JACK VANCE
LÁMPARA DE NOCHE
Una apasionante novela de aventuras
Un nuevo recorrido a través de las La juventud de Jaro Fath transcurre marcada por varios enigmas: no conoce su verdadero origen y oye una voz misteriosa que lo atormenta. Sus padres adoptivos lo salvaron de una muerte segura en un mundo lejano y lo llevaron consigo a Gallingale. Jaro crece, casi marginado, en una cultura regida por sutiles distinciones sociales que no le importan, pues sólo piensa en llegar a viajar a otros mundos para poder investigar el misterio de su origen. Lámpara de Noche marca el regreso de uno de los contadores de historias más queridos y admirados de la ciencia ficción. Las personalísimas virtudes de un escritor para quien no parecen pasar los años brillan con una insospechada intensidad en esta novela, en la que hace gala de un derroche de talento ante el que deberían palidecer de envidia varias generaciones en activo.
Un nuevo tapiz de fabulosas culturas extraterrestres en el Dominio Geano. Durante un viaje de estudios al mundo de Camberwell, una apacible pareja de académicos rescata a un niño al que los nativos están propinando una paliza mortal. Las experiencias sufridas por el muchacho han sido tan traumáticas que los médicos que lo atienden se ven obligados a borrarle la memoria. Y así, Jaro Fath crece con la obsesión de llegar a ser navegante para investigar el enigma de su origen. Las peripecias de su adolescencia, la amistad que poco a poco lo une a la joven e inquieta Skirlet, aspirante a efectuadora galáctica, y las imposturas a las que ambos se enfrentan constituyen el núcleo de una narración tan eficaz como seductora. Lámpara de Noche es una de las novelas más satisfactorias surgidas de la pluma de Jack Vance. El autor nos ofrece un repaso a sus temas favoritos: la música, el placer de la erudición, el extrañamiento ante culturas tan desquiciadas como verosímiles, la transición de la inocencia infantil hasta la competencia y madurez de su protagonista, y una trama de intriga y aventuras que desarrolla como en una novela policiaca. Pero esta vez, el trayecto es más pausado y la ironía del autor, rayana en lo picaresco, se manifiesta con todo su esplendor en algunos de los diálogos más vívidos y chispeantes de toda su obra. Una recapitulación de todos los temas recurrentes de un autor singular. EL AUTOR Jack Vance nació en 1920. Estudió ingeniería y física en la Universidad de California, y después se dedicó al periodismo. Publicó su primer relato mientras servía en la marina mercante durante la Segunda Guerra Mundial, y su primera novela en 1950. Es un escritor prolífico que ha cultivado tanto la ciencia ficción, como la fantasía y la novela policiaca. Entre los múltiples galardones que ha recibido se cuentan el Hugo, el Nebula, el World Fantasy, el título honorífico de Grand Master y un total de cuatro premios Gigamesh de novela. Más información sobre el autor PRESENTACIÓN Quien haya leído algún relato de Jack Vance se habrá dado cuenta de que es una experiencia diferente, como sin duda lo sería probar alguno de los platos o cócteles que pueblan sus libros: deja un sabor exótico, lejano, indefinible y, sin embargo, inconfundible. Se ha dicho que algunos escritores escriben siempre la misma novela, del mismo modo que algunos pintores pintan siempre el mismo cuadro. Vance, a medias entre novelista y pintor (pues para él la pluma es un pincel y el diccionario, una paleta de inacabables colores), vuelve una y otra vez sobre un mundo propio, y sin embargo inagotable. Por suerte, no se trata de uno de esos escenarios o mundos compartidos que tanto proliferan actualmente y que los autores exprimen hasta que ya la misma cáscara se ha secado: no, Jack Vance, muy alejado de esa cicatería mercantilista, nos regala con infinita generosidad, uno detrás de otro, mundos a cada cual más pintoresco y sugerente. Y, con todo, mientras saltamos con nuestras naves por los planetas del Oikumene, del Dominio Geano o del cúmulo de Alastor