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El verdadero rostro del ciberpunk Mirrorshades, recopilación de Bruce Sterling Doce años después de su publicación original, llega a España Mirrorshades. Considerando que se trata de una antología de la relevancia que tuvo en su momento y que ha tardado todos estos años en ser publicada aquí, es posible a partir de este hecho realizar algunas extrapolaciones. Para empezar, ¿estamos seguros de que la cf atraviesa un momento tan malo como parece o las circunstancias nos están hurtando el conocer la realidad? A juzgar por esta antología, que pese a su fama permanecía inédita, hay talento ahí fuera. El por qué no lo conocemos sería digno de otro estudio. Pero parece difícil que los autores de relatos como “Stone vive” (Paul di Filippo) o “Zona libre” (John Shirley) no hayan dicho otras muchas cosas dignas de interés. Sin embargo, creo que nos enfrentamos a la primera traducción de Di Filippo al castellano y la segunda de Shirley. Y para seguir, ¿sabemos realmente qué es el ciberpunk? La sensación tras cerrar las páginas de Mirrorshades es que la imagen de este movimiento que hemos tenido es más bien tópica, tal vez de forma intencional. Sí, en este libro hay ordenadores, pero nunca son protagonistas, y no hay ni una sola escena de realidad virtual. Lo que sí encontramos es mucho pesimismo, futuro cercano, tacos, ese batiburrillo multinacional que ya conocemos por William Gibson, drogas y todo tipo de adicciones, sexo y rock and roll. Lo que tenemos son, en resumen, las preocupaciones de la calle trasladadas a la cf; escritores que no tienen su vida ligada a viejos libros de aventuras espaciales sino a un entorno comprensible, joven y actual, que se limitan a extrapolar. Eso, comprensiblemente, puede resultar molesto para quienes quieren una cf cerrada. Porque lo que ofrece Mirrorshades es una cf abierta al mundo de ahí fuera, a las inquietudes de los lectores de entre veinte y cuarenta años, ésos que según se dice ha perdido en buena medida el género en los últimos años... tal vez por no ofrecerle productos como éste. Tampoco voy ahora a afirmar que todos y cada uno de los cuentos presentes en esta antología con la que Bruce Sterling dio carta de naturaleza al movimiento ciberpunk sean buenos. Hay alguno rematadamente tonto, como “Ojos de serpiente”, de Tom Maddox, que parece un manual de lo peor del subgénero: frases rimbombantes, personajes estéticamente atractivos pero vacíos, digresiones continuas para dar sensación hi-tech y un argumento que, reducido a su mínima expresión, no vale nada. Tampoco aporta demasiado “Hasta que nos despierten voces humanas”, de Lewis Shiner, un relato de sirenas a la última (grandes emporios comerciales, entorno exótico et. al.), o “Estrella roja, órbita invernal”, en el que Sterling y Gibson se marcan una vacilada pre-caída del telón de acero bastante prescindible. Pero hay fuerza en otros lugares. “Mozart con gafas de espejo”, de Shiner y Sterling, presenta veladamente un futuro en el que se recurre al viaje en el tiempo para explotar los recursos naturales, sin importar que eso suponga la creación de cursos paralelos del tiempo, y cuenta con imágenes verdaderamente poderosas. En “Solsticio”, James Patrick Kelly detalla el futuro desarrollo industrial de las drogas en el marco de una extraña historia de amor y clonación que culmina en Stonehenge; los ya conocidos “El continuo Gernsback”, de William Gibson, “Petra”, de Greg Bear, y “Rock on”, de Pat Cadigan, son cada uno a su manera ejemplos del poder de la buena literatura fantástica, absolutamente diferentes entre sí (del homenaje a la cf clásica del primero hasta la reflexión sobre la comercialización de la última, pasando por la poderosa fantasía visual de Bear, siempre más certero en formatos breves), pero con la convicción que da el escribir sobre cosas en las que se cree. El volumen es recomendable para todo tipo de lectores, pero especialmente para aquellos que ya creen saber qué es el ciberpunk y lo dieron de lado o para quienes sienten que la cf hace tiempo que no habla de nada que les sea cercano. Julián Díez |