RICHARD MORGAN
LEYES DE MERCADO

La forja de uno de los líderes que controlan el mundo

Una reelaboración a lo Michael Moore de los temas orwellianos con una estética entre Mad Max y La hoguera de las vanidades

Zektivs: las nuevas estrellas mediáticas cuyas proezas en la carretera se siguen sin aliento en todos los rincones del mundo. Son los modernos gladiadores de las multinacionales, hombres y mujeres dispuestos a jugarse la vida para defender un contrato en duelos sobre el asfalto.

Richard Morgan extrapola a partir de los vientos neoliberales que azotan la sociedad contemporánea y recrea un futuro próximo donde la globalización ha llegado a sus últimas consecuencias. Hipnótica e inapelable, Leyes de mercado se proclama en ambición y resultados la primera gran novela de ciencia ficción del nuevo milenio.

«Una lectura compulsiva para gente con estómago.
David Langford


Un recorrido esclarecedor por el futuro que nos deparan las «leyes de mercado».

Chris Faulkner es un joven y prometedor ejecutivo que se ha labrado la reputación trabajando en Mercados Emergentes y ha llamado la atención de los cazatalentos de Shorn Associates, que lo contratan en su división estrella: Inversión en Conflictos. Y en el nuevo puesto, las directrices son inequívocas: «En todo el mundo, hombres y mujeres siguen encontrando causas por las que matar y morir. ¿Quiénes somos nosotros para discutírselo? Decidir si es correcto o incorrecto no es nuestro cometido. En Inversión en Conflictos de Shorn Associates sólo nos hacemos dos preguntas: ¿Ganarán? Y en tal caso, ¿pagarán? No juzgamos; no moralizamos; no malgastamos. Nosotros calculamos, invertimos. Y prosperamos.

En un futuro no muy lejano, sólo los que son capaces de llegar al trabajo con sangre en las ruedas tienen opciones de formar parte de la nueva clase dirigente, y para los nuevos ejecutivos no hay límites: los vencedores redefinen las reglas a su paso. Leyes de mercado es una novela ágil y sin concesiones que se inscribe en la tradición más crítica del género. Richard Morgan presenta en ella a un personaje joven que está convencido de que sólo se puede atacar el sistema desde dentro, y se aferra con furia y desesperación a lo que queda de sus principios cuando se enfrenta a los mecanismos de perpetuación del poder.

Una novela que haría estremecer a los autores de Mercaderes del espacio y 1984.


EL AUTOR

Richard Morgan (1965) es el escritor británico más notorio que ha irrumpido en escena en los últimos años. Se caracteriza por la mezcla de la imaginería típica del género negro con la de la ciencia ficción, y por un sentido del humor irreverente. Se dio a conocer en el 2002 con Carbono alterado, novela que fue galardonada con el premio Philip K. Dick tras su publicación en los EE.UU. Leyes de mercado es su tercera novela, y con ella ganó el John W. Campbell Memorial del 2005, cimentado aún más su reputación de ser uno de los escritores más incisivos y destacados del momento.

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PRESENTACIÓN

Érase una vez...

Ya hemos escuchado muchas veces las críticas contra el capitalismo, contra la globalización, contra la sociedad de consumo… Sin embargo, Morgan nos reaviva de la manera más brutal y directa posible la realidad de esas palabras vacías por el uso.

Hace muchos años que la new wave golpeó la conciencia occidental. Sin embargo, las décadas de 1980 y 1990 fueron los años de la ciencia ficción descafeinada, de la defensa de cuestiones morales demasiado abstractas, de los finales felices o trágicamente hermosos... Fueron los años del ciberpunk, con su desidencia estudiada y vendida a la lujuria de las nuevas tecnologías. Sólo Ballard parecía saber que algo no funcionaba, que las estructuras sociales eran disfraces para esconderse de los impulsos primarios del ser humano.

