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Afortunada recuperación Vampiros, de John Steakley Un libro como Vampiros nunca hubiera aparecido en castellano de no mediar la intervención del director John Carpenter. Gracias a la adaptación cinematográfica de la película, Steakley el autor ha visto su obra publicada en numerosos países a pesar de que a su aparición original pasara inadvertida. Con éste libro, lleno de giros y diálogos, frases coloquiales, dichos y diretes pésimamente, espantosamente traducidos, Steackley se enfrenta a la mirada atenta del lector español que, de no mediar otra edición más cuidada y respetuosa con el texto original, incluso más coherente con el castellano que se supone todos leemos y aprendimos en la escuela, nunca podrá disfrutar del verdadero sabor de la narrativa del autor norteamericano, caracterizado por su ritmo frenético y su estilo coloquial y fresco, lleno de modismos, intenso en su cotidianeidad. Como de costumbre, libro y película se parecen como un huevo a una castaña, y si había virtudes y defectos en el modesto largometraje de Carpenter, asediado por la falta de recursos económicos, en el libro uno encuentra una curiosa y original mezcolanza de personajes entrañables, inmersos en una dinámica sangrienta y a la vez heróica, que consigue arrancar las simpatías del lector. Para aquellos que ni han visto película ni han leído el libro hablamos del argumento: Jack Crow, un hombre honesto y rudo, bebedor y astuto, dirige un grupo cuyo trabajo consiste en exterminar vampiros previo cobro de unos sutanciosos honorarios. Se trata de matones a sueldo, buena gente debido a la naturaleza casi sagrada de su misión, que conviven a diario con la muerte y mantienen un sano ambiente de camaradería y amistad mientras se enfrentan a las huestes del mal, ocultas en casas, pueblos y lugares alejados de las miradas del mundo. Los problemas del equipo de Crow se complicarán con la llegada de un traidor, un servidor del mal que conduce a los exterminadores a una trampa de la que no es posible escapar. Los personajes nadan en ese mar indeterminado de la brutalidad y el miedo que solo la amistad y el aprecio entre compañeros de fatigas permite sobrellevar. Una de las cosas que no comprendeo es porqué no se respetó el titulo original del libro, Vampiro$, en los carteles de la película. La grafía final hacía mención directa a la naturaleza del trabajo de sus protagonistas. Y tampoco comprendemos porqué no se hizo otro tanto con la traducción del libro de Steakley en castellano. Pequeños detalles que nos remiten al poco respeto que el género les merece a los editores y responsables de comericializar el producto en España. Y es que en éste mundo hay muchas clases de vampiros. Algunos hasta publican libros en pésimas condiciones. Eugenio Sánchez Arrate |