ALFRED BESTER
LAS ESTRELLAS, MI DESTINO Un clásico irrepetible de la ciencia ficción
Una historia de pasiones interplanetarias En el siglo xxv, cuando las técnicas de teleportación han cambiado de forma radical la sociedad de la Tierra, un hombre motivado por pasiones extremas emprende un carrera desesperada por cambiarse a sí mismo. Gully Foyle fue abandonado a su suerte y logró sobrevivir milagrosamente a una situación sin esperanzas; desde entonces ha venido acumulando riquezas y poder con un único objetivo: vengarse. Las estrellas, mi destino es uno de los eternos favoritos de la ciencia ficción, una novela de cabecera para cada generación de lectores que ha existido desde su publicación original en los años cincuenta. Un libro pirotécnico, intenso y rebosante de ideas al que se vuelve, una y otra vez, con placer renovado.
La historia de una venganza personal de consecuencias imprevisibles. Sujeto: Gulliver Foyle. Estudios: ninguno. Habilidades: ninguna. Méritos: ninguno. Recomendaciones: ninguna. Y sin embargo, Gully Foyle logró sobrevivir sin recursos durante ciento setenta días en el vacío del espacio con una única idea en su mente: vengarse de la tripulación de la nave espacial Vorga que desoyó su mensaje de auxilio. Dueño de un secreto que habría de cambiar la historia de la humanidad, Foyle busca trascender un origen social humilde y las limitaciones de su educación para embarcarse en una sofisticada e implacable intriga con un objetivo final inamovible: satisfacer su sed de venganza. Las estrellas, mi destino (conocida también como ¡Tigre, tigre! ) no sólo se cuenta entre las novelas más populares que ha dado la ciencia ficción, sino que en numerosas ocasiones se la ha señalado como la obra cumbre del género. Motivos para ello no faltan: además de ofrecer una lectura apasionante y vertiginosa como pocas, sus páginas están repletas de la más brillante pirotecnia estilística surgida de la pluma de Alfred Bester, un verdadero genio precursor de todas y cada una de las tendencias posteriores de la ciencia ficción. De la new wave al ciberpunk, innumerables autores han coincidido en citar a Las estrellas, mi destino como una de sus influencias más destacadas. Un clásico ineludible capaz de satisfacer plenamente todas las expectativas. EL AUTOR Alfred Bester (1913-1987) nació en Nueva York y estudió en la Universidad de Pensilvania. Su primer relato apareció en 1939, pero poco después se profesionalizó como guionista para radio y televisión. Regresó a la ciencia ficción a principios de los cincuenta con El hombre demolido, primera novela que recibió un premio Hugo, y Las estrellas, mi destino, que aún hoy está considerada como una de las cúspides del género. Durante los años siguientes trabajó para la revista Holiday, y volvió de nuevo a la ciencia ficción en los setenta, con títulos como Computer Connection, Golem100 y Los impostores. En 1987 fue nombrado Gran Maestro de la ciencia ficción por la SFFWA, y se lo recuerda como una de las figuras más destacadas de la historia del género. Más información sobre el autor PRESENTACIÓN La portada de esta novela tiene sonido. Si eres uno de los afortunados que aún no ha leído Las estrellas, mi destino (afortunado porque puedes disfrutarla por primera vez), no sabrás de qué estoy hablando, pero cuando hayas leído el impresionante primer capítulo, vuelve a mirar la portada; podrás oír al astronauta gritar con toda la fuerza de sus pulmones: «¡Vorga, te mataré!» No podrás evitarlo. Las imágenes, los olores y los sonidos descritos en esta novela, lo están con tanta fuerza que se van a quedar grabados para siempre en tu memoria. Alfred Bester tiene ese talento: nunca deja indiferente. La primera novela de Bester que leí fue Computer Connection. Cuando llegué a la última página, exhausto y alucinado, tenía la impresión de que un geniecillo me había acompañado durante toda la novela, situándose detrás de mí y dándome palmadas en el trasero (¡Op, op, vamos, vamos...!) para que no me detuviera hasta llegar