[7]
Hay un enorme caudal de reflexión no sólo en estas palabras, sino en la obra misma de Oesterheld. En cierto modo, nuestro hombre inventó un concepto historietístico, creando una escuela literaria igual que su amigo Breccia, por ejemplo, pudo crearla en el aspecto gráfico. Oesterheld escribe a través de la experiencia, en ocasiones sin conocer siquiera al dibujante que ilustrará sus historias, en otras imaginando cómo el dibujante imaginará lo que él describe, pero sabiendo siempre que hay que entregarse por entero al trabajo: «El mercado potencial de historietas es muy vasto. El público está. Hay que hacer las cosas. Y bien. Cuando empecé Kirk el western estaba agotado. Pero siempre aparece una cosa nueva. Depende siempre del tratamiento que se le dé, si se tiene una buena historia. Los géneros nunca están agotados (...). Los más cómodos son los del pasado. Aunque la ciencia ficción también me atrae. Se puede decir muchas cosas, se puede metaforizar, aludir a lo de todos los días poéticamente. Es la pura imaginación».
Es, simplemente, puro amor hacia la historieta. El toque de Oesterheld. El toque de un genio.
Notas
[1] Bang!, cuadernos de información y estudios de la historieta, núm. 10.
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[2] O con su percepción personal de que un autor como Arturo del Castillo, con quien trabajó en la serie Randall, es un magnífico ilustrador pero con graves carencias narrativas.
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[3] Carlos Trillo, Guillermo Saccomano, “Héctor Germán Oesterheld, una aventura interior”, entrevista publicada en Héctor G. Oesterheld, el simple arte de narrar. Semana Negra de Gijón, Gijón, 1998.
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[4] Recuérdense los manidos finales de los tebeos de terror de la Warren o cómo todos sufrimos las historietitas de ocho páginas durante el boom de las revistas en España y contrástese con la capacidad verdaderamente literaria, procedente del cuento, de la que Oesterheld hace gala durante toda su producción.
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[5] En la misma entrevista, Oesterheld enumera a sus escritores favoritos: Borges, Bioy, Cortázar, Carpentier, Rulfo, Onetti, Benedetti. «Y entre los norteamericanos hay un grandísimo escritor, también periodista, que es Norman Mailer. Melville es grande, es el padre de todos. Sin olvidarnos de Conrad. Esos son escritores geniales de aventuras. Sería una lista interminable. Y en ella también incluiría uno que recuerdo con cariño especial: El Principito, de Saint-Exupéry. En el cine me gustan tanto John Ford como Antonioni. Me gusta un poco de todo.»
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[6] Nueva Frontera publica, por ejemplo, Wheeling, pero no Ticonderoga, la obra de la que parte y que consta con guiones de Oesterheld. La contraportada de los álbumes de esa misma editorial abunda en la acusación que en este mismo artículo recoge el propio Oesterheld: el texto da por sentado que el único creador de obras como Sargento Kirk o Ernie Pike es Pratt, sin hacer mención del guionista.
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[7] Carlos Trillo, Guillermo Saccomano, op. cit., págs. 85-86.
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© 2002, Rafael Marín