[3] y en todo momento lo veremos como un desclasado dentro de los diversos grupos humanos que lo acogen, característica que será constante luego, cuando se haya apoderado del protagonismo de la serie: es irrespetuoso, impulsivo, valiente pero sensato, capaz de enfrentarse a las injusticias de Bascom, un exsudista (la circunstancia más traída por los pelos de toda la historia), un antimilitar nato a quien siempre vemos apartado de la vida social del fuerte, sentado sobre la muralla, fumando, fuera del círculo del coronel y los otros oficiales de ese Séptimo de Caballería que no hay que confundir con el del histórico Custer, aunque su nomenclatura sea la misma.
Graig es, por contra, el político puro, un pisaverde estirado y guapetón, valiente también, faltaba más, pero algo atolondrado, enchufado de lujo en un fuerte de tercera clase, el típico militar inglés en el oeste americano; supongo que el equivalente cinematográfico al personaje, en aquella época, habría sido, claro, Alain Delon, puesto que Blueberry encarnaba a Jean-Paul Belmondo.
El tercer mosquetero en liza, el verdadero héroe de toda el primer arco narrativo, será Crowe, el mestizo, marcado por su diferencia incluso en el nombre («Crow» era un mote para afroamericanos, aunque el personaje sea indio), un improbable oficial en un ejército que cerraba ese cargo a las demás razas, un pacifista con cargo de conciencia y que acabará por abrazar si no la causa de los demás indios, sí su modo de vida, con la que entrará en conflicto; la búsqueda del equilibrio imposible entre sus dos identidades, a las que intenta reconciliar en los demás, es lo que a la postre le procura la más heroica muerte de toda la saga. Si Charlier y Gir hubieran trasladado esta guarnición a la situación política del momento, qué duda cabe que Crowe habría sido argelino.
Y Bascom, el Richelieu de la historia, un personaje que rozaría la caricatura si no supiéramos que elementos así existen dentro y fuera de los ejércitos. Individualista, racista, cruel y enloquecido, quizá no haya tanta diferencia entre Blueberry y él: ambos son capaces de saltarse a la torera las normas cuando hace falta, pero Bascom pone por delante sus propios fines, mientras que Blueberry siempre se mueve intentando ayudar a la comunidad: la rebeldía de nuestro teniente va dirigida, a lo largo de todos los álbumes que compondrán su historia, no hacia las estructuras sociales (ni siquiera cuando acabe encarcelado), sino contra la rigidez mental del estamento militar en el que, lo sabremos luego, conforme la serie evolucione, se ha visto inmerso poco menos que a la fuerza.
Los demás personajes, desde el joven Dick Stanton (cuya búsqueda sería el macguffin que sustituiría el suero al final de Tormenta en el Oeste, rápidamente resuelto, por demás) hasta la hija y la hermana del coronel sobran. El propio coronel, una especie de Luis XIII algo apocado, apenas tiene más papel que el de servir de coartada para entregar el poder al xenófobo mayor Bascom: no es extraño que Blueberry, tras su odisea hasta Tucson, acabe por no entregarle los aretes de la Reina (o sea, el antídoto), y partir a la búsqueda de otros destinos.
El protagonismo de Blueberry se va marcando en Fort Navajo con sus intervenciones más o menos afortunadas y heroicas, pero es a partir de Tormenta en el Oeste[4] cuando, en la soledad de su misión, la serie se decanta ya por él como protagonista absoluto. Al contrario de otros héroes del Oeste pasados o futuros (y en el caso del cómic tenemos el heredero directo que es el Red Dust de la serie Comanche), Blueberry no será en ningún momento el héroe venido de ninguna parte, sino todo lo contrario, un personaje que arrastra un pasado a sus espaldas (de un tiempo a esta parte, con la profusión de andanzas juveniles, un pasado abrumador). Blueberry se crea como protagonista en la aventura itinerante que lo lleva desde Fort Navajo a Tucson, un remedo desértico de la Odisea clásica, donde mil peligros acechan en el camino para atraerlo, como el encuentro con los contrabandistas mejicanos, los pozos de agua envenenados o los buitres,[5] con sus cantos de sirena. La llegada a la ciudad sitiada de Tucson[6] y el encuentro con el viejo vaquero propiciarán el hallazgo del antídoto (en un curioso «sírvase usted mismo») y el regreso a una Itaca que ya no es, no puede ser como era antes: Fort Navajo ha sido abandonado, el causante de la guerra ha muerto y Blueberry, de la mano de ese mensajero de los dioses mestizo que es Crowe, intercambiará su aventura por la búsqueda de un Telémaco que encarna el joven Stanton. Ése será, a partir de entonces, el leit-motif de la serie: Blueberry/Ulises jamás podrá regresar a Fort Navajo/Itaca, como tampoco pudo regresar a su plantación sureña tras la Guerra Civil, y cuando lo haga descubrirá, al contrario que el héroe griego, que ése ya no es su sitio: resuelta la guerra con los navajos, un breve interludio como sheriff (en El hombre de la estrella de plata) de un pueblo perdido donde las alusiones a Río Bravo relevan la situación inicial de Solo ante el peligro (quizás porque Blueberry estaría más cerca de Dean Martin que de John Wayne o Gary Cooper); luego la larga aventura del ferrocarril con su portentosa conclusión en la batalla en la nieve (El general Cabellos Rubios), una nueva incursión como sheriff en la mini saga que conforman La mina del alemán perdido y El fantasma de las balas de oro, y por fin, la patrulla fronteriza (y solitaria) que rescatará al personaje del aburrimiento en su guarnición de Nuevo México y lo lanzará de cabeza a la aventura inaugurada con Chihuahua Pearl, donde se iniciará un enloquecido carrusel existencialista que no terminaría hasta Arizona Love, once álbumes y muchos años más tarde.
Notas
[1] Charlier nos ofrece otros héroes corales en series como La patrulla de los castores. Contradiciendo su título, en El demonio del Caribe tendrá como protagonista durante mucho tiempo al hijo adoptivo del pirata Barbarroja, Eric, antes de usar a todos los personajes fijos de la serie a la vez. También Michel Tanguy tuvo que compartir su protagonismo con su cómico comparsa y reconvertir el título de sus historias a Las aventuras de Tanguy y Laverdure.
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[2] Los álbumes serían presentados como «Una aventura de Fort Navajo», absurdo que sería corregido con el paso del tiempo, primero como «Una aventura del teniente Blueberry» y ya por fin sin el grado militar.
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[3] Es sabido que Blueberry elige su apellido al azar, al ver unas florecillas silvestres, pues no quiere ser identificado como petrimetre sudista. La traducción podría ser «teniente Mora».
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[4] Dibujada en parte por el maestro de Gir, Jijé. El jinete perdido, donde se presenta a Jimmy McClure, también es casi obra solitaria de Jijé. El alejamiento entre Gir y Blueberry parece beneficioso para ambos, pues Gir se replantea su estética en cada uno de sus viajes a Méjico, y Blueberry se redefine como personaje cada vez que cae en manos de Jijé y tiene que recorrer él solo kilómetros y más kilómetros de desierto.
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[5] Y recuérdese que, igual que Ulises para tomar Troya, Blueberry idea una trampa oculta en el tílbury del coronel para salir del fuerte.
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[6] En la edición española de Grijalbo, quizá por error del rotulista, la ciudad es identificada como «Tuckson». No se ha podido comprobar si la «k» introducida procede de alguna edición francesa más reciente donde, al crear una ciudad falsa, se justifique lo improbable del asedio indio a una población blanca.
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