JACK VANCE
LA PERLA VERDE

Aventuras, magia e intriga narradas con el brío característico de la pluma de Jack Vance

Segundo volumen de la trilogía de Lyonesse

Aillas de Troicinet defiende su reino, situado en el extremo sur de las Islas Elder, de las incursiones de los saqueadores ska que otrora lo esclavizaran, y de las incesantes maquinaciones del rey Casmir de Lyonesse. Mientras, el mundo de la magia se enfrenta a la maldad concentrada de una perla verde que desata olas de lujuria, envidia, muerte y destrucción.

Magos de siniestra comicidad, nobles recalcitrantes, reyes moribundos y una nueva perspectiva de los bárbaros ska se dan cita en esta segunda entrega de las crónicas de las Islas Elder. En ella, el humor, el romance y la aventura más tradicional dan paso a secuencias de intensidad casi onírica, conformando una de las tramas más ricas y disparatadas de la fantasía moderna.

«Un Vance glorioso. Y no se puede decir nada mejor: Vance no defrauda jamás.»
Frank Herbert


Acción trepidante en el conflicto sin fin por el control y dominio de las Islas Elder.

La perla verde en que se condensó la esencia maléfica de Carfilhiot aparece en una aldea pesquera, entre las vísceras de un rodaballo. El pescador que capturó la pieza es poseído por deseos maléficos y pasa de ser un marido pusilánime a convertirse en un criminal sin escrúpulos. Con cada crimen o fechoría cometidos, la perla va cambiando de manos, dejando a su paso una estela de crímenes y altercados. Y tras ella asoman las malas artes de Tamurello, que contraviene el edicto de Murgen irrumpiendo en la ya de por sí convulsa escena política de las islas. Aillas de Troicinet y Shimrod el mago se verán abocados a un peligroso periplo, mientras Casmir, el déspota de Lyonesse, sigue conspirando con la vista puesta en la victoria sobre Troicinet y el dominio del archipiélago.

Jack Vance retoma la trilogía a partir de los acontecimientos narrados en El jardín de Suldrun. En La perla verde la acción adquiere mayor protagonismo, y mientras los protagonistas recorren esa rica y vasta tierra preartúrica, Vance despliega, con la aparente sencillez de la que sólo puede hacer gala un maestro consumado, un suntuoso abanico de paisajes extraños y maravillosos, ciudades inolvidables, personajes tragicómicos y criaturas míticas capaces de cautivar al lector más avezado. Vance en estado de gracia.

Segunda entrega de la trilogía que consagró a Vance en el campo de la fantasía.


EL AUTOR

Jack Vance nació en 1920. Estudió ingeniería y física en la Universidad de California, y después se dedicó al periodismo. Publicó su primer relato mientras servía en la marina mercante durante la Segunda Guerra Mundial, y su primera novela en 1950. Es un escritor prolífico que ha cultivado tanto la ciencia ficción, como la fantasía y la novela policíaca.

Entre los múltiples galardones que ha recibido se cuentan el Hugo, el Nebula, el World Fantasy (por el volumen que cierra la trilogía de Lyonesse) y el título de Gran Maestro, otorgado por sus pares.

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PRESENTACIÓN

El lector de El jardín de Suldrun (primer volumen de esta trilogía de Lyonesse) ya debe de estar familiarizado con las coordenadas mítico-geográficas de las Islas Elder, que entroncan con la literatura medieval fantástica y de caballerías. Respecto al escenario, nada cambia en La perla verde respecto al volumen que lo precedió, pero ahora necesitaremos fijar nuestra vista en rincones de la cartografía de las Elder apenas visitados anteriormente: las dos Ulflandias y Troicinet.

