KAREL ČAPEK
LA GUERRA DE LAS SALAMANDRAS

La primera gran novela catastrofista de la ciencia ficción y la más divertida de todas

El descubrimiento de las salamandras parecía inofensivo, pero....

Las salamandras son unos animales pacíficos cuyas habilidades cautivan a una humanidad que cabalga a lomos del progreso tecnológico desbocado de la entreguerra. La industria es la primera en aprovechar su enorme potencial; poco después, los gobiernos de las potencias europeas las utilizan para impulsar la industria, expandir territorios y modernizar los ejércitos. Les suministran herramientas, conocimientos, armas y un futuro del que ellas tomarán las riendas para sus propios fines.

Publicada originalmente en 1936, entre Un mundo feliz y 1984, y varios años antes que La Tierra permanece y El día de los trífidos, La guerra de las salamandras es la obra cumbre de Karel Čapek y una de las obras maestras de la ciencia ficción europea. Es una sátira prometeica en la que, con un sentido del humor memorable, la cortedad de miras de políticos y hombres de negocios conduce a uno de los apocalipsis más delirantes que se han imaginado jamás.

«Un gran autor del pasado que le habla al presente con una voz brillante, lúcida, honesta, cínica, divertida y profética.»
Kurt Vonnegut


Una advertencia cáustica e inolvidable sobre el desarrollo ciego del progreso.

El descubrimiento en una pequeña isla del Pacífico de unos anfibios dóciles con capacidad de manejar utensilios, hablar, leer y escribir, atraerá la atención del mundo entero; pero el primer hombre en explotar su verdadero potencial será un avezado empresario checo. Posteriormente, científicos, políticos y militares, desde sus posiciones mezquinas y sesgadas, intentarán obtener el mayor beneficio para ellos y para sus imperios ridículos. Atrincherados en sus feudos de poder, recelosos de sus vecinos e incapaces de prever el peligro, crean un modelo de sociedad para las salamandras que no tardará en acarrear consecuencias tan terribles como cómicas para la humanidad.

La guerra de las salamandras es la obra más importante del autor checo Karel Čapek. Citado generalmente por haber acuñado el término robot en la obra de teatro R.U.R., escrita en colaboración con su hermano Josef, Čapek ha sido leído mucho menos de lo que merece y su fama se ha visto eclipsada por la figura de su compatriota Franz Kafka, cuando el carácter seminal de una novela como La guerra de las salamandras mantiene toda su vigencia hoy en día y es, indiscutiblemente, un clásico de la ciencia ficción, así como un alegato contra el totalitarismo escrito durante el surgimiento del nazismo.

La recuperación de una de las novelas más influyentes en la historia del género.


EL AUTOR

Karel Čapek (1890–1938), figura nacional de las letras checas, nació en Bohemia, estudió filosofía en París, Berlín y Praga y se estableció en la capital checa. Trabajó como columnista, dramaturgo, director teatral y novelista. Entre su obra destacan las novelas La fábrica de Absoluto (1922), Krokatit (1924) y muy especialmente La guerra de las salamandras (1936), todas ellas fábulas de advertencia de cariz prometeico en las que destaca un espléndido sentido de la ironía.

Más información sobre el autor


PRESENTACIÓN

En nuestro acervo cultural existe un conjunto de obras que calificamos como maestras. ¿Qué hace que una novela alcance esta categoría? Parece lógico pensar que una de las características que buscamos sea la atemporalidad de la historia. Sin embargo, no resulta tan fácil que la narración se desvincule del marco espaciotemporal en el que el autor sitúa la acción e ingrese en la memoria colectiva; muchas obras han envejecido, mal que bien, a causa de una ambientación ya caduca y han caído definitivamente en el olvido. Este fenómeno puede acentuarse cuando la ambientación no corresponde a un momento determinado de la historia, sino que pretende ofrecernos una visión del futuro; corre el riesgo de quedar obsoleta en cuanto alguna de sus premisas se vuelve absurda.

Recapitulando sobre los títulos de ciencia ficción que se han incorporado al imaginario colectivo (Un mundo feliz, 1984, La naranja mecánica...), vemos que comparten unas inquietudes atemporales que no sólo se sobreponen al entorno, sino que toman prestado de este los elementos que las remarcan. ¿Cuáles son estas inquietudes? Podemos coincidir en que contienen un marcado aspecto humanista: el poder, la manipulación del individuo, la pérdida de valores. Se nos presenta un conflicto entre el individuo (o la comunidad, en algunas obras de vocación coral) y la sociedad, que en algunos casos se complementa con otro de carácter íntimo, que dota a los personajes de mayor riqueza y complejidad.

