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¿Qué es un monstruo? Soy leyenda, de Richard Matheson Sin duda, uno de los aspectos más meritorios del trabajo que viene realizando desde hace 45 años Minotauro en el campo del fantástico (véase una entrevista con su responsable, Paco Porrúa, en el próximo número de la revista) está en la presencia continuada en las librerías de una serie de clásicos del género. Libros que son periódicamente reeditados y que las nuevas generaciones pueden encontrarse siempre disponibles. Uno de esos títulos imprescindibles es Soy leyenda, la breve y demoledora novela de Richard Matheson. Robert Neville es el último superviviente tras una guerra de naturaleza no aclarada. El resto de la humanidad se ha convertido en una especie de vampiros con una sociedad extraña y repulsiva para Neville, pero que en las pocas ocasiones en las que es entrevista resulta eficaz y sensata a su extraña manera. El relato narra el progresivo aislamiento del protagonista, convertido, como advierte el título, en una leyenda, en un atavismo aterrador con costumbres demenciales para los nuevos señores de la Tierra. El lector puede seguir de la mano de Matheson hacia la progresiva aceptación de Neville de su propia rareza y la forma en la que acaba por ceder simbólicamente el testigo de la civilización a esa nueva raza. Porrúa siempre pide para sus novelas lecturas ideológicas, y si hay una obra rica en interpretaciones en este sentido esa es Soy leyenda. La carga de profundidad de Matheson es fácil de resumir en una sola pregunta: ¿Qué es un monstruo? A lo largo de las escasas pero suficientes 180 páginas de la novela, se desliza progresivamente la convicción de que conceptos como normalidad/anormalidad o valores morales como bien/mal no son más que normas sociales, conveniencias adoptadas para una sociedad humana con todas las virtudes y carencias de los seres humano. La sociedad vampírica impone sus propias pautas y es capaz de vivir en armonía con ellas. La resistencia de Neville se torna por momentos patética y llega a perder argumentos. Matheson esboza todos esos temas (como en toda gran novela, sin más que lanzarlos en forma de preguntas implícitas al lector) en el marco de un relato sobrio y modélico. Una novela económica en el plano de la forma, pero suficiente como para mantener el interés del lector en la trama. La soledad de Neville está lejos de ser aburrida, y detalles como el retrato de sus medidas de seguridad invita al lector a compartir la sensación claustrófila del perseguido, reforzando la empatía de la relación protagonista-lector que desembocará en un común naufragio. Obra de acción y obra de reflexión, Soy leyenda es uno de los contados títulos indiscutibles del género. Y, repito, en sólo 180 páginas que hoy ni siquiera merecerían el calificativo de novela. Julián Díez |