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Un futuro extraño y atractivo Fremder, de Russell Hoban Pocas novelas son capaces de evocar la realidad de un futuro realmente extraño y verosímil. A menudo olvidamos que, si nos trasladaran al porvenir, el mundo que nos encontraríamos sería tan ajeno que no entenderíamos casi nada de lo que nos rodeara, ni siquiera cuestiones tan simples como el lenguaje de la gente, los métodos de transporte o los más elementales usos sociales. Mientras otras novelas recurren a la recreación más o menos actualizada de lo conocido, Fremder rompe una lanza por la sensatez y deja que sea el lector quien ate cabos y descubra —no siempre de una forma completa— el modo en que está construido el futuro que nos plantea. La extrañeza es la primera impresión que causan las páginas iniciales de la novela de Russell Hoban. Fremder Gorn, Primer Navegante en misión de transporte destinado en la nave Hija Sabia, es encontrado a la deriva, en el espacio profundo, flotando sin escafandra ni sistema de soporte vital. Sin embargo, está vivo y nadie se explica porqué. El Hija Sabia ha desaparecido y Fremder no recuerda nada del accidente. La corporación para la que trabaja intentará sonsacarle la información por todos los medios, sometiéndole a tratamiento psiquiátrico, conectándole al cerebro central de la compañía y vigilándole de una forma estrecha e inquietante. Fremder es un ser entrañable, un solitario de espaldas al mundo, un alma apenada que sufre en silencio su incorrecta forma de relacionarse con los demás, su incomprensión, su vida insatisfactoria. Es el hombre más triste y melancólico que ha dado la ciencia ficción de los últimos años. Descrito magistralmente por la poesía de Hoban, se enfrentará a su pasado, a las causas de su soledad y a la recuperación de una dolorosa infancia que lo vincula con unos fallecidos padres ausentes, científicos directamente relacionados con el desarrollo del valioso motor de fluctuación, el dispositivo que permite viajar a las estrellas. El final de la novela es un tanto forzado y desconcertante; parece como si Hoban, incapaz de resolver un argumento tan magno y total, hubiera optado por acabar de la mejor manera posible, precipitadamente, sin atar cabos. Pero lo importante de Fremder no es su final: es el planteamiento y el modo en que llegamos a conocer a su protagonista. Realmente era difícil concluir con éxito una novela tan directamente conectada con el fondo del alma humana y salir bien librado sin caer en excesos metafísicos o peregrinos giros argumentales. Si acabara a la altura, no estáríamos hablando de Fremder como de una novela respetable, sino como de una obra maestra. Lástima que no alcance semejante distinción. Un apunte final: las excelentes referencias musicales de la novela permiten a los melómanos disfrutar de muchos pasajes de la historia con una banda sonora localizable en tiendas. Un raro placer al que los novelistas no nos tienen acostumbrados. Eugenio Sánchez Arrate |