¿Quién ha continuado en la actualidad las críticas destructivas de Crash, de Ballard; de Campo de concentración, de Disch; de Snow Crash, de Stephenson? Toda una tradición de la ciencia ficción nihilista, sangrante, ha perdido los bisturíes con que diseccionaba Occidente.

Hasta llegar Richard Morgan con este Leyes de mercado.

Desde el principio observamos su actitud ante el mundo caótico: frases cortas, contundentes —como disparos de una Némex—, que reflejan una manera cruda, lúcida, de entender nuestro mundo actual. Su estilo es directo, mezclado con momentos de lirismo que encrudecen aún más la prosa sádica del fetichismo, de las persecuciones de coches —hoy en día, verdadero símbolo universal de lo primario—, de las ejecuciones.

Sin embargo, hay algo original, una macabra ironía característica de la novela, en esa comprensión que vuelve cotidiano lo salvaje. Si Disch y Ballard creyeron ver unas pautas antropológicas profundas en la consciencia primigenia del ser humano, Morgan plantea la ética desde un enfoque diferente. En Morgan no encontramos personajes desconcertados ante el caos en el que viven: han aprendido que no hay sistemas correctos o incorrectos, que no existe sentido alguno, así que aceptan unos esquemas ya construidos y se autoanulan las salidas. Entran en un juego que no requiere más justificación que sus propias reglas.

Explica Michel Foucault que la humanidad desarrolló los sistemas éticos porque necesitaba algo externo que controlara el caos de su existencia; el sistema se ha vuelto más catártico que nunca ante la obviedad de este caos.

Como ya hizo en Carbono alterado, donde el cristianismo no encajaba en la nueva realidad, Morgan describe ahora cómo se sustentará el sistema mientras sea armónico, mientras construyamos la ética a su alrededor de forma que lo justifique y le permita sobrevivir. Por eso, sus «villanos» son demasiado coherentes para ser villanos. Por eso, el individuo del siglo XXI aún está demasiado confuso para sobrevivir al sistema.

En la época en que se desarrolla Leyes de mercado, los personajes ya han entendido que el sistema dicta la ética y no al contrario, lo que les permite ser felices. Ya no se aferran a una moral caduca, inconsistente, que niega las reglas de la mercadotecnia, los ascensos, los beneficios… Sólo aquellos que trabajan doce horas diarias porque su empleo es su vida, que viven en el sistema para que siga funcionando, pueden entender a los personajes de Morgan y no llamarlos psicópatas, sino clarividentes. Así entendemos el dictado axiomático del sistema: Cuanto más produzcas para tu empresa, más feliz serás.

Quien no lo entienda, que lea Leyes de mercado y disfrute —y disfrutarás, confiado lector— con ser un dios entre la plebe, con duelos a velocidades de vértigo en autopistas, con tiroteos, con poder para perpetuar guerras entre naciones, con libertad para disparar a bocajarro contra quien te moleste, con ese nihilismo del que prescindiremos mientras nuestra empresa nos salve.

La virtud de Leyes de mercado reside en que logra fascinarnos con el mundo enloquecido que muestra como una proyección —no una metáfora, sino una extensión— del nuestro. Eliminando nuestra ética personal, podremos disfrutarlo. Algunos lo podrán comparar con Mercaderes del espacio, de Kornbluth y Pohl, pero esta ha dejado de ser ciencia ficción y se ha vuelto costumbrista.

Una vez reconocido el caos, convertido lector, Morgan te recogerá en la primera página y no te permitirá dejar la sangre y la satisfacción hasta la última.

Y te demostrará qué feliz puedes ser disfrutando ese mundo empresarial que has aceptado defender.

Fernando Ángel Moreno


Ficha técnica:
Richard Morgan, Leyes de mercado (Market Forces, 2004)
Gigamesh Ficción, núm. 38
Colección dirigida por Alejo Cuervo
Traducción de Jesús Gómez
Prólogo de Fernando Ángel Moreno
Ilustración de portada de Juan Miguel Aguilera
ISBN 978–84–96208–36–0
P.V.P. 17,95 €
432 págs.