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Esta vez con la editorial Novedi, de Bruselas, Charlier hace un último intento de lanzar a la calle un nuevo suplemento de cómics para los periódicos, del que llega a salir un número 0, incluyendo sus series de siempre. Pero el mercado, decididamente, ha cambiado, y las historias se realizan ya directamente para su publicación en álbum; su prepublicación en revista —no necesariamente de cómics— cada vez más infrecuente. La actividad se reduce, y cada álbum tarda más en salir que el anterior; los lectores a veces tienen que esperar años antes de ver una continuación. Les gringos, tras dos álbumes, queda en dique seco, pero, a lo largo de los 80, aparecen varios álbumes de Blueberry, de Tanguy et Laverdure y, sobre todo, de Barbe-Rouge, dibujados ya por todo un tropel sucesivo de nuevos y viejos dibujantes. Buck Danny continúa publicándose previamente en Spirou, pero ahora dibujado por Francis Bergése.
Y es que sus viejos compañeros de fatigas, Hubinon y Jijé, además de Goscinny, han desaparecido, uno tras otro, entre 1977 y 1980. Con ellos desaparece toda una época y una forma de hacer los cómics. La carrera de Charlier entra en declive, y la mayor parte de sus trabajos pecan de rutinarios y repetitivos. La impresión que da es que prosigue muchas de sus series únicamente por la demanda del mercado, no por el interés que pueda seguir teniendo en ellas.
A pesar de todo, hasta el último momento seguirá trabajando, escribiendo nuevos episodios de Les chevaliers du ciel para televisión y creando nuevos personajes: “Chuck Dougherty, le privé”, con Alexandre Cutelois, para L´echo des Savanes, y, ya en 1989, Ron Clarke, con dibujos de Jacques Armand.
El 10 de julio de ese mismo año, en la localidad de Saint Cloud, a los 64 años de edad, Jean Michel Charlier acaba su último guión.
Su hijo Philippe, convertido en albacea literario de su obra, vigila la continuación de la misma a cargo de muchos de sus antiguos compañeros, en muchos casos reemprendiendo los guiones que dejó inacabados tras su muerte. Sus viejos personajes siguen publicándose, con desigual fortuna y resultado, pero el maravilloso fabulador que los creó ya no está entre nosotros.
Notas
[1] Esas primeras páginas son tan malas, tanto a nivel de dibujo como, sobre todo, de guión, que vistas fuera de contexto cuesta trabajo comprender cómo la serie llegó a convertirse en la obra que hoy conocemos.
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[2] A la vista de las enormes limitaciones que tenía Hubinon como dibujante en aquella época, la impresión que uno saca es que Charlier le tenía que hacer los barcos y los aviones, sencillamente porque el pobre Hubinon ¡no sabía dibujarlos! Impresión reafirmada tras contemplar algunos de los dibujos de Charlier realizados en esos años, y contrastarlos con los realizados por Hubinon al mismo tiempo en Buck Danny. Paradójicamente, este dibujante habría de convertirse en uno de los mejores dibujantes de barcos y aviones de la historia de los cómics.
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[3] Conviene añadir que cada uno de estos episodios alcanzaba la friolera de 60 páginas, y habían sido publicados en Spirou a razón de una o dos páginas por semana.
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[4] Hay diferentes versiones sobre este suceso. En diversas entrevistas, Charlier afirma que fueron despedidos los tres, mientras que Goscinny y Uderzo dicen que fue Goscinny el único despedido y que Uderzo, por solidaridad, se fue con él. Otras fuentes señalan que Charlier se fue por la misma razón, también por solidaridad hacia Goscinny.
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[5] En la misma entrevista a la que me he referido, realizada en 1978 por Henri Filippini, Charlier aduce que el error grave de Goscinny había consistido en realizar, o dejar realizar, aquella revolución en las páginas de Pilote, en vez de crear una nueva cabecera donde dar cabida a todas aquellas tendencias de vanguardia. Visto el resultado, el que suscribe no puede por menos que darle la razón.
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[6] El tema del asesinato de Kennedy nos hace pensar, obviamente, en Angel Face, como Pancho Villa en Les Gringos, realizada muy poco después; los Tigres Volantes en los álbumes sobre el mismo tema de Buck Danny. En Le fou du desert, por otra parte, se presentaba una serie de personajes diversos en busca de un filón de esmeraldas en el Sáhara, que es fácil relacionar con La mina del alemán perdido y otras muchas historias de Charlier.
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[7] Como el pobre Charlier solía apostillar a pie de viñeta de muchos de sus cómics, debo añadir: Auténtico. Esta delirante circunstancia la descubrí personalmente en un viaje que hice a París en 1980. En una página teníamos “Le longue marche de Blueberry”, en la de al lado, “La Hormiga Atómica”. Quedé literalmente estupefacto. Un articulista francés reseñó, algún tiempo más tarde, que Super-As se había ido al garete por haber reunido «lo mejor y lo peor». No pudo expresarlo mejor.
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