Nazareth Hill, de Ramsey Campbell

No, si no es que la historia esté mal. Los materiales que utiliza Ramsey Campbell para levantar Nazareth Hill están muy trillados (la casa embrujada de horrible pasado, la heroína que ve cosas y a la que todos toman por chiflada, la fobia a las arañas, los sueños premonitorios...), pero el ritmo está bien llevado, los personajes (aunque tirando a maniqueos) son creíbles y tiene un par de situaciones bastante inquietantes. En fin: no sé a santo de qué le dieron a esta novela el International Horror Guild, pero seguro que los aficionados al terror a quienes (como a una servidora) se les haga feliz casi con cualquier novelita del género, pasarán un buen rato leyéndola.

Sólo hay un pequeño «problemilla»: la novela, en ocasiones, no se entiende muy bien. Y no me refiero a que haya lagunas en el argumento, o a que los personajes se comporten de forma extraña en un momento dado, sino a párrafos enteros en los que una tiene la sensación de que se han comido palabras, faltan (o sobran) comas, el verbo que se ha utilizado no es el idóneo... O Campbell escribió Nazareth Hill mientras pensaba en sus cosas, o los responsables de esta edición acometieron su trabajo de forma poco cuidadosa. Sea por una u otra razón (quizá por una mezcla de ambas), yo leí Nazareth Hill con la extraña sensación de hacerlo en un idioma extranjero que no dominase a la perfección.

Ahí van algunos botones de muestra: al principio de la novela, el padre de la protagonista (un individuo muy parecido al Jack Torrance de El resplandor, pero en descafeinado) le dice a ésta: «Tu madre está loca y tú estás muerta», cuando debería haber dicho: «Tu madre está muerta y tú estás loca». Los personajes no se enjugan las lágrimas: se las enjuagan. Algunas de las frases, sencillamente, suenan raras: «Mientras el filtro acumulaba gorgoteos, escrutó por encima de una nube de vaho, creciente y menguante, adherida a la ventana en dirección al árbol, del que tuvo que persuadirse que colgaban ramas rotas, no cuerdas» (página 74).Y, como guinda, cuando una acaba de leerse la novela descubre, en la «Nota sobre el autor», que alguien ha escrito «avalado» con be. ¿No es una lástima?

Adolfina García