al final. Estaba perplejo, pues ese geniecillo era un personaje más de la novela, y quizá uno de los más interesantes (en un texto lleno de personajes asombrosos), pero no aparecía en ningún momento. Pese a ello, podía hacer una descripción de él: era extremadamente culto e impulsivo, y estaba lleno de una contagiosa vitalidad. Quería leer más cosas de ese tal Bester, lo malo es que no había mucho donde elegir; un par más de novelas y un puñado de cuentos. Algunos de estos cuentos eran tan memorables como "Los hombres que asesinaron a Mahoma" o "Nada es como antes", en los que Bester no sólo demostraba que podía mantener su pirotécnico estilo en un relato breve, sino que además era capaz de encontrar el enfoque más original posible para ideas que ya habían sido usadas una y otra vez por otros autores. Con él, hasta lo más trillado volvía a ser sorprendente. En la siguiente novela que leí suya, El hombre demolido (aunque se trataba de su primera novela publicada), me volví a encontrar con el inquieto geniecillo empujándome (¡op, op!) y soplándome ingeniosas citas al oído. Para entonces, ya había comprendido que este personaje invisible no podía ser otro que el propio Bester, que te arrastraba con su arrolladora forma de escribir; una revolución de un hombre solo, como lo definió alguien, sin duda el personaje más interesante de un escritor que ha creado los personajes más inolvidables de la ciencia ficción. ¿Por qué había escrito tan poco? Esto era evidente; la propia vida de Bester debía ser tan pirotécnica como sus novelas, no podía permanecer quieto en un sitio, debía «jauntear» (uno, dos, tres, ¡salta!) de un lado a otro, de una afición a otra, incapaz de abarcarlo todo en una sola vida, lleno de apasionada curiosidad y de ganas de disfrutar de todo lo que el mundo podía ofrecerle, un auténtico Hombre del Renacimiento. Es muy extraño, pero Computer Connection describía el típico futuro deprimente, superpoblado y lleno de problemas, pero no me di cuenta de este detalle hasta la segunda o tercera lectura. El pesimismo es una de las pocas cosas que no le salen bien a Bester, creo que debe ser algo completamente antinatural para una persona de su vitalidad. Sus historias suelen ser crueles y con un toque de genuino bouquet de malades, pero de alguna forma Bester se las arregla para que ello nos resulte divertido y hasta atractivo, nunca sórdido o deprimente. En Las estrellas, mi destino no es un personaje el que salta de un lado a otro lleno de optimista vitalidad, es una sociedad entera, llena de contrastes y colores saturados, la que lo hace a la vez que su vengativo protagonista, Gully Foyle. No es una sociedad apacible y completamente feliz porque está claro que Bester (igual que el personaje que interpreta Orson Welles en El tercer hombre), hubiera preferido vivir en la turbulenta Florencia del Renacimiento y no en la pacífica y aburrida Suiza, pero es una sociedad en la que (como diría más adelante Bester en su novela Golem100) «no se sabía nunca cuándo uno caería muerto de súbito, pero se sabía en cambio que se estaba espléndidamente vivo». Los mundos de Alfred Bester no son lugares aptos para la vulgaridad o las medias tintas. Las estrellas, mi destino es la mejor novela de Bester y una de las novelas más importantes que ha dado la ciencia ficción en toda su historia, una novela capaz de gustar a todo el mundo, o por lo menos de no dejar indiferente a nadie. Ése es el «truco» de Alfred Bester; pero a él le debe resultar extremadamente fácil: le basta con dejar algo de sí mismo en cada cosa que escribe para obtener un texto apasionante. Bester sólo nos está vendiendo su forma de ver el mundo, optimista, barroca, trepidante, peligrosa... Si no has leído nada de Bester hasta el momento, puedes estar seguro de que estás a punto de descubrir algo poco común. Sujétate fuerte a la silla, aprieta los dientes y... Vamos, vamos, no te pares ahora, hombre... ¡op!, ¡salta! Juan Miguel Aguilera
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