Marte está en California

Tiempo de Marte, de Philip K. Dick

A estas alturas, nadie debería sorprenderse de lo que escribía Philip K. Dick. Sin embargo, cada novela suya es una nueva caja de sorpresas. Resulta curioso encontrar tan poca ciencia ficción en Tiempo de Marte, y lo mejor es que no importa demasiado. Sobre un escenario marciano bastante parecido a los presentados por Ray Bradbury o incluso Edgar Rice Burroughs, con sus canales, su civilización marciana decadente y sus colonos medio abandonados, Dick elabora una trama que muy bien podría haberse desarrollado en la California de su tiempo y que, como casi siempre, está salpicada de los temas que le obsesionaban: la fragilidad de la realidad, la enfermedad mental, la condición humana...

Arnie Kott, cacique del Sindicato de Fontaneros, que controla el agua de los canales y, por extensión, casi todo lo demás en la colonia marciana, contrata a un técnico excepcional, Jack Bohlen, para que intente comunicarse con un niño autista, pues sospecha que es capaz de ver el futuro. Hasta aquí parece una típica trama de cf, con la salvedad de que Kott no persigue dominar el Universo sino algo tan prosaico como comprar con ventaja unas tierras donde la ONU piensa construir una nueva colonia. Por medio están los verdaderos marcianos, a los que se denomina «negros» y que son una especie de bosquimanos en peligro de extinción dotados de un excepcional control sobre el tiempo, y una sociedad marciana en la que la esquizofrenia es una de las enfermedades más frecuentes debido a un sistema educativo que inculca unos valores muy diferentes de los que sirven para medrar en la vida (¿les suena?). De hecho, dos de los protagonistas son Jack Bohlen, un esquizofrénico obsesionado con sufrir una recaída, y Manfred Steiner, el niño que se volvió autista cuando su capacidad de ver el futuro lo llevó a contemplar su propia decrepitud y muerte.

Tiempo de Marte es la duodécima novela publicada por Dick, y aparece en Las 100 mejores novelas de ciencia ficción de David Pringle; no así en otras guías similares, quizás porque es una lectura más árida que, por ejemplo, Ubik. Sin embargo, sus abundantes contenidos especulativos a nivel social y psicológico la hacen, a mi entender, una de las más interesantes del autor. Dick reflexiona sobre una sociedad basada en saber hacer dinero y el aislamiento padecido por quienes carecen de esa capacidad. Resulta curiosa la semejanza con una obra mainstream como Confesiones de un artista de mierda, otro cuadro costumbrista de la California suburbana de su época, con personajes como «el idiota genial» y temas como la percepción de la realidad muy típicos de Dick, transplantados a la superficie de un Marte típico de la cf.

En definitiva, una prueba más de que quienes sitúan a Dick entre los mejores (no sólo dentro del género) no andan muy desencaminados.

José Antonio del Valle