LA MÚSICA DE LAS ESFERAS

AMOR, SACRIFICIO, HEROÍSMO
Carlos Manuel Pérez

Tan Dun es prácticamente un desconocido para los aficionados a las bandas sonoras. No es ése el caso del excelente chelista Yo-Yo Ma, cuyos solos en la banda sonora de Siete años en el Tibet eran lo mejor del compacto. Yo-Yo Ma es uno de esos músicos ya famosos en el reducido y elitista campo de la música clásica, donde se lo conoce como un gran especialista en Bach; de los que consiguen asomarse al exterior, bien mediante las bandas sonoras (recordemos por ejemplo a Michael Nyman), bien mediante la mezcla de la clásica con estilos más modernos para hacérsela más digerible al público general, caso de la excelente violinista Vanessa Mae.

Los solos de chelo de Yo-Yo Ma en este Tigre y Dragón están a la altura de sus mejores trabajos. El chelista, gracias a la partitura de Tan Dun, consigue transmitirnos en todo momento una sensación de melancolía que funciona perfectamente puesta al servicio de las imágenes y se escucha como una verdadera delicia de forma independiente. El chelo, por su naturaleza grave, es un instrumento dado a los acordes lentos y de aire triste, lo que resulta ideal para la historia de amor que nos muestra la película de Ang Lee, una historia triste y dramática pero siempre contenida, sin caer en el aspaviento. El ejemplo perfecto es el corte “Farewell”, que en poco más de dos minutos nos resume el motto principal de la banda sonora. Yo-Yo Ma está, prácticamente en todo momento, acompañado por una sección de cuerda que subraya la melodía de sus solos, dirigida y compuesta de forma magistral por Tan Dun. Tanto en los solos de chelo como en orquesta, la cuerda es la que lleva el peso fuerte de esta banda sonora, con permiso de los ocasionales y bellísimos solos de flauta. Otros temas lentos, el excelente “Through the Bamboo Forest” o “Eternal Vow” demuestran la preponderancia de una sección de cuerda de compás lento y contenido.

Mención aparte merece la percusión, presente en todo momento, contrapunto perfecto a la contención, el lirismo y la tristeza existentes en este trabajo. En el ya citado “Farewell”, por ejemplo, la percusión acompaña (si bien mediante el contraste) al solo de chelo en un crescendo de velocidad e intensidad de forma perfecta. En cortes compuestos para ilustrar momentos de acción, como “Night Fight”, se erige en total protagonista: es un tema de tempo rápido, con súbitos cortes hasta casi alcanzar el silencio, perfecto para ilustrar los frenéticos intercambios de golpes y paradas, saltos y bloqueos del primer combate entre Michelle Yeoh y Zhang Ziyi. Además, la percusión (y el uso ocasional de la flauta de bambú o el qin) como introducción a algunos temas (“Eternal Vow”, por ejemplo) es la única concesión de Tan Dun a lo que sería una banda sonora «étnica». El tema más indudablemente étnico es “To the South”, tema donde la principal protagonista es la flauta de bambú, y que logra unos acordes más ligeros y alegres. A pesar del innegable aire chino de toda la composición, éste no es el objetivo principal de la música, que prácticamente podría haber sido compuesta para una película ambientada en cualquier lugar y época. Eso sí, debe ilustrar una historia de amor, sacrificio y heroísmo, los aspectos de la historia más subrayados por la banda sonora.

La banda sonora original de Tigre y Dragón se nos presenta en simbiosis directa con uno de los aspectos más cuidados de la dirección de Ang Lee: la fotografía. Los hermosísimos stills del bosque de bambú, de la caravana por el desierto o de las estepas serían mucho menos conmovedores (a pesar de su innegable belleza) de no ser por la música. Lo que es cierto para la mayoría de bandas sonoras se convierte en axioma para este Tigre y Dragón: las imágenes por sí solas son muy a menudo insuficientes para transmitir los sentimientos que el cineasta quiere que comparta el público. ¿Serían igual de tristes las imágenes de Titanic sin los melancólicos sones de gaita compuestos por James Horner? ¿Transmitiría la escena de la batalla en Gladiator la misma sensación de frenesí, confusión y violencia sin el acelerado vals de Hans Zimmer? Otro tanto se puede decir de Tigre y Dragón: las escenas de lucha son más rápidas, las escenas de amor más románticas y todo adquiere una dimensión mayor gracias a la música.

Como viene siendo habitual de un tiempo a esta parte, los CDs incluyen una canción de corte más «popero», aunque basada en el tema principal de la banda sonora, para incrementar las ventas del compacto mediante su publicidad en radio-fórmulas. En esta ocasión, por partida doble: tenemos “A Love Before Time” en mandarín y en inglés. Es una balada muy bella, que incluye un solo de Yo-Yo Ma, y con una Coco Lee que canta mucho mejor que Céline Dion. Por suerte, o por desgracia (adivinen qué opino yo), no creo que esta banda sonora tenga tanto éxito de ventas como las de Gladiator o Titanic, siguiendo con las comparaciones, por lo que seguramente nos ahorraremos una versión «bakalaera» del tema principal para discotecas.

Por una vez, y sin que sirva de precedente, debo estar de acuerdo con la Academia en lo referente a los Oscars concedidos a la música para películas. Este Tigre y Dragón de Tan Dun fue la justa ganadora en la categoría de Banda Sonora (afortunadamente dieron marcha atrás en la tontería de dividirlas en cómicas y dramáticas) en la última ceremonia de entrega de los Oscars. Además, el hecho de haber ganado el Oscar a la mejor composición precisamente en la última edición la revaloriza aún más, si cabe: ha sido un año plagado de buenas bandas sonoras, uno de los más reñidos de los últimos tiempos. Baste recordar que Patriot de John Williams o Gladiator de Hans Zimmer también eran candidatas a la estatuilla, y ambas son de lo mejorcito que han dado sus compositores en los últimos años. Y eso es mucho decir.

En resumen, nos hallamos ante una banda sonora hermosísima, con ese poder de evocación reservado sólo a las grandes composiciones; perfecta para disfrutar como acompañamiento a la espectacular fotografía de la película o por separado, mediante un permanente (aunque nunca repetitivo) lirismo y sin la necesidad de caer en estridencias innecesarias.