STEVEN BRUST
LA GUARDIA FÉNIX

Un gran logro de la fantasía
moderna: una novela tan apasionante
como divertida

Un chispeante homenaje a Dumas
en clave de fantasía

Cuando el joven Khaavren decide enrolarse en la Guardia Imperial en busca de aventuras, poco podía sospechar que de él y de sus compañeros dependería el futuro del Imperio Dragaerano. Y en un mundo en el que la traición está presente en los lugares más insospechados, la propia vida y los ideales deben respaldarse con astucia, mucha capacidad de improvisación y, sobre todo, la fuerza de la espada.

Escrita en la mejor tradición de la novela fantástica como un libro dentro de un libro, La Guardia Fénix se erige como una de las lecturas más frescas y deslumbrantes que ha dado la fantasía de finales de siglo. Está dotada de un sentido del humor exquisito y jalonada por unos diálogos simplemente brillantes; Steven Brust mezcla magistralmente fantasía, sátira y metaficción en un mestizaje que ha abierto nuevas rutas para el género.

«Atención con Steven Brust. Es bueno,
se mueve deprisa y sorprende.»
Roger Zelazny


La Guardia Fénix es leal al Emperador... pese a lo que opine el resto de la corte.

Khaavren es un joven noble de una casa tiassa que, aunque venida a menos, permanece leal al Emperador. Viaja a la ciudad de Dragaera con la intención de poner su espada y su ardor juvenil al servicio de Su Majestad Imperial, y en su camino forja amistad con otros tres jóvenes que, como él, quieren participar de la gloria de la Guardia Fénix. Y así, superando los obstáculos que se interponen en su camino (en ocasiones de un modo algo expeditivo, todo hay que decirlo), no dudarán en emprender las misiones más peligrosas y arriesgar la vida para proteger al Emperador y velar por la tranquilidad del Imperio, o mejor dicho, por la seguridad del Imperio, que tranquilidad y juventud no son cosas que hayan ido nunca de la mano...

Partiendo de las premisas más trilladas de la fantasía de género, Steven Brust logra, sin embargo, retorcer sus temas y tópicos de un modo brillante, al tiempo que experimenta de forma juguetona con diálogos, puntos de vista y un desarrollo enrevesado de las tramas, siempre haciendo gala de un sentido de la ironía seductor. En La Guardia Fénix homenajea a Dumas y Los tres mosqueteros en particular y, mediante el recurso de un narrador de ficción deliciosamente entrometido (en la tradición de textos como La princesa prometida), a los clásicos de la época romántica y el folletín en general.

La novela más satisfactoria de un autor fresco e innovador. ¿O de dos autores?


EL AUTOR

Steven Brust, nacido en Minneapolis en 1955, proviene de una familia con raíces húngaras, está casado, tiene cuatro hijos y ha desempeñado multitud de trabajos, incluyendo el de programador y músico en diversos grupos; toca el banjo, la guitarra y es percusionista, así como autor del disco A Rose for Iconoclastes. Entre su obra escrita, dedicada sobre todo a la fantasía, destaca en popularidad la serie de Vlad Taltos, de la que lleva publicadas nueve novelas de ambiente común con La Guardia Fénix. Actualmente trabaja en una trilogía también relacionada con la presente novela.

Más información sobre el autor


PRESENTACIÓN

La creación de un mundo, con seres y sociedades imaginarias, es un recurso tan habitual como necesario entre los escritores de fantasía y ciencia ficción. Pero que ese «mundo» sea elegante y rico en detalles, poblado por criaturas y sociedades creíbles y lógicas, es un privilegio de muy pocos, entre los que, sin duda, podemos contar a Steven Brust. La sociedad dragaerana de sus novelas es a la vez compleja, sofisticada y, lo que es aún más importante, creíble.

Al contrario que en otras novelas suyas donde el autor se explaya en su descripción, en La Guardia Fénix el lector descubre paso a paso la idiosincrasia de tan peculiar sociedad. En esencia, los dragaeranos (así los llama el autor en otras novelas, puesto que los personajes se llaman a sí mismos humanos) son bastante altos, de rasgos estilizados y tienden a vivir unos cuantos miles de años. Se podría pensar que ese tipo de características está un poco gastado, y más de uno verá planear en ellas la sombra del elfo tolkiniano. Nada más lejos de la realidad. Los dragaeranos (o al menos aquellos en los que el narrador centra su atención) tienden a dejarse llevar por sus emociones, ya sea en sentido caballeresco o por la más pura codicia, y forman una sociedad tumultuosa y nada lánguida. Esa sociedad está estructurada básicamente en diecisiete casas, ligadas cada una a un animal representativo al que el narrador hace continuas referencias. Todos los dragaeranos pertenecen a una u otra casa y eso modela su personalidad y condiciona su comportamiento hasta extremos casi dramáticos.

Para explicar rápidamente las diecisiete casas, y en un intento de que esto sirva como referencia durante la lectura, reproduzco un poema de otra novela del autor:

El fénix se sume en la decadencia,
el altivo dragón matar ansía.
El lyorn gruñe y baja el cuerno,
el tiassa sueña y nacen las conspiraciones.
El halcón observa desde su orgulloso vuelo,
el dzur acecha y se funde en la noche.
El issola impresiona con su elegante reverencia,
el tsalmoth se mantiene aunque no sabe cómo.
El vallista destruye y luego reconstruye,
el jhereg se alimenta de la caza de los demás.
El sigiloso iorich no olvida,
el astuto chreotha teje su nido.
El yendi se aovilla y golpea, invisible,
la orca describe círculos, poderosa y esbelta.
El asustadizo teckla se esconde en la hierba,
el jhegaala cambia a cada momento.
El athyra gobierna el intercambio de mentes,
el fénix resurge de sus cenizas, gris.

La obra principal de Steven Brust es su todavía incompleta serie de Vlad Taltos, en la que tiene proyectados un total de diecinueve libros y de la cual La Guardia Fénix es una precuela, aunque pueda ser leída sin problemas como novela independiente. De hecho, Brust se alejó mucho de su estilo habitual al escribir este libro en un intento de acercarse a los clásicos de aventuras de siempre. Quienes hayáis leído Los tres mosqueteros de Dumas no podréis por menos que notar su esencia a lo largo de toda la novela. El homenaje de Brust se hace especialmente evidente en la figura de Paarfi, ese pomposo personaje que ejerce de narrador y que, en ocasiones, llega a convertirse en el verdadero protagonista de la obra.

Como buen discípulo de Roger Zelazny que afirma ser, Brust exhibe en todas sus novelas un magnífico control tanto de la acción como, sobre todo, de los diálogos, desarrollando unas tramas a la vez complejas y elegantes. Siendo un escritor relativamente prolífico, Brust es poco conocido en nuestro país, con sólo tres novelas publicadas hasta el momento. Por desgracia, aquí nos hemos quedado varados en Moorcook, Leiber o Zelazny y no hemos seguido explorando mucho de lo que tiene para ofrecernos la fantasía, abandonándonos a las franquicias y aparcando el género en la estanteria de «juvenil».

Pau Carles


Ficha técnica:
Steven Brust, La Guardia Fénix (The Phoenix Guards, 1991)
Gigamesh Ficción, núm. 12
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Estela Ponisio
Prólogo de Pau Carles
Ilustración de portada de Corominas
ISBN 978–84–932250–3–2
P.V.P. 19,95 €
416 págs.