y asistimos sorprendidos a maravilla tras maravilla, reconocemos en todas partes, escrito con una sutil ironía, el mensaje: «Jack Vance estuvo aquí». Las características que dan a sus libros ese sabor huidizo, pero típicamente «vanciano», siguen reconociéndose en Lámpara de Noche. Llama la atención que esta novela sea más larga de lo habitual en las obras de Vance, pero esta parece ser una norma de sus últimos tiempos. Tal vez se deba a que, con los años, su estilo se ha ido haciendo más reposado. Hay quien le censura haber perdido algo de su viejo pulso narrativo; pero aunque parece necesitar más páginas para desarrollar sus argumentos, Vance sigue convencido de que hay que entretener y sorprender al lector, de modo que es muy difícil encontrar tiempos muertos o rellenos en su relato. A lo largo de estas páginas apreciamos que la tradicional división entre CF «dura» y «blanda» no acaba de valer con Jack Vance. Nuestro hombre estudió física e ingeniería, y sin embargo se decantó enseguida por la ciencia ficción de aventuras, con un amor por las ambientaciones exóticas y barrocas que acerca sus obras al territorio de la más pura fantasía. Cuando se permite el lujo de describirnos una nave, como el suntuoso y estilizado Pharsang que el protagonista de la novela sueña con poseer, o un extraño edificio, como la Fundancia en donde los roums crean a sus sirvientes, lo hace siempre en nombre de una ciencia imposible y pintoresca. En cambio, Vance es más dado a explayarse en campos reservados a las ciencias habitualmente denominadas «blandas», como la sociología, la antropología o la lingüística. Uno se pregunta a veces si busca una reflexión seria o si sus especulaciones están destinadas tan sólo a enriquecer el abigarrado tapiz de sus mundos. A veces él mismo parece tomárselo a broma, como en el divertido Congreso de Aguasrotas, hacia la mitad de Lámpara de Noche. Aquí, tal vez por casualidad, entronca con un autor como Stanislaw Lem, tan dado a presentarnos ciencias imaginarias, prólogos inventados y erudiciones sobre la nada. Como el polaco, parece susurrarnos que el tan cacareado conocimiento humano es poco menos que la mitad de nada. En los planetas descritos por Jack Vance, los humanos, adaptados a las naturalezas más bellas y hostiles, llevan sus civilizaciones a límites insospechados. Recrea sociedades estratificadas en complejos sistemas de castas que resultan incomprensibles para los extraños, y que obedecen a conceptos inasibles que él mismo explica en sus características notas a pie de página. Cuando aún no contaba treinta años, Jack Vance escribió La Tierra moribunda, el inicio de una saga situada en los últimos tiempos de nuestro mundo, cuando el Sol es una estrella mortecina que en cualquier momento puede dejar de alumbrar a la decadente sociedad terrestre. Aquella obra, pese a su sentido del humor, rezumaba una melancolía, suave y rojiza como la luz de ese sol crepuscular. Ahora, el octogenario Vance nos vuelve a describir un mundo decadente, con el revelador nombre de Fader, y una sociedad ensimismada en su refinamiento y en el recuerdo del pasado. Pero ahora lo hace con los ojos del joven Jaro y nos ofrece un mensaje luminoso: nunca es tarde para empezar a cambiar. Como si, al volver la vista atrás, no encontrara motivos para la amargura, sino para el optimismo. Como si supiera que aún quedan infinitas maravillas por descubrir. A su avanzada edad, Vance apenas ve y no tiene más remedio que dictar sus obras. A veces lo imagino como un ciego cantor de romances, señalándonos con su bastón las brillantes estampas de sus extravagantes sociedades, como si dijera con una sonrisa socarrona: «¿Veis cómo vuestro mundo, el mundo real, es aún más absurdo que los míos?» Sólo puedo decir: pasen y vean. Si la ciencia ficción es una droga adictiva, debo advertir que los mundos de Jack Vance son la quintaesencia de la droga. No es fácil desengancharse. Javier Negrete
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