GINGER SNAPS

En compañía de bestias

Del panteón de las criaturas góticas, quizás el hombre-lobo sea la más sufrida, ya que su doble naturaleza lo lleva a la marginalidad (pregúntenle a tío Paul). Larry Talbot nunca halló la paz; Leon Corledo tampoco. El único alivio para los licántropos es la muerte, ya que son depredadores a su pesar.

De Canadá nos llega una cinta de mujer-lobo. (Aun no siendo lo habitual, esta variante posee algunos antecedentes, aunque no tradición en el sentido estricto.) Pese a su aire iconoclasta, Ginger Snaps resulta sorprendentemente fiel respecto al ideario que rodea a la figura del licántropo. Dos hermanas adolescentes, Briggite (Emily Perkins) y Ginger (Katharine Isabelle), aborrecen a los de su edad, a quienes ven triviales en exceso, mientras que los adultos tratan de ofrecerles absurdas soluciones; pero ¿alguien les ha preguntado? Son unas apátridas y, dado su aislamiento emocional, deciden pactar: a los dieciséis años, o juntas para siempre, o muertas. De este modo se inician en un peligroso juego tanático, fantaseando de continuo con la idea del suicidio. Hasta que una bestia ataca a la hermosa Ginger y se inicia una insólita mutación...

Obsérvese a favor de la cinta que, aun ambientándose en entornos adolescentes (el instituto, las fiestas techno), se ofrece una visión adulta de estos personajes, con un enfoque feísta y frontal que demuestra que el director, John Fawcett, tiene una voz propia y un mundo que mostrarnos. Al respecto, llama la atención la multitud de homenajes y guiños a todo tipo de cintas del género (no los enumeraremos, quede como pasatiempos para el espectador), con lo cual se podría observar cierto abuso de la complicidad del espectador. Incluso la sencillez de la puesta en escena, aun siendo un acierto, podría deberse a la limitada cultura visual del autor (el contraste con las secuencias de acción, demasiado precipitadas, llama la atención). En todo caso, el tramo final saca un excelente partido a los escenarios cerrados, en lo cual podría influir la intervención de Vincenzo Natali (Cube) en la elaboración del story board.

Al tratarse de un film canadiense, no debiera extrañar la profusión de alusiones al universo de Cronenberg. El primer indicio de la transformación es una excrecencia que surge de la rabadilla (Rabia), se acentúa la idea de la propagación de la enfermedad mediante prácticas sexuales (Vinieron de dentro de...), entre otros muchos detalles. Pero Fawcett acentúa el humor del autor de Videodrome (que también lo tiene), ofreciendo una desagradable comedia macabra que se contempla con el rostro contraído en un rictus obsceno.

La mayor virtud de Ginger Snaps reside en su habilidad para conjugar multitud de elementos y tonos de forma coherente. Funciona a la perfección como corte de mangas al terror adolescente de Wes Craven, como cinta netamente gore, como alegoría sobre «el diferente», como comedia enfermiza... Demos tiempo al tiempo para que John Fawcett descubra su propio universo y lo sepa dotar de imágenes, ya que ha demostrado tener personalidad y entrañas.

David G. Panadero

Canadá, 2000. T.O.: Ginger Snaps. Director: John Fawcett. Productores: Tina Goldlist, Steve Hoban y Karen Lee Hall. Guionista: Karen Walton. Fotografía: Thom Best. Música: Michael Shields. Intérpretes: Emily Perkins, Katharine Isabelle, Kris Lemche, Mimi Rogers y Jesse Moss. Color.