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Una visión distinta y poderosa Futureland, de Walter Mosley Una vez más,uno de los títulos más atractivos del año pasado dentro de la ciencia ficción llega desde fuera del género, aunque esta vez envuelta en el sello de cf de una colección de bolsillo general, Punto de Lectura. Sólo cabe felicitarse por la aparición de este fix-up de relatos en nuestro mercado, aunque resulte llamativo que lo haga directamente en formato humilde, como si los propios editores no confiaran en ella. Algo llamativo, teniendo en cuenta que Mosley es un autor con media docena de novelas ya publicadas en castellano en Anagrama, entre ellas alguna de éxito tanto comercial como crítico, casos de El blues de los sueños rotos o El demonio vestido de azul (que fue llevada al cine y es el arranque de una serie detectivesca apreciable). La lectura de Futureland remite de inmediato a una obra bien conocida dentro del género: 334, de Thomas M. Disch. (Cabe decir que mi otra novedad favorita del 2003 fue un Disch, En alas de la canción.) Estamos ante un grupo de relatos situados en un futuro cercano, con personajes que se intercalan y aparecen ocasionalmente en las diferentes narraciones. Aunque, a diferencia de la obra de Disch, que se centraba en aspectos domésticos, los cuentos de Mosley nos ofrecen pinceladas de la gran historia que se desarrolla simultáneamente a la acción. La lucha entre las grandes empresas, los intentos de una de ellas de derivar en una suerte de culto mundial o los devaneos de la alta política convertida en un juego de intereses económicos se desgranan ante el lector como fondo de los retratos de personajes que jugarán roles significativos en esa gran historia: el tullido genial Ptolomy Bent; la primera boxeadora capaz de alcanzar el título mundial de los pesados, Fera Jones, y su padre; o el propietario de MacroCode International y mesías de los nuevos tiempos, el doctor Kismet. El mundo que Mosley perfila a través de estos nueve relatos tal vez tenga una deuda excesivamente estrecha con el que nos rodea hoy; por ello es posible que ésta sea una de esas obras de cf de futuro cercano que llevan impresa una fecha de caducidad desde el punto de vista exclusivamente «de las ideas». Pero ese defecto es igualmente compartido por otros clásicos que aún hoy nos merecen respeto. Todos sobre Zanzíbar es el ejemplo más obvio: trasnochado en lo puntual, continúa vigente en términos más generales. Mosley apela al más venerable de los métodos de creación de la cf, el «si esto sigue así...», para mostrarnos cárceles en las que los derechos civiles han sido totalmente excluidos por la privatización del sistema (un disparate no tan ajeno cuando el sistema penitenciario es ya un negocio en manos privadas en algunos estados de la Unión, con los presidiarios trabajando para pagar su manutención); donde las nuevas enfermedades se desarrollan a medida para atacar diferentes flancos de debilidad humana; donde el trabajo, por explotador que resulte, es la única vía para garantizarse el derecho a acceder a derechos fundamentales convertidos en lujos, como la salud o la vivienda; y donde cuestiones como la racial son problemas de primer orden. Mosley es de raza negra y por ello se acerca a la cuestión con una firmeza infrecuente en la cf, donde los escritores no caucásicos —como Samuel Delany u Octavia Butler— siempre obviaron este tema para deslizarse hacia visiones de mayor escala temporal. No cabe ocultarlo: el enfoque del autor es favorable a los suyos, a quienes retrata como armados del vigor necesario para convertirse en un elemento de renovación de la sociedad. A ese factor de interés debemos sumar un excelente manejo de los mecanismos del cuento largo clásico de ciencia ficción, de las formas consolidadas por Bester, Matheson o Sturgeon —a todos los cuales remite el libro en un momento u otro—, en las que la presentación de los personajes queda indisolublemente unida al conocimiento del entorno en que se desarrolla su peripecia. Resulta muy sorprendente ese regusto a la cf más canónica de dentro del género por un autor exterior, que la enriquece con su buen hacer literario: tal vez todo esto nos explique por qué esa cf tradicional parece aún hoy más presentable al lector externo que la mayor parte de la muy barroca y metarreferencial producción de nuestro tiempo. En suma, un libro de calidad muy por encima de la media, y a un precio formidable para los tiempos que corren. Confiemos en que Blue Light, la novela de cf de Mosley, que obtuvo mejores críticas que este ya valioso volumen en su aparición en EE.UU., vea igualmente la luz en nuestro idioma. Julián Díez
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