RAFAEL MARÍN
LÁGRIMAS DE LUZ

La novela que marcó un antes y un después en la ciencia ficción española

Un cantar de gesta arropado con la imaginería del space opera

Tercera Edad Media: la humanidad languidece en la vieja Tierra mientras las naves de la Corporación llevan la Conquista a otros sistemas. Los mundos alienígenas son arrasados y explotados en nombre de la expansión humana, y estas gestas bélicas son cantadas por los poetas, hombres que a bordo de las naves componen sus poemas épicos acerca de las grandes hazañas guerreras, debidamente embellecidas, exaltadas... y deformadas.

Favorita indiscutida de la ciencia ficción española, la novela Lágrimas de luz y los relatos “A tumba abierta” y “Ébano y acero” (recogidos por primera vez de forma conjunta en un solo volumen) trasladan al mundo del space opera los elementos que dieron gloria a los cantares de gesta medievales. Partiendo de las imágenes más tradicionales de ambos géneros y haciendo gala de un estilo virtuoso rayano en lo poético, Rafael Marín dio forma a un ciclo que se ha convertido en verdadero referente para los aficionados españoles desde su publicación original en la década de los ochenta.

«[Esperemos que Lágrimas de luz] represente el primer paso hacia la consecución de una SF nacional de la que todos nos podamos sentir orgullosos.»
“Novedades SF”, Cimoc


La búsqueda de la libertad en una sociedad que exige la sumisión del individuo.

Deseoso de huir de la esclavitud y el vacío existencial que encuentra en el planeta Tierra, Hamlet Evans vivirá el anhelo y después el desencanto de una peripecia vital que lo llevará a ser clérigo en el asteroide Monasterio, poeta oficial de una nave en lucha en los planetas más allá del Confín, juglar y campesino en un mundo adecuadamente llamado Castigo, rebelde madurando a través de una sucesión de experiencias traumáticas, actor ambulante perseguido, payaso... y responsable de un circo galáctico que salta de mundo en mundo con su carga de esperanzas rotas.

Lágrimas de luz es una novela vasta y ambiciosa que en la presente edición se completa con dos relatos ambientados en el mismo universo: “A tumba abierta” y “Ébano y acero”. Rafael Marín, movido por una incontenible pasión de narrar, mezcla la tradición de la novela picaresca, los cantares de gesta, la crítica antibelicista y la poesía, y lo adereza todo con la impronta personal de uno de los mejores estilistas que ha dado el género fantástico en nuestro país. El conjunto constituye una reflexión madura sobre nuestras propias aspiraciones, una mirada descarnada sobre el carácter y el destino del ser humano, atrapado en la eterna contradicción entre la capacidad de crear y la tendencia a la autoinmolación física y espiritual.

Un libro de culto y una de las cumbres de la ciencia ficción española moderna.


EL AUTOR

Rafael Marín (Cádiz, 1959) es licenciado en filología inglesa, profesor, traductor, articulista, guionista de cómics y novelista. Considerado una de las voces más importantes de la literatura fantástica en español, ha publicado varias novelas y antologías de relatos, siendo Lágrimas de luz su obra más conocida. Su firma es asidua en diversos medios dedicados al género fantástico y al mundo del cómic. Ha guionizado los cómics Iberia Inc, Triada Vértice, The Inhumans y Fantastic Four, y dirige la revista Yellow Kid, centrada en estudios sobre la historieta.

Más información sobre el autor


PRESENTACIÓN

Éste es un mensaje en cadena. Reenvíalo.

Lector, este libro duele, y al mismo tiempo obra efectos milagrosos. Por eso te ruego que difundas este mensaje entre todos tus amigos y conocidos. Así lo hizo un aficionado madrileño al género y consiguió a la chica de sus sueños. No duraron mucho tiempo, pero la consiguió. Un escritor gaditano también difundió la noticia, le relató con todo lujo de detalles el libro recién escrito por su amigo a la chica que le gustaba, y como resultado de aquella velada hoy forman un feliz matrimonio y son padres de una hermosa niña.

Por contra, otro aficionado rompió la cadena en una lista de correos de Internet, amenazó con devolverle el libro a su autor, y ello le supuso caer en el descrédito y el ridículo ante sus colisteros. Está demostrado: no rompas la cadena, difunde este libro. Te alegrarás.

¿Por qué duele Lágrimas de luz? No es fácil de explicar si no se han leído en su integridad la novela y los relatos que la complementan, “A tumba abierta” y “Ébano y acero”. Forman un universo narrativo propio, coherente, unido en torno al dolor y el hastío, la desesperación y las heroicidades inútiles. Rafael Marín no deja un solo resquicio para el optimismo (léase el párrafo final de “Ébano y acero”, que desmonta con estrépito cualquier atisbo de complicidad entre narradora y lector), nos demuestra que toda resistencia al poder establecido es, por fuerza, baldía. Y, no obstante, urde una novela y dos relatos que, lejos de ahuyentar al lector, consiguen conmover hasta el dolor, como una rosa de belleza insultante clavando sus espinas en un corazón desprevenido.