Evidentemente, estas inquietudes no son coto exclusivo de la ciencia ficción. Al contrario, siendo el género ideal para el desarrollo de grandes historias (gracias a la capacidad imaginativa que ofrece el no tener que encorsetarse en un entorno real, ya sea actual o histórico), existen desafortunadamente demasiados ejemplos de títulos con tramas banales que lo han llevado al estatus actual de subliteratura. ¿Por qué se ha producido este fenómeno? En los años treinta, en pleno auge de las revistas pulp, la ciencia ficción se ofrecía como escape de la terrible situación económica que se vivía tras el crack del veintinueve. Con las lógicas modificaciones en temática y estilo, esta corriente ha seguido imponiéndose a las demás en el mercado de mayor producción, el anglosajón.

Sin embargo, en los mismos años, en Europa corrían tiempos difíciles. Por un lado, el desarrollo vertiginoso de la industria hacía soñar con una época dorada de abundancia y bienestar. Por otro, el Tratado de Versalles había troceado el territorio y pisoteado el orgullo del pueblo alemán, propiciando la hiperinflación que condujo al hambre y la pobreza, y estos fueron un caldo de cultivo propicio para la aparición del fascismo; al mismo tiempo, en Rusia se afianzaba la otra gran expresión de totalitarismo del siglo XX: el comunismo bolchevique. El terreno estaba abonado para la aparición de obras que alertasen de una situación que, a pesar de todo, desembocaría en la Segunda Guerra Mundial.

Por otro lado, tras la desaparición del Imperio Austro-Húngaro, Checoslovaquia vivía con esperanza su democracia recién obtenida, cosa que se reflejó en una edad de oro de su literatura. Karel Čapek es, junto a Jaroslav Hašek, el autor más importante de este periodo, y es injustamente recordado por acuñar el término robot (cuyo artífice fue, en realidad, su hermano Josef) en la obra de teatro R.U.R. Dramaturgo, periodista, ensayista y, sobre todo, narrador nato, forjó en su breve vida una bibliografía extensa, plagada de lo que llamábamos obras maestras.

En 1936, cuando la amenaza de la guerra se cernía sobre Europa, Čapek escribió La guerra de las salamandras. El autor rescató la tradición satírica de Swift y la crítica social de H.G. Wells para expresar las inquietudes que lo azotaban. Pero, allí donde otro hubiese pergeñado un vulgar alegato antifascista, la perspicacia de Čapek lo llevó mucho más allá: viviseccionó una sociedad aquejada de múltiples enfermedades: el desarrollismo capitalista, el absurdo de los nacionalismos, la rendición de los políticos a intereses particulares, la mezquindad, el egoísmo, la estrechez de miras, la victoria del beneficio por encima del individuo, la deshumanización... Sí, queda un hueco para el nazismo, pero no es ni mucho menos la única muestra de la ineptitud humana en la que profundiza la mirada de Čapek, sino una consecuencia más.

Čapek desplegó lo mejor de su talento, demostrando su maestría en todas las facetas de la narrativa: la novela de aventuras, el género periodístico, la fábula... Usó una de las armas más eficaces de que dispone un artista, la ironía, para denunciar el absurdo inherente al hombre. Y, al analizarlo, dotó a la obra de la maestría a la que me refería: la novela no ha perdido un ápice de su vigencia a la vez que el lector disfruta de una lectura amena y enriquecedora. Su voz resuena aún, advirtiéndonos de nuestras propias acciones. Porque las salamandras no son sino el espejo en que se mira el alma del hombre, y sinceramente, nada ha cambiado desde que en 1936 el capitán Van Toch, en su perenne estupidez, dotase a las salamandras de armas, y los gobiernos europeos, de nacionalidad. La guerra estaba servida. Ojalá algún día aprendamos de nuestros errores.

Alejandro Vidal


Ficha técnica:
Karel Čapek, La guerra de las salamandras (Válka s mloky, 1936)
Gigamesh Ficción, núm. 16
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Anna Falbrová
Prólogo de Alejandro Vidal
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
ISBN 978–84–932250–6–3
P.V.P.: 11,95 €
240 págs.