Prosa poética e imaginación

Historias de Comarca, de José Luis Rendueles

Mucho me temo que el gijonés José Luis Rendueles (1972) sea conocido como poco más que el desacomplejado faneditor de Parsifal (q.e.p.d.) que, de tanto en tanto, se deja caer por las antologías Visiones con magníficos relatos. Tal vez se ignore que Rendueles va camino de convertirse en toda una celebridad, no ya en el mundo de las letras astures (es el único escritor que ha ganado el premio Asturias Joven en sus dos modalidades, poesía —con Momentos acotados— y narrativa —con estas Historias de Comarca—), sino en el de la poesía española en general (y ahí está su participación en la trascendental antología Diez menos treinta, seleccionada por Luis Antonio de Villena y editada por Pre-Textos).

Y es precisamente esa vertiente poética la que mejor se puede apreciar en estos ocho relatos. El sentido del ritmo y la precisión en el lenguaje nos hablan de un estilo pulcro, depurado, desnudo, más próximo en ocasiones a la poesía de la experiencia que a la simple narración. Una prosa sencilla pero no fácil, desprovista de todo ornato para hablarnos de algo tan complejo como es la descomposición de una forma de vida. Pues, en efecto, esta Comarca crepuscular y agonizante no es sino Asturias, la actual y la pretérita, la Asturias eterna que ve morir sus costumbres, ancestrales y recientes, para perder todas sus señas de identidad.

Una identidad que comienza, en primer lugar, por la tierra. Siempre con sencillez, Rendueles narra ciclos, vidas enteras que transcurren entre la inocencia del agro y la desarraigada existencia urbana. “Como serpiente entre la hierba” narra el ascenso y decadencia de un pueblo, tomando como referencia la llegada del ferrocarril y, en particular, la figura del jefe de estación. “Tributos al sol de mediodía” cubre toda una vida, que arranca de una Asturias profunda que, de haber sido Galicia, tendría mucho de Valle-Inclán, y concluye, inmisericorde, en un asilo. “Manzanas podridas” nos enfenta al cierre de una mina. Esta veta, que contrapone la estéril existencia de un medio rural en extinción con una fértil y pujante urbanización, adquiere su punto culminante en “Esclavos de la tierra”, historia en la que el adulterio es la concreción en clave simbólica de la contraposición antes expuesta.

Existe otra faceta de estas Historias de Comarca, más fantástica, que desarrolla el fin de los mitos de la Asturias telúrica. Con notable sensibilidad, Rendueles recrea la derrota del paganismo ancestral en “De los dioses de Comarca” (uno de los mejores relatos fantásticos del 98) o nos presenta una hermosa leyenda (”El vikingo y la doncella encantada”) o, en fin, nos muestra la agonía de un hombre solitario, acompañado por los espectros tal vez inexistentes de un pasado probable (“Fantasmas y recuerdos”). José Luis Rendueles ha creado un libro hermoso y triste acerca de una tierra que se muere, huérfana de descendencia, de unos dioses cuyo ocaso nadie lamentará, de una región en declive sin apenas esperanzas de redención. Un bello poema en prosa, en suma.

Juanma Santiago