La perla verde continúa narrándonos la pugna entre los reinos de Troicinet y Lyonesse por la hegemonía entre los diversos estados del archipiélago de las Elder. Un enfrentamiento personalizado (y con mucho de personal) que mantienen sus respectivos monarcas: el joven Aillas, rey de Troicinet, y el ambicioso y versado en magia Casmir, soberano de Lyonesse. Tras ellos se alinean los poderes semidivinos, a escala de las Elder, de los grandes magos Murgen y Tamurello. Cualquiera de ellos, análogamente a los dioses, parece tener poder suficiente para resolver la pugna en favor de sus protegidos humanos; pero los equilibrios y acuerdos entre la reducida comunidad de los archimagos, casi como ocurría con los dioses que apoyaban a griegos y troyanos en La Ilíada, impiden una solución de la contienda con la participación de los poderes mágicos. Además, a ellos, los asuntos de los humanos les interesan de forma relativa... Parece que a su autor, Jack Vance, el mayor dilapidador de componentes argumentales y ambientales de la literatura fantástica, esta compleja trama le sabe a poco; de hecho, la utiliza como un hilo conductor sobre el que aposentar varias subhistorias más: la búsqueda del hijo de Aillas; la Campaña de Ulflandia; las relaciones de Melancthe y Shimrod, o las de Aillas y Tatzel; los avatares de la «perla verde»; Glyneth y Dhrun, y un largo catálogo de episodios y anécdotas que se entretejen con los hilos fundamentales de la narración

Si hubiera que relacionar la trilogía de Lyonesse con alguna de las muy variadas estirpes temáticas que componen la actual literatura fantástica, nos veríamos en un aprieto y no por falta, sino por exceso. Quizá lo mejor que al respecto puede decirse de Lyonesse es que «tiene que ver con todo y no se parece a nada». En sus tres volúmenes hay multiversos, avatares y cinismo como en Moorcock; humor y aventura como en Leiber; escenarios de mundo desaparecido a lo Howard; relatos feéricos como los recogidos por Yeats, o los que sirven de base a Machen y Burnett Swann; coexistencias de mundo humano y prehumano como en Pat O’Shea o en el Poul Anderson de La espada rota; cuentos de príncipes, princesas, niños, brujas y amores imposibles que parecen sacados de Madame D’Aulnoy, Andersen o los hermanos Grimm; tema artúrico como puedan haber escrito desde Mary Stewart hasta Marion Zimmer Bradley, e incluso guiños y bromas a lo Von Däniken (¡impagable ese extraño objeto que el mago Visbhume posee sin tener ni idea de cómo utilizar!, un arcano instrumento, sucesión de esferas móviles, que parece lo mismito que un sistema solar)... Y grimorios y libros de saber prohibido y extraños nombres, y objetos de poder, intrínsecamente malos, que casi eligen poseedor. Se podría seguir inventariando extensamente todo lo que arrastra Jack Vance desde los distintos veneros de la literatura fantástica de todos los tiempos hasta las playas de sus Islas Elder. Con todo, la trilogía de Lyonesse puede vanagloriarse de haber aportado algo muy especial a la fantasía de «altos vuelos», a esa que crea mundos enteros con elaboradas cartografías, dioses, razas, magias e imperios: el rescate de lo feérico. Tras el abrumador triunfo de Tolkien y su Tierra Media, todo el mapa literario de la literatura fantástica quedó trastornado. De hecho, su manera de hacer fantasía (la de Tolkien) casi se convirtió en «la» fantasía como género literario. Las demás formas de escribir literatura fantástica parecían secesiones, subdivisiones o experimentos novedosos, por muy anteriores que fueran sus raíces a la aparición de El Señor de los Anillos. Una de las cosas que el indudable talento de Tolkien «secuestró» fue el mundo feérico. Las hadas y sus variadas, diversas y muy multiformes estirpes fueron sublimadas hasta convertirse en los éticos, inmortales y terriblemente bellos elfos. Unos elfos que, no nos engañemos, son como la humanidad en grado de perfección, con intereses e impulsos comparables a los nuestros. En los años ochenta Jack Vance, en pleno apogeo de la narrativa «a lo Tolkien», recupera para este escenario de Alta Fantasía a las hadas y elfos (lo feérico) tal y como siempre han sido: caprichosos, amorales, sublimes o grotescos, terriblemente bellos o todo lo contrario, y siempre coexistiendo con nosotros y siendo claramente no-humanos. En Lyonesse la «fantasía» rescata, se reencuentra o se hibrida (no es fácil precisar el logro) con una de sus raíces más nobles y antiguas: lo feérico. Y quien ahora lea Lyonesse, se felicitará por ello.

Alfredo Lara


Ficha técnica:
Jack Vance, La perla verde (The Green Pearl, 1985, 2002)
Trilogía de Lyonesse/2
Gigamesh Ficción, núm. 24
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Carlos Gardini
Prólogo de Alfredo Lara
Ilustración de portada de Corominas
ISBN 978–84–932702–6–1
P.V.P. 17,95 €
400 págs.