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JEEPERS CREEPERS El diablo sobre ruedas Cuando los aficionados al género nos encontramos con un film recomendado por Clive Barker, ello nos induce a pensar que el producto rehuirá cualquier tipo de convencionalismo impuesto por el ave fénix de los noventa, Wes Craven. Pero cuando uno se detiene y lee la nada comprometida frase del escritor inglés en el cartel promocional, una insana incertidumbre empieza a crecer en su interior. En efecto, el aserto publicitario —«La mejor película de terror de los últimos años»— responde al esquema de «cortar y pegar» tantas veces utilizado como reclamo comercial para películas cuya máxima aspiración es dar el taquillazo. El arranque de Jeepers Creepers apuntaba en una dirección que podía hacer creíble el reclamo publicitario. Victor Salva combina la road movie con el cine de terror de una manera estimable. Si a ello se suma el intento de crear una nueva mitología en la onda del barkeriano “Lo prohibido” o “El Viji” de Gogol, por medio de leyendas urbanas o rurales, debemos reconocer y agradecer el riesgo corrido por el director ante este planteamiento. Sin embargo, Salva no nos conduce a las frías estepas rusas, ni a los marginales suburbios de una ciudad, sino que cuenta su historia en parajes desérticos, áridos y calurosos, transmitiendo el asfixiante clima al espectador a través de una imagen granulada y sucia, un tratamiento muy similar al utilizado por Tobe Hooper en su delirante ópera prima La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974). Pero las referencias a otros filmes no acaban aquí: la persecución que sufren los protagonistas por parte de una vieja camioneta en cuyo interior no se vislumbra la figura del conductor recuerda a las correrías rodadas por Steven Spielberg en El diablo sobre ruedas (The Duel, 1971). A partir de este momento, Jeepers Creepers comienza a perder fuelle, principalmente porque Victor Salva no mantiene el vigor ni la fuerza de los minutos iniciales, máxime en las supuestas escenas cumbre, como aquella en la que el protagonista se adentra en el refugio del ser y descubre una Capilla Sixtina elaborada con cuerpos humanos, secuencia carente del sense of horror deseable. Cuestión aparte es la planificación, propia de un telefilm, construida a base de primeros planos, o la innecesaria secuencia final de la comisaría, cuya única intención consiste en arañar unos minutos más de metraje y estirarlo sobremanera. Pero hay que reconocer a Jeepers Creepers cierta honestidad. Si bien la película parte de un planteamiento arriesgado, aunque más tarde trivializado, por lo menos no tiene un happy end, sino que termina de una manera abrupta, inesperada. Lástima que el resto no haya estado a la altura. Así pues, Victor no se Salva. Luis M. Díaz Martínez EEUU, 2001. T.O.: Jeepers Creepers. Director: Victor Salva. Productores: Barry Opper y Tom Luse. Guionista: Victor Salva. Fotografía: Don E. FauntLeRoy. Música: Bennett Salvay. Intérpretes: Gina Phillips, Justin Long, Jonathan Breck, Patricia Belcher, Jon Beshara, Eileen Brennan, Brandon Smith, Peggy Sheffield y Jeffrey William Evans. Color. |