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La Guardia Fénix, de Steven Brust

La Guardia Fénix es el cuarto libro de Steven Brust publicado en nuestro país. Si en los anteriores se nos habían contado las andanzas de Vlad Taltos, el wise guy más logrado de la literatura fantástica moderna, en éste se nos traslada al mismo mundo, mil años antes de la acción de Jhereg: intriga en el castillo negro, Yendi: duelo de rufianes y Tekla: revuelta en Adrialanka. Pero mientras que las novelas de Taltos están escritas como un hard boiled en un contexto de fantasía heroica típica (entendiendo típica sin ningún matiz peyorativo), La Guardia Fénix es un claro homenaje a las obras de Dumas, Sabatini y demás clásicos de la novela de aventuras. El mayor acierto de la obra reside en este tono desenfadado, juguetón y ligeramente autoparódico que la distingue de tantas y tantas novelas de temática similar. Porque la trama es prácticamente anecdótica. En una sociedad no-humana (por mucho que el narrador sostenga lo contrario, los humanos son los orientales) y clasista en extremo, Khaavren, un joven de una familia noble venida a menos, se dirige a la capital para alistarse en la guardia del Emperador. Poco antes de llegar a su destino se encuentra con otros jóvenes en circunstancias similares, se alistan juntos y se ven envueltos en una intriga palaciega que puede poner en peligro la estabilidad del Imperio. Cualquier parecido con Los tres mosqueteros no es pura coincidencia. El elemento fantástico tampoco es muy destacado: la longevidad de los personajes, las piedras-destello, el Orbe y poco más. Y sin embargo estamos ante una de las novelas de fantasía más deliciosas de los últimos tiempos.

Sorprende en una edición tan cuidadosa como la de este libro que se escapen detalles tales como el de confundir la casa del protagonista. Pero resulta más sorprendente aún el parecido físico entre escritor y editor (lo siento, Álex, tenía el deber de informar a los lectores).

A Brust se le puede achacar que sus protagonistas son siempre los más guapos, listos y afortunados, pero su dominio del tono consigue que nos olvidemos de ello y los perdonemos. Sus diálogos cargados de humor hacen que el libro se lea sin apenas percibir el paso del tiempo. Las novelas de Brust son un acercamiento marcadamente pop al género. La serie de Taltos es una sucesión de singles fácilmente escuchables, de los que se tararean durante un tiempo y se olvidan, hasta que un nuevo hit del mismo grupo nos hace recordar. Como todo lo pop, se disfruta en el momento de consumirlo. Y como todo lo hecho con oficio y honestidad (música, literatura, cine...), nos dejará siempre el buen sabor de boca de un momento de diversión en nuestras vidas.

Óscar Buenafuente