ARKADI Y BORÍS STRUGATSKI
CIUDAD MALDITA

La novela de madurez más
sugerente de los maestros de la
ciencia ficción rusa

Un vívido retrato del totalitarismo y la alienación del individuo en manos del poder

La ciudad se extiende en una franja limitada al este con un muro que cubre el horizonte y al oeste con un abismo insondable. Nadie sabe desde cuándo existe y sus habitantes, procedentes de distintas épocas y culturas, han resucitado en ella después de morir. Al sur se hallan los cultivos que la alimentan y al norte los yermos que, según cuentan, ocultan la anticiudad.

En un escenario misterioso y sobrecogedor que evoca tanto el Mundo del Río de Farmer como a Orwell y Dante, los hermanos Strugatski reflexionan sobre la aplicación de los experimentos sociales a la par que satirizan el propio sistema impuesto, que abarca desde la burocracia anquilosada a la paranoia más intervencionista y policial. Rica y cargada de simbolismo, Ciudad maldita no pudo ver la luz hasta la llegada de la perestroika.

«Un experimento social en el límite de lo imaginable hace a esta novela la más enigmática y completa de los Strugatski, los grandes maestros de la CF soviética.»
Justo E. Vasco


Un experimento social que parece llevarse a cabo en uno de los círculos del Infierno.

Andrei Voronin, en su vida anterior astrónomo del observatorio de San Petersburgo, resucita en la ciudad donde se desarrolla el Experimento, la finalidad del cual no conocen ni tan siquiera sus autoridades. Desempeña los diferentes oficios que le asignan al azar y, como el resto de ciudadanos procedentes de diferentes épocas y naciones, vive sumido en la más absoluta ignorancia sobre el pasado y el futuro de la extraña sociedad. El comportamiento de sus habitantes está supervisado por los Preceptores, personajes peculiares que no ocultan su misión, pero que tampoco parecen tener muchas respuestas. Y, para colmo, con cierta frecuencia desaparece alguien en el interior de un edificio que parece cambiar de ubicación a voluntad.

Los hermanos Strugatski elaboran en esta novela una sugerente alegoría sobre los modelos sociales y su puesta en práctica, habitualmente mediante la coerción, física y moral, que ejerce arbitrariamente el poder, ya sea totalitario o democrático. Ciudad maldita se revela como un libro evocador lleno de imágenes que simbolizan la lucha del hombre por sobrevivir en un entramado burocrático que amenaza aplastarlo y que lo conduce al cinismo, la amoralidad, la violencia o, tristemente, el olvido. Una de las novelas más destacadas de los maestros de la ciencia ficción rusa.

Una novela intensa y memorable en la que se rinde tributo a Dante, Orwell y Farmer.


LOS AUTORES

Arkadi Strugatski nació en Georgia en 1925, mientras que su hermano Borís Strugatski vio la luz en Leningrado en 1931. La práctica totalidad de su obra la escribieron a cuatro manos, aunando los amplios conocimientos lingüísticos y literarios de Arkadi, traductor de japonés e inglés, con la sólida formación científica de Borís, astrónomo. Su obra conjuga la rica tradición literaria rusa, un humanismo que se revela aun a través de las argucias usadas para sortear la censura soviética, y su amor por los autores clásicos de la novela de aventuras y de ciencia ficción. Arkadi falleció en 1991; Borís reside actualmente en San Petersburgo (Rusia).

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PRESENTACIÓN

El mundo de Ciudad maldita, al igual que aquél fabuloso descrito por Philip José Farmer en la serie Mundo Río, es un mundo sobrenatural al que son transportados los protagonistas tras su muerte para formar parte de un enigmático Experimento; en él, todos hablan una lengua común que cada uno identifica como propia. «El Experimento es el Experimento», el leitmotiv tautológico que se repite a lo largo de la novela, no es más que la plasmación del «socialismo real», un proyecto que sucumbe en el caos, la privación, la anulación de la voluntad, la tiranía policial y el cinismo de un vacío ideológico y moral; y, por tanto, en la carencia de auténtico arte.

El escenario está inspirado en la ciudad de un lóbrego cuadro de Nicholas Roerich (1874–1947) cuya topografía es completamente fantástica: una pequeña franja de tierra habitable, limitada al oeste por un abismo por el que los objetos que caen vuelven a aparecer pasado un tiempo; al este, un muro imposible de escalar en cuya base aparecen esporádicamente restos destrozados de hombres; al sur, extensas marismas cuyos habitantes ganan lo justo para su vida bañada en alcohol; y en el norte, páramos y ciudades en ruinas donde, más allá, se supone que se encuentra la Anticiudad (análoga al mítico antiedificio de Memorias encontradas en una bañera, de Stanislaw Lem). El sol se enciende y se apaga a voluntad. Además, existe un Edificio Rojo que aparece en diferentes lugares, que es descrito por diversos testigos pero que siempre se desvanece antes de que las autoridades puedan investigarlo; la gente que cruza su umbral desaparece.

