NEAL STEPHENSON
SNOW CRASH

El gran best-seller ciberpunk de los noventa

Una novela desinhibida y rebosante de ideas que se ha convertido en el texto más popular de la ciencia ficción moderna.

En el futuro cercano, los americanos sólo destacan haciendo cuatro cosas: música, películas, programas... y repartir pizza en menos de treinta minutos. En el mundo real, Hiro Protagonista trabaja de repartidor para Pizzas Cosa Nostra Inc., pero en el Metaverso es un príncipe guerrero. Y en el Metaverso se enfrenta con algo aún más terrible que la posibilidad de llegar tarde a una entrega: el enigma de un virus que amenaza con provocar el infocalipsis.

Sólo en muy contadas ocasiones aparece un escritor que desafía cualquier tipo de comparación y cuya originalidad es capaz de redefinir nuestra forma de mirar el mundo. Neal Stephenson es uno de estos escritores, y Snow Crash la novela con la que ha revolucionado la ciencia ficción. Es una novela generosa, ágil y tremendamente divertida que ganó de inmediato el carácter de libro de culto en la red y saltó inevitablemente a las listas de best-sellers.

«Snow Crash es un fantástico torbellino superrealista, un proyectil comicogrotesco disparado hacia un mañana que ya está ocurriendo.»
Timothy Leary


La novela que revitalizó el ciberpunk... con unas gotas de sentido del humor.

A ambos lados de la autopista de Los Ángeles, las franquicias se suceden unas a otras hasta donde alcanza la vista: las Puertas Perladas del Reverendo Wayne, el Nuevo y Más Grande Hong Kong de Mr. Lee, Pizzas Cosa Nostra, Inc. de Tío Enzo... El único respiro que hay en el mar de logos y carteles se encuentra al otro lado de las bien guardadas fronteras de las ciudades estado independientes, cuyos ciudadanos intentan no abandonar nunca. ¿A quién podría extrañar que casi todo el mundo opte por buscar refugio en un universo virtual? El Metaverso es el último reducto de la libertad, el único lugar donde todo sigue siendo posible sin jugarse la piel. Pero ahora está siendo amenazado por un nuevo tipo de virus conocido como Snow Crash, un virus que amenaza con desencadenar el infocalipsis...

Snow Crash es una de esas raras novelas que marca un relevo generacional: sus páginas destilan la presencia de una voz innovadora que contempla el mundo con ironía desde una perspectiva tan fresca como radical. Es una obra pirotécnica y vertiginosa, guiada por una incontenible pasión de narrar, pletórica de ideas nuevas y que destila un tono cómplice y socarrón en sus todas sus páginas. Una revolución de un solo libro en la historia reciente del género.

Desde la cultura post-punk a los mitos sumerios, pasando por todo lo demás.


EL AUTOR

Neal Stephenson proviene, en tercera generación, de una familia de profesores itinerantes y desarraigados de ciencias puras e ingeniería. Escribió Snow Crash entre 1988 y 1991 mientras escuchaba un montón de música machacona y deprimente a todo volumen. Desde 1984 ha vivido casi siempre en la zona noroeste de Estados Unidos; consume su tiempo entre escribir novelas y algún artículo ocasional, jugar con el ordenador, oír speed metal y patinar. Sus trabajos más recientes son la novela Criptonomicon y el ensayo In the Beginning Was the Command Line, una historia de los sistemas operativos.

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PRESENTACIÓN

En 1984 vieron la luz dos novelas que iban a tener muy distinta resonancia. Una de ellas, Neuromante, del canadiense William Gibson, renovó la SF y prácticamente inventó una visión de la tecnología y su interacción con el ser humano que, plasmada más tarde en creaciones tanto literarias como cinematográficas e incluso musicales, se convertiría en uno de los memes contraculturales de más éxito de los ochenta: el ciberpunk. Aunque Neuromante no surgió de la nada (pensemos, por ejemplo, en el film Blade Runner, de 1982), el impacto que provocó su publicación la llevó a acaparar todos los premios imaginables y la convirtió en el libro de SF de referencia del último cuarto del siglo xx. Todavía se sigue reeditando.

