X-MEN II

Dios ama, el dólar mata

Se dice que el 11-S marca un antes y un después, no sólo en la política internacional, sino en la vida, costumbres y cultura de todo el planeta, de modo que ya resulta plausible hablar de «frente común», no contra los cada vez más residuales regímenes comunistas, sino contra un enemigo más aterrador: el terrorismo internacional. Ello invita a un rearme, a la puesta en marcha definitiva del proyecto de defensa ingenuamente llamado «Guerra de las Galaxias». Como resultado de esta teatralización de la política y la sistemática demonización de ciertas culturas y pueblos (se confunde con demasiada facilidad un grupo terrorista con toda una nación), están cuajando corrientes de pensamiento que quedaron planteadas en tiempos de la Guerra Fría: el llamado Neo-con; esto es, la derechización de Norteamérica. Como se dice en Videodrome: «América se está debilitando y el resto del mundo se está fortaleciendo».

De X Men 2 se pueden decir muchas cosas, pero no que se trate de una película neutra; de hecho, supone para el que suscribe una de las propuestas críticas más coherentes, a la altura del documental Bowling for Columbine, de Michael Moore, aunque con una diferencia: lo que en manos de Moore goza de un tratamiento demoledor, en las de Bryan Singer se enmascara como peliculilla de acción.

El díptico sobre los mutantes Xavier y Magneto tiene una misma fuente de inspiración: la novela gráfica Dios ama, el hombre mata, en la que el reverendo Stryker decide que los mutantes representan un peligro social y merecen la condena con tácticas paramilitares. Esta nueva entrega de la saga va más al grano: Stryker es un militar retirado que empezará su cruzada contra los freaks de Xavier simulando un atentado en la mismísima Casa Blanca que justificará el posterior pillaje y demás represalias. (¿Alguien recuerda aquella máxima de que «ningún avión se estrelló en el Pentágono»?)

El siguiente paso consiste en apropiarse de Cerebro, el instrumento que emplea Xavier para localizar a los mutantes, pero otorgándole fines militares, como si de una arma de destrucción masiva se tratara.

Dejando a un lado todo tipo de consideraciones ideológicas, podríamos decir que esta X-Men 2 corrige y amplía todo aquello que prometía la primera parte, nada desdeñable por otro lado. Al primer film podríamos achacarle un excesivo protagonismo de Lobezno (un excelente Hugh Hackman que sigue esa línea de «tipos duros a lo Clint Eastwood») y un cierto regusto a episodio piloto de serie televisiva. Finalmente, vemos que lo que hizo Bryan Singer fue presentar una serie de personajes y decorados para ampliarlo sucesivamente en ocasiones posteriores.

No es ninguna exageración tildar al film de coral, y es ése uno de sus aciertos: lograr que ningún personaje eclipse a otro y, lo que es más importante, hallar un total equilibrio que hace que la trama avance con una fluidez pasmosa.

Sin querer ofender a nadie, hemos de reconocer cierta ingenuidad en los comics de la Edad de Oro de la Marvel, siempre tan dedicados a problemillas adolescentes, y de todos es sabido que el mundo del cómic amplió sus horizontes de forma notable en los ochenta, gracias a los Watchmen de Alan Moore, a la obra de Frank Miller...

En definitiva, el film de Bryan Singer dignifica el mundo del cómic, a aprovechar todos sus resortes para aproximarlo a cualquier espectador inquieto, demostrando una apabullante madurez narrativa, una sobriedad que ya resultaba necesaria, logrando aquello que pretendió Tim Burton con su estimable Batman: hacer una historia creíble y que no recuerde necesariamente al arte pop y aquellas entrañables series televisivas.

Finaliza la proyección, y acompañan unos majestuosos planos aéreos (¿guiño a Blade Runner?), mientras una voz femenina repite la entradilla del anterior film en un momento lleno de magia. Mutación, ésa es la clave de la evolución...

David G. Panadero

EEUU, 2003. T.O.: X-Men II. Director: Bryan Singer. Productores: Lauren Schuler-Donner y Ralph Winter. Guionista: David Hayter, Daniel P. Harris y Michael Dougherty, sobre los personajes de Stan Lee, John Byrne, Chris Claremont, Len Wein y Jack Kirby. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Música: John Ottman. Intérpretes: Patrick Stewart, Hugh Jackman, Ian McKellen, Halle Berry, Famke Janssen, James Mardsen, Rebecca Romnijn-Stamos, Anna Paquin, Alan Cumming, Brian Cox, Bruce Davidson y Kelly Hu. Color.