GREG EGAN
EL INSTANTE ALEPH

Donde la metafísica no había llegado nunca

La novela más apasionante de un
escritor enfermizamente racionalista

Andrew Worth, periodista especializado en divulgación científica, rechaza investigar una nueva y misteriosa enfermedad mental, la Angustia; en su lugar acepta un reportaje en la isla artificial de Anarkia, donde se celebra el Congreso del Centenario de Einstein y en el que se presentan a debate varias teorías candidatas a la TOE, la Teoría del Todo soñada por los físicos. Pero allí descubre una trama que amenaza la vida de los físicos más eminentes y se ve abocado a una carrera contrarreloj mientras se acerca el Instante Aleph, una catástrofe de dimensiones cósmicas que se extenderá por el tiempo hasta alcanzar el mismísimo Big Bang.

El Instante Aleph es una novela rigurosa que ataca con una valentía singular un tema que rara vez ha sido abordado por la ciencia ficción: la posibilidad de que se llegue a formular la TOE definitiva. Pero además, Greg Egan explora diversas y fascinantes premisas metafísicas y durante el trayecto elabora una de las novelas más complejas, personales y sugerentes que ha dado el género en toda su historia.

«Es imposible explicar la intensidad y complejidad de este libro, tanto en el aspecto emocional como en el intelectual, y la euforia que puede producir.»
Russell Letson, Locus


La novela más personal de Greg Egan: una obra exigente, implacable y conmovedora.

Andrew Worth es periodista científico; su trabajo consiste en lograr que la Ley de Clarke, la máxima de que una tecnología suficientemente avanzada resultaría indistinguible de la magia, no sea aplicable a los humanos ni a su tecnología. Debe servir de puente entre el verdadero conocimiento y las expectativas comerciales de las cadenas de noticias. Asqueado tras la preparación de un programa sobre frankenciencia, y con la capacidad afectiva en entredicho, Andrew se vuelca en un reportaje acerca de la vida de Violet Mosala, una brillante física sudafricana ganadora del Nobel. Lo que no imagina es que está a punto de convertirse en el protagonista de una pesadilla metafísica a la que nada ni nadie puede escapar.

Greg Egan ofrece en El Instante Aleph una de las reflexiones más incisivas que ha dado el género sobre la relación del hombre con la ciencia y la tecnología, examinando el sustrato ético de un modo de vida sometido a un proceso de cambio que se ha convertido en permanente. Es una novela de una sinceridad desarmante que analiza el problema básico de la comunicación entre los seres humanos y transpira una honda preocupación por el uso y abuso de los avances científicos; una obra crítica y desmitificadora animada por un raro aliento utópico, en la que el autor se ha volcado sin ambajes.

Un análisis certero y apasionado sobre la relación del hombre con la tecnología.


EL AUTOR

Greg Egan, nació en 1961 en Perth (Australia). Se graduó en matemáticas por la Universidad del Oeste de Australia, y se dedica tanto a la escritura como a la programación. Entre otros galardones ha obtenido en dos ocasiones el premio australiano Ditmar a la mejor novela, el Kurd Lasswitz a la mejor novela publicada en Alemania por El Instante Aleph, así como el John W. Campbell Memorial. Cuenta asimismo con cuatro premios Gigamesh por sus novelas y relatos.

La obra de Egan destaca por su examen del impacto de las nuevas tecnologías en el hombre, y el autor explora en ella las consecuencias éticas que puede llegar a tener sobre nuestro comportamiento. Al mismo tiempo, plantea asombrosas especulaciones acerca del desarrollo de la propia tecnología. Todo ello da forma a algunas de las narraciones metafísicas más notables que ha dado la ciencia ficción.

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PRESENTACIÓN

Greg Egan podría haber sido un espléndido escritor de terror.

Para comprobarlo basta con leer el primer capítulo de la novela que tienen entre manos. Adelante, hagan la prueba, no son más que unas pocas páginas. Yo espero aquí.

¿Listo? Bien.

¡Qué fantasía tan aterradora! De pronto te despiertas en un hospital, crees estar a salvo, pero no tardas en descubrir que simplemente te han resucitado durante unos segundos para cooperar en la investigación policial de ¡tu propio asesinato! Incluso la escena comienza con una frase, «De acuerdo. Está muerto. Adelante, habla con él», deliciosamente paradójica, señalándonos que el firme de la realidad puede desaparecer en cualquier momento.