La otra novela pasó sin pena ni gloria. A juzgar por los datos disponibles, no era una obra de ciencia ficción sino más bien se trataba de una comedia juvenil. Su título era The Big U, y había sido escrita por un tal Neal Stephenson. Hoy en día los catálogos la listan como «agotada», y lleva varios años así.

Entre la publicación de ambas novelas y la aparición de Snow Crash, la tercera novela de Stephenson y la primera de este autor que se puede considerar un gran éxito, transcurrieron ocho años. En ese periodo, el ciberpunk, un movimiento renovador y con cierta tendencia al rompe y rasga y a quemar etapas, pasó como en fast-forward por todas las fases de cualquier corriente artística o literaria, hasta el punto de ser dada por muerta y a todos los efectos abandonada por casi todos aquellos que en su día abanderaron el Movimiento. Naturalmente, dejó a su paso algunos cadáveres hermosos (pensemos en la obra de Pat Cadigan, Bruce Sterling o Walter Jon Williams, por citar algunos ciberpunks notables) y una influencia duradera. Pero sobre todo generó una imparable marea de imitadores que inundaron las estanterías con aventuras más o menos clásicas a las que se había aplicado un barniz posmoderno y aderezado con términos como «red», «ciberespacio» o «IA»: nomenclatura informática y sueños digitales para disimular el agotamiento del impulso renovador, para tapar la absoluta carencia de ideas nuevas. Autoplagio. El fin de la revolución.

Hasta Snow Crash, claro.

Stephenson es un provocador nato; lejos de él la idea de imitar o repetir los esquemas de otros autores, y en Snow Crash se encarga de demostrarlo a lo grande.

Esta obra tiene la extraña habilidad de ser, simultáneamente, la más creíble y a la vez la más especulativa y fantasiosa de las novelas ciberpunk. En vez de los tecnodelirios acerca de implantes cerebrales e inteligencias artificiales ultrahumanas en los que el subgénero abunda, Stephenson diseña una extensión lógica y perfectamente plausible de las redes informáticas actuales; tanto, que en realidad es difícil explicar por qué no podría funcionar hoy en día. Y con la misma mirada racionalista extrapola otras tendencias, no ya tecnológicas sino sociales y culturales, de forma tan certera que, aunque nos parezcan exageradas o caricaturescas, no dejan de provocarnos un escalofrío.

Sus personajes, lejos del tópico del héroe impasible y de recursos inagotables, piensan en sus madres, sienten miedo, meten la pata y en ocasiones querrían estar muy lejos de donde los ha llevado la acción. Son personas. Sí, claro, también son héroes (como Stephenson no deja de recordarnos de forma socarrona al llamar a uno de los principales personajes Hiro Protagonist, Héroe Protagonista). Pero, ¿cuándo fue la última vez que leíste una aventura en que el héroe no le quita el ojo de encima a su antagonista para poder huir aterrorizado si éste intenta acercarse?

El mundo que nos pinta Stephenson es extraño, pero a la vez tan familiar que al leer llegamos a tener la sensación de que hemos encontrado accidentalmente el periódico de pasado mañana o del año que viene. Y las ideas con las que nos bombardea son tan sugerentes, están tan bien imbricadas, son tan..., rayos, tan originales que uno no puede sino cerrar a veces el libro por unos instantes y dejar vagar la mente por las infinitas posibilidades que nos regala generosamente Stephenson. Añádansele a la mezcla unas gotas de romance, no poca dosis de acción y grandes, inmensas cantidades de ironía aderezadas con cierta amarga reflexión, y tendremos una idea bastante aproximada de lo que nos depara Snow Crash.

Así que pasa página y no pierdas el tiempo. Te reto a que al terminar me digas que la novela te ha dejado indiferente.

Juanma Barranquero


Ficha técnica:
Neal Stephenson, Snow Crash (1991)
Gigamesh Ficción, núm. 6
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Juanma Barranquero
Prólogo de Juanma Barranquero
Ilustración de portada de Juan Miguel & Paco
ISBN 84–9306683–5–4
P.V.P. 14,50 € (2.413 ptas.)
432 págs.