Una buena ocasión de conocer al mejor Vance

Trilogía de Lyonesse, de Jack Vance
El jardín de Suldrun / La perla verde / Madouc

Jack Vance es uno de esos autores que no necesitan presentación. No solamente porque es un veterano octogenario que sigue en la greña (su última novela, Lurulu, acaba de ser publicada en EE.UU.), sino porque siempre escribe la misma historia de aventuras en la que ganan los buenos, lo que le acarrea tanto seguidores como detractores. La trilogía de Lyonesse, como la mayoría de sus novelas más conocidas, estaba descatalogada desde hace un montón de años y, por tanto, era de las más cotizadas en el mercado de segunda mano. En un alarde de visión comercial (o, como dirían ellos, «política de autor»), Gigamesh decidió republicarla, para regocijo de los fans del veterano autor. Y para evitar las críticas, las tres al mismo tiempo, que la gente ya está suficientemente quemada con la espera de Tormenta de espadas

Lyonesse (o sea, El jardín de Suldrun, La perla verde y Madouc) es la historia de una ambición, la del rey Casmir de Lyonesse, para unificar los reinos de las islas Elder bajo su mando, y cómo esta ambición da inicio a una serie de acontecimientos que acaban por transformar el statu quo de las islas y llegan a influir en las rencillas entre los poderosos magos, entes portentosos que en ocasiones se comportan como los auténticos deus ex machina de la historia.

El jardin de Suldrun nos introduce en el escenario de las islas Elder, entre las islas británicas y el golfo de Vizcaya, en una época preartúrica. Allí, los diversos reinos viven enfrentados entre sí y todos con los ska, venidos de lo que hoy es Noruega y antecesores de los vikingos. Pero esta condición de primera novela de una trilogía no significa que se trate de una simple presentación de personajes y escenarios. De hecho, en El jardín de Suldrun se encuentran todos los temas que serán tratados en las novelas posteriores, pero llevados a una conclusión satisfactoria, hasta el punto de que las continuaciones pecan un poco de redundantes.

La perla verde añade ingredientes a la mezcla, aumentando la importancia de la magia en la historia. Las rencillas entre magos se hacen aquí ligeramente más presentes, a pesar de que el elemento que da título a la novela tiene una presencia extrañamente testimonial. De nuevo, las tramas llegan a conclusiones más o menos cerradas, por lo que, en cierto modo, cada uno de los libros de la trilogía pueden leerse de forma individual.

Madouc, escrita con un mayor intervalo de tiempo con su predecesora que La perla verde, resulta un poco un pastiche de las novelas anteriores y, a pesar de ser la más reconocida de las tres (premio World Fantasy 1990), posiblemente sea la menos redonda. No obstante, lleva la trilogía a un cierre que no por previsible deja de ser interesante.

En esta nueva edición, Gigamesh aprovecha la correcta traducción que Carlos Gardini hizo para Nova Fantasía (revisada por él mismo) y nos obsequia con hermosos trípticos tanto en las portadas como en las contraportadas, a cargo de un Corominas en estado de gracia.

Como en todas las novelas de Jack Vance, la trilogía de Lyonesse no es una historia perfectamente estructurada. A veces parece que la trama va desarrollándose de forma orgánica, siguiendo a los personajes en sus peripecias más o menos sin rumbo: las aventuras de Aillas, Dhrun, Glyneth y Shimrod los llevan de un lugar a otro, superando obstáculos que parecen insalvables a veces, triviales otras. El azar manda en sus vidas y la buena suerte de los buenos acaba poniendo las cosas en su sitio.

Vance es uno de esos autores a quienes se ama o se odia: si te gusta, todas sus obras tienen algún elemento que te satisfará. Si no te gusta, nada de lo que te digan te hará cambiar de idea. Sus defectos y sus aciertos están presentes en todas sus novelas, y la trilogía de Lyonesse no es ninguna excepción. Entre los primeros, el maniqueísmo de sus personajes, un cierto descontrol a nivel de trama o su tendencia a precipitar los finales. Entre los segundos, una gran capacidad para la creación y descripción de mundos y sociedades, un buen «oído» para los diálogos y la consistencia como autor, esa voz reconocible en todas sus obras.

De todas maneras, Lyonesse, escrita en medio de un período en el que el autor parecía haber entrado en clara decadencia (por otro lado, confirmada con sus novelas posteriores), es una buena muestra del mejor Vance y una perfecta introducción a este importante autor, con lo que se lava un poco la imagen que de él podían tener quienes lo conociesen solamente por las novelas publicadas por Gigamesh, de lo peorcito de su extensa producción.

Òscar Buenafuente