MÁS TRAMPAS QUE EN UNA PELÍCULA DE CHINOS
Antonio Rivas

Transcurrido ya algún tiempo desde el estreno de Tigre y Dragón, he tenido la oportunidad de leer opiniones del más variado calibre acerca de esta película. Curiosamente, las más críticas (cuando no plenamente negativas) se centraban en un detalle marginal: la calidad de los combates. Veamos. Resulta perfectamente comprensible que los aficionados con un cierto conocimiento del tema artes marciales protesten por detallitos de este tipo, especialmente si esperaban ver otra cosa más, digamos, purista. Lo más terrible sucede cuando opinan los karatekas de salón...

Seamos serios. Tigre y Dragón es, en primer lugar, una película de género fantástico; en segundo lugar, pertenece a una variante muy específica del mismo (el llamado wu-xia) y, aunque en tercer lugar decidiéramos tomarla como una película de artes marciales, al margen de cualquier otra consideración, lo que aparece en pantalla no tiene nada de incorrecto. Todo lo contrario: se trata de una película que muestra con bastante buen hacer (al margen de los vuelos de los personajes) el apartado dedicado a los combates. Porque, si de buscar pifias se trata, las películas orientales en general (y el el wu-xia en particular) son bastante más realistas en este aspecto que cualquier otra aproximación fantástica al género. Y los más manazas son —somos— sin duda los occidentales. Por protestar por detalles que no quede, pues..

ÉRASE UNA VEZ EN CIMMERIA…

Como decía el torero: «hay gente pa tó», y hay a quien le molesta la presencia de una espada imbatible y encantada. Pero, aparte del detalle de que aguanta sin romperse todo lo que le echen, ¿qué problema tiene la espada de Tigre y Dragón? Ni siquiera carga las tintas con alguna magia que haga invencible a su portador o algún otro ardid similar. En uno de los primeros enfrentamientos entre Zi Yi y Chow Yun Fat, éste mantiene a la chica a raya... con un palo, por mucha espada mágica que porte la niña. De lo que se deduce que lo que realmente marca las diferencias en el combate no es tanto la espada como el brazo que la blande. Tigre y Dragón resulta un prodigo de exactitud en este aspecto. Y sin embargo...

Si existe alguna película de género fantástico más disculpada en cuanto a barbaridades es el Conan de John Milius. Encadena sinsentidos ya desde los títulos de crédito, comenzando por la forja de la espada. A Crom gracias, alguien tuvo la ocurrencia de cuestionar su solidez, y en el primer duelo en que la vemos en acción (la espada del padre de Conan en manos de uno de los malos) se parte a los dos golpes. Un punto a favor del realismo. El único, de hecho. Porque resulta que el mejor espadachín de la Era Hyborea se ha formado en tal tarea haciendo de mula de carga desde su más tierna infancia hasta la edad adulta, y posteriormente se inicia en los misterios del combate en un tablao de pressing-catch, hasta el día en que huyendo de unos lobos descubre una cosa con filo con la que aporrea cual si de un palo de escoba se tratase. Todo un currículum vitae para cualquier consumado esgrimista que se precie...

Francamente, me ofende menos el hecho de que una joven que lleva practicando el arte de la espada desde su infancia sea capaz de mantener a raya ella sola a toda una tropa de matones. Pero Tigre y Dragón es tramposa, porque con una espada mágica… Así cualquiera...

ARTESANÍAS

Y, ya que estamos hablando de la espada en sí, ¿qué decir de los misterios de un buen templado? Como bien sabe quien pretenda crear algo de fantasía o ciencia ficción decente, los datos los carga el diablo. Dejar la elipsis adecuada es perdonable (incluso deseable), pero meterse en explicaciones lleva muchas veces a pillarse los dedos. La estupenda espada de Tigre y Dragón está envuelta en el misterio, de hecho sólo sabemos que fue forjada hace mucho tiempo y que es más resistente que las armas contra las que se enfrenta: el movimiento se demuestra andando, vemos que lo es, y punto. Sin embargo, sigue habiendo quien tiene ese arma atravesada...

Supongo que es más aceptable conseguir una buena espada, de una talla adecuada al portador de la misma, tomando un mandoble que le queda grande y recortándolo a su medida, como se detalla con habilidad en El guerrero número 13. También tenemos apariciones tan sensatas como el mandoble de Kurgan, en Los inmortales: un kit de montaje que se enrosca a mitad de hoja y es capaz de aguantar la embestida de una cimitarra de varios kilos o derribar una pared de piedra de un solo golpe. Y mejor no hablemos del arsenal de corte y filo klingon o los sables laser de los jedis. Así pues, ¿qué tiene de malo la espada de Tigre y Dragón? ¿Que es una hoja recta y sencilla?

En cualquier caso, y mientras no vea a nadie quejarse porque una mano femenina sale del agua enarbolando Excalibur en la película de John Boorman, me niego a aceptar la menor pega o comentario desdeñoso acerca del origen y capacidades de la espada de Tigre y Dragón.

¿QUIÉN QUIERE VIVIR PARA SIEMPRE?

En cualquier caso, el núcleo de las críticas suele referirse a las peleas en sí, con o sin armas. Ya dije en otra ocasión que los combates en Tigre y Dragón tienen una coreografía perfecta y ajustada a las intenciones de cada pelea en cada momento. Profundizando en el tema, se puede añadir que no se salen en ningún momento de los parámetros que las rodean. Los personajes de la película están en China, luego pelean usando kung-fu: si es a cuerpo limpio, hay puñetazos y patadas y esquivas, totalmente correctos; si es con armas, se usa cada una con la técnica de manejo adecuada y correcta para el arma en cuestión...

La joya del cine fantástico de los años ochenta, Los inmortales, resultaba desastrosa desde ese punto de vista. Los espectadores nos quedábamos embobados al ver los duelos, pero resulta sorprendente si nos paramos a considerar que se utilizaban técnicas de esgrima idénticas con una espada española, un mandoble, una katana, una cimitarra o un par de maracas, indistintamente. En realidad, aquello era de una imposibilidad flagrante, pero qué más da, la aventura es la aventura y hacemos la vista gorda. Chapuzas técnicas como las de Los inmortales se repiten en cualquier otro clásico reciente del género donde se repartan estacazos (o sea, en todos), desde Willow hasta Dragonhearth, pasando por casi cualquier otra. Resulta curioso que entre las pocas películas que se libran un tanto del estigma de «pelear mal» a cambio de «pelear vistoso» aparezcan títulos como Sargento Kabukiman NYPD, pero el cine es así. Y menos mal que La princesa prometida salva un poco la dignidad del género en Occidente porque, objetivamente, casi cualquier wu-xia es más serio en cuanto al tratamiento y verosimilitud de las peleas.

De cualquier forma, aún sigue habiendo quien critica negativamente Tigre y Dragón por un quítame allá una pose o algún que otro vuelo, pero... ¡es una película de género fantástico, caramba! En este punto tocaría insertar algún comentario hablando de pajas y vigas y ojos, pero seremos generosos y nos limitaremos a una recomendación: cuando veamos cine fantástico no seamos puntillosos en exceso con detalles nimios. Lo pasaremos mejor.