EL ÚLTIMO ESCALÓN

El reverberar de Matheson

Si de alguna manera debe empezar esta crítica es mencionando un nombre propio: Richard Matheson. Un nombre que debe resultar no ya familiar, sino de referencia obligada para todo aficionado al género fantástico, ya que ha sido uno de los autores más prolíficos de un género al que ha aportado obras maestras como Soy leyenda, El increíble hombre menguante o esa maravillosa recopilación de relatos de cf que es El tercero a partir del Sol. Por ello, el hecho de que una película llegue bajo la insignia «basada en una novela o relato de Richard Matheson» anuncia algo interesante a priori.

El Último Escalón se encuentra en esta tesitura. Viene además precedida por otra serie de circunstancias especiales. Se ha dicho que es copia, plagio o como mejor quiera definirse de la fenomenal El sexto sentido, de M. Night Shyamalan. Pero mientras esta se desarrolla a partir de un guión propio, El último escalón tiene su origen en la novela A Stir of Echoes del ya mencionado Matheson. No hay que ser un erudito para darse cuenta que El sexto sentido ve en la novela de Matheson algo más que una fuente de inspiración. No obstante, y pese a la analogía citada, El último escalón es muy distinta a la cinta de Shyamalan.

Examinando a fondo El último escalón veremos que no es una película de estilo actual; y ello, en principio, por el uso de una fotografía desgastada, con una tonalidad y unos colores apagados que la encuadran en una estética «años setenta». Es, en este aspecto, deudora Al final de la escalera (The changeling, 1979), de Peter Medak —con la que además guarda varias similitudes en el desarrollo de la trama— lo que explicaría un poco el absurdo título que se le ha dado en nuestro país. La película es fiel al estilo de Matheson y presenta una de las constantes de su obra literaria: la incursión de lo sobrenatural en lo cotidiano, en este caso mostrado a través de la convivencia de una familia, alterada por la irrupción de sucesos extraños que cambian el comportamiento de todos sus integrantes.

La trama no se limita a crear golpes de efecto con los tópicos «sustos», sino que va fraguando una historia de suspense en la que se facilitan al espectador pistas en forma de acontecimientos que, en principio, crean en él la misma incertidumbre que sufre el protagonista, pero que poco a poco van conduciendo a un desenlace lógico, característico de escritores clásicos como M. R. James, E. F. Benson, o Edgar Allan Poe (que fueron una de las fuentes inspiradoras de Matheson, y que tan bien supieron explotar el mundo de los espectros). El último escalón huye de cualquier tipo de efectismo. Es envolvente en su ambientación, cotidiana y a la vez terrorífica, y mantiene las expectativas que ofrece desde un principio a través de un ritmo sosegado, dosificando la información a medida que avanza el metraje y recreando momentos de gran tensión; como los diálogos que el niño efectúa aparentemente solo en la oscuridad, con esa primera secuencia en la que lanza una pregunta al aire, frente a una enorme ventana, en un majestuoso plano contrapicado.

Como curiosidades, El último escalón cuenta con una serie de detalles reconocibles por todos los amantes del género: la escena en que la niñera está leyendo un libro que, no podría ser de otra manera, resulta ser El increíble hombre menguante, del propio Matheson; o una de las películas que ve el niño en televisión, La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero; o ese clímax próximo al final, propio de algunos relatos de Poe. Todo ello para crear un juego en el que al espectador se le invita a reconocer cada guiño u homenaje que aparece en pantalla.

En conclusión, para muchos El último escalón resultará un collage de otros largometrajes ya vistos. La realidad es que muy probablemente sean las otras películas las que hayan explorado previamente el universo de Matheson. Cuando al final de la escalera, en el último escalón, vislumbremos un resplandor y nuestro sexto sentido nos indique una posible solución al enigma, todos sabremos en que dirección mirar.

Luis M. Díaz Martínez

EEUU, 1999. T.O.: Stir of Echoes. Director: David Koepp. Productores: Gavin Polone y Judy Hofflund. Guionista: David Koepp, a partir de la novela de Richard Matheson. Fotografía: Fred Murphy. Música: James Newton Howard. Diseño de producción: Nelson Coates. Intérpretes: Kevin Bacon, Kathryn Erbe, Illeana Douglas, Liza Weil, Kevin Dunn, Conor O'Farrell, Jennifer Morrison y David Cope. Color.