JACK VANCE
MADOUC
Premio Mundial de Fantasía 1990, Tercer volumen de la trilogía de Lyonesse Ajena a las maquinaciones diplomáticas y las artes oscuras del rey Casmir de Lyonesse, la princesa Madouc, determinada a conocer el secreto de su linaje, se aventura en una intensa búsqueda personal... que de algún modo se relaciona con el misterio de Dhrun, hijo de Aillas de Troicinet, de quien se ha profetizado que se convertirá en soberano de todas las Islas Elder. Madouc supone un broche de oro para la trilogía de Lyonesse. Superando con creces las espectativas despertadas con las dos primeras novelas del ciclo, el personaje de Madouc alcanza una entidad arrolladora y logra elevar aún más el registro de una de las obras de referencia de la fantasía contemporánea.
La historia de uno de los personajes más maravillosos que ha dado la fantasía. Por la sangre de la princesa Madouc corre el deseo de aventuras, la esencia de un ser caprichoso, juguetón y lleno de vitalidad: sangre de hada. Los intentos de Casmir de Lyonesse por doblegar a la joven a su voluntad resultan tan infructuosos como lo fueran con la joven Suldrun años atrás, y el misterio que envuelve su origen sale finalmente a la luz. Deseosa de conocer los detalles de su linaje, Madouc acomete una búsqueda que la lleva a cruzar su destino con el del joven Dhrun, quien vivió su infancia en dominios feéricos y está siendo educado ahora por su padre, el rey Aillas de Troicinet. Y mientras, Tamurello y la misteriosa bruja Desmëi trazan sus planes contra Murgen, el mago cuyo poder impide que las Islas Elder se hundan bajo las aguas. Jack Vance mezcla una gran variedad de elementos procedentes de muy diversas tradiciones culturales en un todo que adquiere una entidad propia única e indefinible, completando el fresco de una de las cartografías fantásticas más ricas y sugerentes que ha dado el género en las últimas décadas. La trilogía de Lyonesse brilla con luz propia en un género que parece renunciar a la búsqueda de originalidad; supone un logro de madurez de un escritor que siempre ha mantenido un rumbo propio, ajeno a modas pasajeras. El colofón de una historia pletórica de giros inesperados y poder de evocación. EL AUTOR Jack Vance nació en 1920. Estudió ingeniería y física en la Universidad de California, y después se dedicó al periodismo. Publicó su primer relato mientras servía en la marina mercante durante la Segunda Guerra Mundial, y su primera novela en 1950. Es un escritor prolífico que ha cultivado tanto la ciencia ficción, como la fantasía y la novela policíaca. Entre los múltiples galardones que ha recibido se cuentan el Hugo, el Nebula, el World Fantasy (por la presente novela) y el título de Gran Maestro, otorgado por sus pares. Más información sobre el autor PRESENTACIÓN Si tuviera que escoger a un autor de entre todos los que pueblan el planeta de la ciencia ficción, me decantaría casi sin dudarlo por Jack Vance. De escritura ágil y efectiva, Vance se esfuerza en sumergir al lector de lleno en la historia que narra. En manos de Vance, la pluma se convierte mágicamente en un pincel con el que dibuja ante tu mirada personajes y países, creíbles en la medida en que tú mismo los estás viendo, en directo, como si estuvieras espiando desde un rincón. Es difícil no disfrutar de un libro cuando las sensaciones que te transmite son tan vívidas y reales. Identificas con nitidez a los personajes porque visten lo que tú ves que visten y comen lo que tú ves que comen, caminan por el valle por el que tú mismo podrías caminar o pertenecen a la sociedad a la que tú mismo podrías pertenecer, tan creíble a tus ojos como pueda ser la tuya propia. Si a este don de Vance unes una pericia con los diálogos que no conoce igual en el género, entenderás por qué es uno de los autores de ciencia ficción más reconocidos. No deja de ser curioso que nos refiramos a Vance como autor de ciencia ficción justamente en el último prólogo de esta trilogía de Lyonesse, probablemente su obra de fantasía más emblemática. Los coqueteos de Vance con la fantasía son bastantes frecuentes a lo largo de toda su carrera, pero al no ser abiertamente declarados, sus títulos han sido catalogados como ciencia ficción de forma habitual, y errónea en mi opinión. Sin embargo, Lyonesse no admite duda. Vance aprovecha las leyendas de Hy Brasill y del rey Arturo, enriquecidas con los mitos feéricos más floridos que encuentra, lo mezcla todo y crea un universo propio, marcado con su sello personal e inconfundible. Vance se desmarca así de los estándares de la fantasía actual, no sólo del canon de El Señor de los Anillos, sino de las líneas trazadas por Robert E. Howard, Michael Moorcook o Roger Zelazny. Pero ya va siendo hora de centrarse en el libro que ahora nos ocupa. Los lectores que hayan leído los dos primeros volúmenes de Lyonesse pueden pensar que la historia ya ha quedado en cierto modo cerrada. No les faltan razones para pensarlo. En Madouc, último volumen de la serie, Vance aparca momentáneamente a los principales personajes de la saga, como Aillas, Dhrun o Shimrod, para centrar la trama en un personaje hasta ahora injustamente relegado, la princesa Madouc de Lyonesse. La historia de Madouc, que recuerda a la de Suldrun en sus primeros trazos, se erige en una extraordinaria aventura que conduce inevitablemente a la conclusión de la trilogía. Su historia, en cierto modo, busca la redención póstuma de su madre «nominal», víctima de la política ambiciosa y despiadada del rey Casmir de Lyonesse, cuyo objetivo último es la reunificación de las Islas Elder bajo un trono único y una mesa que, a nadie se le escapa, es un claro precedente de la Mesa Redonda artúrica. A tenor de esta trama plagada de ambiciones desmedidas, épica y maravilla a raudales, el lector podría colegir que Vance pinta un retablo naíf de las intrigas palaciegas y las relaciones entre los muchos personajes que despliegan sus pasiones a lo largo de estas páginas. Las obras de Vance basan su encanto en el exquisito exotismo y la acción vibrante antes que en los imbricados laberintos de traiciones, mentiras y medias verdades en que destacan reconocidos «alumnos» suyos como George R.R. Martin. De entre los caracteres vancianos, Madouc, al igual que muchos otros de los héroes y heroínas del escritor de San Francisco, encarna esa mezcla seductora de ingenuidad y picardía, altruísmo y pasión a veces egoísta que alimentan el motor de la acción. La eficaz dicotomía entre héroe y villano, que hunde sus raíces tanto en los mitos de referencia como en la mejor novela de aventuras del siglo XIX, recorre el texto como una sacudida eléctrica que mantiene las manos literalmente enganchadas en las hojas abiertas. ¿Naíf? Posiblemente. ¿Adictivo? Sin duda. En resumen, Lyonesse es un cóctel inteligente y pícaro, casi sacrílego en algunos momentos, de fantasia clásica, leyendas míticas y, por supuesto, buena literatura. Esa podría muy bien ser una definición de esta novela, si ello fuera necesario. Otra podría ser, simplemente: «un buen libro que te dejará un agradable sabor de boca». Pau Carles
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