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Sentando las bases del ciclo de las catástrofes sociales
Furia feroz, de J.G. Ballard Si algo preside la carrera literaria de Ballard es la coherencia, la persistencia en ofrecer prácticamente siempre una misma novela, un mismo tema y, pese a ello, decir cosas nuevas y ofrecer perspectivas audaces e innovadoras respecto a nosotros, nuestro mundo y nuestras formas de comportamiento y relaciones sociales. Ballard inició su carrera con el llamado «ciclo de catástrofes naturales», compuesto por El mundo sumergido, El viento de la nada (o Huracán cósmico), La sequía y El mundo de cristal. Lo cierto es que toda su novelística se compone de ciclos a veces de tres, o incluso dos novelas: el ciclo autobiográfico (El imperio del sol y La bondad de las mujeres), el ciclo urbano (Crash, Rascacielos y La isla de cemento), el ciclo irrealista (El día de la creación y Compañía de Sueños Ilimitada)... Fue precisamente tras El día de la creación cuando Ballard publicó una novelita corta, esta Furia feroz, aparecida así en 1988, y que hasta ahora no nos ha llegado en castellano; pasó bastante desapercibida en su momento, probablemente debido a su breve extensión, y también porque muchos no la consideraron ciencia ficción (cruz con la que Ballard ha cargado casi desde el primer día, así como con calificativos despectivos por parte de los sectores más ultraderechistas y conservadores del género). Así, Nichols (1993) y St. James Press (1987) la consideraban como una incursión en el policial o algo perteneciente a la literatura general. Pero de hecho, esta novelita corta es importantísima dentro de la obra del autor británico. Tras ella, Ballard publicó dos novelas, una del ciclo autobiográfico, y Fuga al paraíso, novela francamente mediocre que es mejor olvidar. A continuación, quizá consciente de hallarse ante un ligero impasse, retoma el espíritu de esta Furia feroz y comienza —de hecho, prosigue— uno de sus ciclos más importantes: el de las catástrofes sociales, como me permito calificarlo: Noches de cocaína, Super-Cannes y Milenio negro, tres obras absolutamente impresionantes y cuyo origen, raíz y piedra fundacional están en esta novelita, que pasó desapercibida en su día y que no es sino el prólogo, el borrador, la preparación de lo que vendrá en esas tres novelas. Si en el ciclo de las catástrofes naturales, Ballard presentaba a los elementos (agua, aire, fuego y tierra) empeñados en desplazar al hombre de su contexto natural, en el de las catástrofes sociales presenta algo mucho más terrible: el propio hombre como fuerza aniquiladora de sí mismo, como un colectivo, un cáncer repentino, empeñado en autodestruirse tras volverse irracional en su búsqueda de la perfección. Las cuatro novelas, pues incluyo esta Furia feroz como la primera, nos presentan enclaves urbanos o extraurbanos aparentemente idílicos, perfectos, idea les, poblados por personas exclusivistas, elitistas, multimillonarios, seres en busca de la propia perfección y un mundo mejor. Todo tan aparentemente normal que está más que claro que algo no puede funcionar bien en esa clase de enclave social: en realidad, lo que se incuba es un cáncer que descompone y aniquila el enclave «ideal». Incluso en Milenio negro y Furia feroz, llega a constituir una amenaza para toda la humanidad. Para quien conozca el ciclo, Furia feroz no supone sorpresa alguna: su misterio es perceptible casi desde el arranque. Otra cosa habría sido si la novela nos hubiera llegado en su momento, y no con tantos años y obras de retraso, aunque eso no desmerece la valía de la obra. Aun preparados, pues, para imaginar la problemática que nos presenta Ballard, eso no hace disminuir el interés Furia feroz, que además tiene una conclusión tan estremecedora como toda Milenio negro, obra, por cierto, que casi raya en lo delictivo y que si hubiera venido de la mano de un bestsellero barato estaría en boca de todos. (Inciso: mientras tantos noveleteros presuntamente «escandalosos» son ensalzados por la crítica, cuando en realidad se limitan a escribir obras que buscan el escándalo de la fama efímera, Ballard escribe de manera pausada y razonada obras que sí ofrecen temáticas verdaderamente audaces y escandalosas, esas «novelas de ideas» que reclaman equivocadamente los partidarios de una ciencia ficción que invite a NO pensar.) Así pues, Furia feroz es un (otro) texto revolucionario de Ballard. ¿A qué puede conducir el mesianismo educativo? ¿Debe buscarse la perfección en el modelo educativo? ¿Deben los hijos ser estimulados a obrar en todo por sí mismos y en busca de la perfección desde temprana edad? Esto es tan de ciencia ficción como cualquier texto de Benford o Bujold... sólo que incide en los aspectos sociales, que es lo que preocupa de siempre a Ballard. Por lo demás, un apunte: de la misma manera que para conocer bastante bien la Italia del miracolo de inicios de los sesenta debe recurrirse a la trilogía cinematográfica de la incomunicación de Antonioni, para conocer la Gran Bretaña y parte de la Europa occidental de finales del siglo XX, deberá leerse el ciclo de las catástrofes sociales de Ballard. Juan Carlos Planells
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