda de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza. El punto de partida es simpático: el Imperio Moro ha conquistado la Península Ibérica e impuesto el inglés como lengua oficial. Dos viejecitos se ven envueltos en una serie de aventuras, primero de espionaje, más tarde de terror urbano. Pero Bonal desaprovecha la idea y se deja llevar por el chascarrillo fácil (excepto el gag en que aparecen Felipe González y José María Aznar como sumisos mayordomos del mafioso de turno: realmente malévolo), el guiño literario mal entendido y, en fin, una redacción farragosa y apresurada. Es una pena, porque hacía tiempo que no se publicaba ningún ejemplo de... cómo diría yo... ¿Cf cañí? |