Y de eso se trata. La experiencia de Daniel Cavolini es la de cualquier lector de Greg Egan. Estás leyendo tranquilamente, y de pronto, sin avisar, lo que habías considerado como base firme de tu existencia desaparece y te encuentras flotando en el aire preguntándote cuándo empezará la caída. En las ficciones de Greg Egan, no sólo la realidad no es lo que parece; en ocasiones, simplemente no hay realidad a la que aferrarse. Poniendo en duda cualquiera de nuestras preciadas creencias, los relatos y novelas de Greg Egan siempre llevan con rigor y lógica sus ideas hasta las últimas consecuencias, y a pesar de ser ciencia ficción, producen ese sentimiento de terror metafísico que tanto amaba Philip K. Dick.

En particular, la búsqueda del fundamento final de la realidad es la base de la trilogía informal de la cosmología subjetiva, formada por Cuarentena, Ciudad permutación y la novela que hoy presentamos. Cosmología subjetiva porque la presencia de observadores inteligentes es imprescindibles para la propia existencia del universo. En Cuarentena, la existencia de la mente humana fija una realidad cuántica entre las muchas posibles. En Ciudad permutación, es tarea de la mente ordenar el caos de puntos incoherentes del universo. En El Instante Aleph... No, mejor dejo que lo descubran por sí mismos.

Sí puedo decirles que El Instante Aleph es una novela apasionante, donde la fértil imaginación de su autor recrea un futuro cercano simultáneamente creíble, sólidamente anclado en las elucubraciones científicas, y extraño, porque sus habitantes (que para nosotros forman casi un catálogo teratológico: autistas voluntarios, muertos vivientes, nuevos géneros sexuales1 y millonarios con ADN reconvertido) se han adaptado a vivir en él.

Por entre las peripecias de la novela, que se mueve inexorable hacia su conclusión rigurosa, Greg Egan introduce sus preocupaciones. Dos son claras, y es fácil leer algunos párrafos como declaraciones del autor. Tenemos la presencia continua de la idea que afirma que la ciencia debería ser una actividad regida por condicionantes culturales y raciales, en lugar de un cuerpo de conocimiento objetivo. Es una idea tonta para cualquiera con conocimientos científicos y el autor la ridiculiza continuamente. Pero hay una variante que a Greg Egan le toca más de cerca: la idea de que no se puede hacer ciencia ficción a secas, sino que hay que hacer ciencia ficción australiana (en su caso). Idea intolerable para un autor que ha defendido siempre su derecho a elegir libremente su forma de escribir.

Y otro tema que le preocupa es el culto a la ignorancia, tan común hoy en día y que es el antagonista real de su obra. Para un autor que ha hecho del rigor el eje de su obra la idea de no saber le parece absurda. Si no se sabe, es imposible decidir ni actuar. Uno de los personajes de la novela lo articula muy bien al describir el sistema educativo de Anarkia y no me resisto a citarlo: «Si las personas conocen las fuerzas biológicas que influyen sobre ellas y quienes las rodean, por lo menos tendrán la oportunidad de adoptar estrategias inteligentes para conseguir lo que quieren con un conflicto mínimo, en lugar de dar tumbos por ahí cargados de mitos románticos y buenas intenciones cortesía de algún filósofo político muerto».

Me alegra mucho que Greg Egan escriba ciencia ficción en lugar de terror. El efecto de Greg Egan sólo puede obtenerse en la ciencia ficción, que al ser una literatura primero de ideas y luego de todo lo demás, permite al lector experimentar directamente el impacto de una noción, de una cábala informada, sin que un personaje la debilite. Poco valen las distinciones literarias clásicas con Greg Egan; se escapa y, como Borges, se extravía periódicamente en la metafísica.

Greg Egan no escribe novela social. Greg Egan no escribe novela psicológica. Greg Egan escribe novela neurológica. Puestos a analizar el ser humano, ¿por qué hacerlo desde aproximaciones toscas como la sociología o la psicología? Greg Egan desciende a niveles más profundos. No es un autor fácil, pero es un autor rico que nos obliga a pensar sobre lo que damos por supuesto.

Pasen y lean. Y maravíllense.

Pedro Jorge Romero

1 Greg Egan introduce en particular un género «neutro» que ha comportado numerosos problemas de traducción, dada la imposibilidad de verterlo de forma natural al castellano. Se ha optado finalmente por la introdución del artículo determinado eil, el pronombre éil y un tratamiento gramatical mixto: adjetivos en femenino, construcciones leístas y los demás casos en masculino. (N. del E.)


Ficha técnica:
Greg Egan, El Instante Aleph (Distress, 1995)
Gigamesh Ficción, núm. 8
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Adela Ibánez
Prólogo de Pedro Jorge Romero
Ilustración de portada de Juan Miguel & Paco
ISBN 978–84–930663–7–6
P.V.P. 17,95 €
352 págs.