La vigencia de la distancia corta

La historia de tu vida, de Ted Chiang

Pese a las preferencias de algunos lectores de ciencia ficción por la distancia corta, las colecciones de cuentos siguen sin aproximarse en cantidad de ventas a las novelas, así que no debe extrañarnos la escasa presencia de antologías en los sellos especializados. Bibliópolis, que se caracteriza por realizar apuestas arriesgadas en busca de calidad, ha acertado de lleno con La historia de tu vida, único libro del magnífico Ted Chiang. El norteamericano es una rara avis dentro del género. A pesar de llevar más de diez años publicando, con varios premios importantes en su haber (el Hugo y el Nebula entre ellos), no ha producido más que ocho cuentos; de ahí que toda su obra narrativa esté contenida en esta recopilación. Su prestigio se cimenta principalmente en la calidad de sus escasas creaciones, ya conocida por los lectores de Gigamesh, pues dos de los relatos contenidos en este volumen habían sido publicados previamente en estas páginas.

Entre las señas de identidad de Chiang destacan un lenguaje preciso, que dirige la historia de modo inquebrantable por un sendero prefijado con exactitud matemática, y una sensibilidad exquisita, resaltada por un dato llamativo: su libro preferido del año pasado fue el vendidísimo drama Desde mi cielo, de Alice Sebold. En el otro extremo, sus cuentos supuran un cinismo elegante, no siempre patente en la superficie, pero sí en el contenido. De estilo reposado sin llegar a la morosidad, Chiang es un extraordinario arquitecto de situaciones, está dotado de un uso más que correcto del diálogo y no suele inclinarse por la descripción de escenarios, aunque cuando lo hace, obtiene excelentes resultados.

Es el caso de “La torre de Babilonia”, que utiliza la imagen imborrable de la construcción que le da nombre para adaptar los conceptos espaciales de la física moderna a la concepción antigua del mundo y explicar el carácter circular del universo en clave bíblica. Es evidente que las Sagradas Escrituras apasionan a Chiang, pues vuelve a ellas en “El Infierno es la ausencia de Dios”, en el que desde una lógica cargada de ironía, lleva la visión ortodoxa, y especialmente el primer mandamiento, a sus naturales y espantosas consecuencias. Sin abandonar cierto misticismo, Chiang se traslada de la fantasía al steampunk en “Setenta y dos letras”, un cuento en el que a partir del mito del golem construye un atractivo mundo de ambientación victoriana donde la cábala y la nomenclatura adquieren calidad de ciencia, y en el que la búsqueda del algoritmo reproductor de la especie humana sigue un desarrollo cuasi detectivesco.

Dentro de la excelencia general, destacan dos cuentos que rozan la calidad de obra maestra. “Comprende” contiene un choque de trenes metafísico que recuerda el concepto de “Flores para Algernon”, el clásico de Daniel Keyes. Es el relato de un individuo que evoluciona por medios químicos hacia la totalidad intelectual, punto en el que encuentra a un semejante poseedor de valores éticos contrarios a los suyos. Poderosa en el manejo lingüístico, describe con precisión de cardiocirujano una progresión sin frenos hacia el status divino y el enfrentamiento definitivo. Es una demostración de poderío semántico en la descripción del proceso mental humano lanzado al infinito, plasmado con una contundencia léxica que atenaza al lector y no lo suelta. En “La historia de tu vida”, el escritor se impone a lo narrado, pues a pesar de los agujeros que contiene la lógica interna de la historia (el factor humano sumado a la percepción global del tiempo siempre desembocará en intromisión), logra hacerla no sólo creíble, sino también emotiva. La protagonista es una traductora que al interpretar y asumir el lenguaje de los primeros visitantes extraterrestres cambia su percepción del tiempo y adquiere una conciencia no lineal de éste. Un cuento colosal estilística y conceptualmente.

“¿Te gusta lo que ves? (Documental)” es el único relato creado ex profeso para la antología. Chiang se sirve de un ingenio tecnológico que permite anular la percepción de la belleza para abordar la presunta inmoralidad de su uso discriminatorio en nuestra sociedad. El relato es un juego de declaraciones cruzadas desde las que se aportan los distintos pros y contras, en un ejercicio plural en el que no toma partido. Completan el volumen el ultracorto “La evolución de la ciencia humana”, que podría pasar por una breve continuación de “Comprende”, y “Dividido entre cero”, una fallida invitación a reflexionar sobre la relación entre el macro y el microcosmos humanos, que contrapone un suceso de fría incidencia universal (el descubrimiento de un error que invalida las matemáticas) a otro de importancia individual (el fin de una relación personal).

La imagen final que se obtiene de Ted Chiang tras la lectura de toda su obra narrativa es la de un excelente vendedor de tremenda labia literaria que se mueve estupendamente entre géneros, un creador de construcciones lógicas dirigidas al lector inteligente. Para el lector curioso, el libro incluye un inusual apéndice en el que el autor, a modo de confidencia, explica la concepción original de cada uno de los cuentos. De esta edición española cabe citar tanto la correcta traducción del propio Luis G. Prado, notable si tenemos en cuenta que el lenguaje de Chiang se torna en algunos casos eruditamente preciso, como el número elevado de erratas, algo que nunca es agradable.

Ajeno a la realidad comercial, La historia de tu vida demuestra que el cuento de ciencia ficción sigue inequívocamente vivo.

Santiago L. Moreno