Mientras que en la serie de Farmer toda la humanidad resucita a lo largo de las márgenes de un río inmenso y sus personajes son en su mayor parte personalidades célebres como el extravagante Hermann Göring, los Strugatski escogen personajes posteriores a la Segunda Guerra Mundial, básicamente extraídos del entorno del comunismo soviético y del nazismo; gente que, ya fuesen víctimas u opresores, verdugos o torturados, eran gente común. De hecho, vemos cómo su profesión varía periódicamente por decreto.

El personaje principal, procedente de la Unión Soviética, es Andrei Voronin, un astrónomo de Leningrado cuya biografía se asemeja en ciertos aspectos a la vida de Borís Strugatski; el principal personaje alemán es Fritz Geiger, un cabo de la Wehrmacht de Hitler, un arquetípico seguidor del sistema nazi. A lo largo de la novela ambos trabajan juntos, e incluso traban una amistad íntima, lo que sugiere que no hay tanta diferencia entre el estalinismo y el nazismo. Izya Katsman, uno de los personajes más atractivos del libro, es un intelectual judío provocador inmerso en un entorno claramente antisemita. Al contrario que los personajes principales, la mayoría de los ciudadanos no recuerdan sus vidas anteriores; son material en bruto para ser manipulados a voluntad por los poderes fácticos, controlados por enigmáticos mentores, los Preceptores, que se mueven con libertad entre la población.

Obviamente, cualquier visión que diese a entender alguna similitud entre comunismo y fascismo era considerada blasfema por los estamentos oficiales, y la obra no se pudo publicar durante la era soviética. Aunque la novela se empezó a escribir en 1967, en la época de Leyendas de la Troika, y se concluyó en 1972, no se publicó hasta 1988, en una versión serializada que aparareció en la revista Neva durante 1988 y 1989. De hecho, convencidos de su rechazo y de los problemas judiciales que acarrearía, no la remitieron a ninguna editorial hasta la consolidación de la perestroika y la glasnost. Es más, los Strugatski incluso mantuvieron en escrupuloso secreto su existencia, aunque entregaron dos copias a algunas personas de su confianza previendo su confiscación.

Uno de los títulos de trabajo de una versión más autobiográfica que la actual era Mi hermano y yo. Mientras Voronin comparte algunas características de Borís Strugatski, astrónomo, que resistió el sitio de Leningrado, Félix Sorokin, de Destinos truncados, lo hace a su vez de Arkadi Strugatski, el mayor de los hermanos; existen indicios que apuntan a que el manuscrito inédito que contiene la Carpeta Azul a la que se hace referencia en Destinos truncados era Ciudad maldita. En la versión definitiva fue sustituido por Los cisnes feos, probablemente porque Ciudad maldita creció demasiado y amenazaba con ahogar la historia en la que se enmarcaba.

La novela, en su versión definitiva, se estructura en seis partes, cada una de las cuales describe los estados de la conciencia del protagonista en su viaje espiritual, que asciende desde recogedor de basura en los suburbios de la ciudad a oficial de policía, periodista y juez, hasta llegar a alto funcionario de un régimen fascista tras la insurrección de Geiger, y que acaba enrolándose como comisario político en una expedición a la busca de la mítica Anticiudad.

Yvonee Howell, en su tesis doctoral Apocalyptic Realism: The Science Fiction of Arkady and Boris Strugatsky (1994) señala el parecido en la estructura de la novela con los círculos del Infierno de Dante; el Infierno, en la obra de Dante, está estructurado verticalmente; en la novela de los Strugatski, horizontalmente, y equiparado al entorno rural de la Unión Soviética. La vida en este más allá no está repleta de aventuras como en la novela de Farmer, sino que refleja una lucha constante contra las vicisitudes y las privaciones del sistema socialista, donde Voronin completa un círculo: muere otra vez y vuelve junto a Katsman al Leningrado bajo asedio.

La novela está escrita con un atento cuidado a los más ínfimos detalles, repleta de alusiones y citas de la literatura mundial, quizá desconocida para el lector occidental, pero sobre la que destaca una de ellas: «Los manuscritos no arden», extraído de El maestro y Margarita, de Bulgákov. Pero incluso sin un conocimiento exhaustivo, Ciudad maldita es una poderosa sátira social llena de humor y de fantasía, desde la invasión de los babuinos a la visión del Gran Estratega en el Edificio Rojo, quien no puede ser otro que Stalin, hasta la grotesca estatua ambulante. A pesar de las imágenes rebosantes de imaginación, los Strugatski se caracterizan por ser unos cronistas cuidadosos y realistas de la vida cotidiana soviética y rusa. El comunismo de marca soviética ha desaparecido, pero no así los problemas que de forma precisa y rica señalaron los Strugatski, pues son universales.

Franz Rottensteiner


Ficha técnica:
Arkadi y Borís Strugatski, Ciudad maldita (Grad obrechonni, 1988, 1989)
Gigamesh Ficción, núm. 26
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Justo E. Vasco
Prólogo de Franz Rottensteiner
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
ISBN 8978–84–932702–8–5
P.V.P. 19,95 €
368 págs.