Con todo, lo más impresionante de Lágrimas de luz estriba en que Rafael Marín la escribió con veintidós años, en apenas nueve meses. Una edad absolutamente impropia para escribir una novela tan compleja, amarga y madura. Y, al mismo tiempo, una reflexión tan profunda y exhaustiva sobre el hecho artístico. Algo desconcertante, teniendo en cuenta que el escribir la novela en primera persona nos lleva a suponer que Rafael Marín y Hamlet Evans son cada uno un trasunto del otro, y éste reconoce al comienzo de Lágrimas de luz, con apabullante sinceridad: «Yo tenía veinte años y no había hecho otra cosa por la vida excepto quejarme». ¿Cómo iba a quejarse Marín, autor cuya valía ya era reconocida por el fandom español, tras la publicación y excelente acogida de relatos como “Nunca digas buenas noches a un extraño”, “Mein führer” o “La luna pálida”?

Leyendo Lágrimas de luz da la impresión de que Rafael recorrió en apenas nueve meses todo el itinerario de dolor y verdad que a Hamlet le cuesta veinte años completar, tanto en lo relativo a su poética como en sus relaciones personales. Rafael Marín diseña todo un universo con apenas unos trazos, y a continuación crea unos personajes tan creíbles que resulta imposible abstraerse a la impresión de que son reales. Un universo en el que Nueva York, el gran ordenador (¿ciborg?) que, aliado con la omnímoda Corporación, rige los destinos de la Humanidad en su triunfal expansión más allá de la Tierra. Un universo en el que la fuerza bruta es esencial, y la poesía sólo es admisible como arma propagandística. Un universo en el que cualquier zafia escaramuza tiene que ser maquillada como si de una batalla épica se tratase. Un universo de amor libre en el que todo, absolutamente todo el mundo está solo.

El aprendizaje de Hamlet se prolonga veinte años. En lo sentimental, goza de la iniciación puramente sexual en la cúpula del placer (anécdota que originará unas coplas pícaras cuya sombra le persigue durante toda la novela), del amour fou en Monasterio (por cierto, Hroswitha es la narradora de “Ébano y acero”), el amor imposible de Valeria en el planeta Castigo y, por último, el amor desigual, asimétrico y milagroso de Wimdyl en la compañía circense de Paddy. En lo artístico, pasa de la poesía por la poesía en su Tierra natal al duro aprendizaje en Monasterio, y a continuación el horror, el horror de la épica mercenaria y propagandística (hay momentos en que uno visualiza a Ares Wayne, a quien también se menciona en “A tumba abierta”, con los atributos de Robert Duvall en Apocalypse now), la poética de la lucha diaria por la vida en Castigo, la progresiva bufonización a lo largo de su vida en el teatro y, finalmente, su conversión en payaso. De la poesía desnuda a la realidad desnuda, tanto en el amor como en el arte.

Y siempre, siempre, perseguido por la figura de su medio hermano Orfeo, capitán Ahab a medida para un Moby Dick que también cuenta con su Ismael.

¿«El horror, el horror», he dicho? No: más bien habría que decir «el dolor, el dolor». Una vez concluida y publicada, Lágrimas de luz se convirtió en un clásico inmediato, pero Rafael Marín tuvo mala suerte: su aparición coincidió con el cierre de Nueva Dimensión y el inicio de una década sin apenas actividad, y su autor en el abanderado de esa «generación perdida» que, junto con Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, Elia Barceló y Juan Carlos Planells, produjo algunas de las mejores obras del género en una época en la que, literalmente, el género regresó a las catacumbas. El despegue de los noventa, y esto no puede ser casualidad, vino marcado, entre otros hitos, por la aparición en 1991 de “De entre la niebla” y por la concesión del primer premio UPC a “Mundo de dioses”. Rafael Marín volvía a la primera fila, pero siempre bajo el síndrome de Lágrimas de luz. De hecho, resulta sintomático que, tras tantos años viviendo a remolque de su obra (que, no lo olvidemos, transcurre a lo largo de la veintena y la treintena de Hamlet Evans), Marín no haya superado el citado síndrome, cambiado radicalmente de registro y empezando a producir lo mejor de su obra hasta los cuarenta años, justo la edad que tiene Hamlet cuando termina Lágrimas de luz. Coincidencia o no, exorcismo o simple evolución, es un hecho que induce a reflexionar.

Lágrimas de luz es una de las pocas novelas españolas de ciencia ficción producidas dentro del fandom que se pueden enseñar a un lector no asiduo al género. O, mejor aún, a una lectora, a ser posible la chica que te gusta, lector. (O, si eres una lectora, el chico que te gusta: seguro que también funciona.) No rompas la cadena, háblale de ella a esa persona tan especial; mejor aún, regálasela. Lo agradecerás. Aprenderás lo que es la verdadera poesía, pues, donde un poeta torpe y principiante hubiera parafraseado el poema chino («Si por la noche lloras, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas»), Rafael Marín nos enseña que las estrellas, cuando lloran sus lágrimas de luz, no nos pueden ver a nosotros.

Juan Manuel Santiago


Ficha técnica:
Rafael Marín, Lágrimas de luz (Lágrimas de luz, 1984; “A tumba abierta”, 1991; “Ébano y acero”, 1996)
© 2002, por la edición conjunta
Gigamesh Ficción, núm. 13
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Prólogo de Juan Manuel Santiago
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
ISBN 978–84–932250–2–5
P.V.P. 17,95 €
432 págs.